Newsweek // 05-05-10 // Goldman no está solo

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05-05-2010 /  Las controvertidas herramientas financieras que hoy están en el centro de la controversia en EE.UU. por ser las acusadas de haber causado la crisis financiera no empezaron con Goldman Sachs, ni terminaron allí.


Por Matthew Philips

 

 

"Soy Lloyd el domingo en  Nueva York”, empezó el correo de voz. Dos días después de que la Comisión de Valores y Bolsa de  EE. UU. (SEC) demandó a Goldman Sachs por cargos de fraude con títulos, el director ejecutivo Lloyd Blankfein dejó un mensaje a sus 30.000 empleados, recordándoles los valores centrales de la firma: “Trabajo de equipo, excelencia y servicio a nuestros clientes”. También trató de poner en contexto las acusaciones del Estado, las cuales asumen que Goldman no reveló hechos claves sobre un título que vendió en 2007 llamado Abacus. “Asumimos el riesgo en el acuerdo y perdimos dinero, al igual que los otros dos grandes inversionistas”, indicó Blankfein.

Goldman dice que perdió “más de US$ 100 millones” con Abacus, y podría perder más. La SEC afirma que Goldman, cuyo estatus cuasi mítico en Wall Street sufrió una serie de reveses, sabía un detalle crítico que los otros no: que el administrador de fondos de cobertura John Paulson había ayudado a seleccionar los activos “tóxicos” que sirvieron como colateral para Abacus. Paulson siempre planeó apostar en contra de la entidad riesgosa, y su fondo obtuvo US$ 1.000 millones cuando Abacus estalló, a un año de su creación. Otros dos inversionistas, el banco alemán IKB y el banco holandés ABN AMRO perdieron en conjunto más de US$ 1.000 millones. En otras palabras, a cambio de una cuota, Goldman supuestamente creó un producto usando materiales de baja calidad para que uno de sus clientes apostara a su colapso, y luego lo vendió a otros clientes.
Goldman dice que todos los inversionistas sabían lo que había en Abacus. Juró “defenderse vigorosamente” contra las acusaciones de la SEC y contrató a Gregory Craig, ex abogado de la Casa Blanca. Así, podría llevar muchos meses el que nos enteremos de quién está en lo correcto, o si el banco infringió la ley. No obstante, lo que sí sabemos es que mientras el mercado de viviendas llegó a su máximo nivel en 2006 y 2007, varios bancos grandes, incluidos Merrill Lynch y UBS, hicieron tratos muy similares al de Abacus. Los cargos en contra de Goldman dan una ventana a la naturaleza de estos instrumentos financieros misteriosos, que fueron integrales en la catástrofe de Wall Street.

Abacus es lo que se conoce como una obligación de deuda colateral (CDO es su sigla en inglés) sintética. Una CDO es una herramienta financiera que reagrupa préstamos individuales en un producto que se puede recortar en pedazos y vender en el mercado secundario. Son “colaterales” en tanto que son apoyados por préstamos, bonos u otros activos reales. Cuando las tasas de interés se desplomaron después de los atentados del 11/09/2001, los inversionistas alrededor del mundo estaban ansiosos por el flujo de dinero que generaban los millones de hipotecas estadounidenses nuevas. Pronto, no hubo bonos hipotecarios suficientes para satisfacer la demanda, así que los banqueros tuvieron la idea de la CDO sintética, básicamente un paquete de coberturas de riesgos crediticios (o contratos de aseguramiento) que imitan o aluden a los resultados de bonos reales. Para 2005, el mercado de las CDO en EE. UU. llegó a US$ 200.000 millones, el doble de su nivel en 2004. Para entonces, los precios de las viviendas se habían disparado y la Reserva Federal aumentó las tasas de interés. Algunos inversionistas creyeron que el mercado estaba sobrecalentándose y que el volumen de las CDO caería.

Más bien, casi se duplicó en 2006, a US$ 386.000 millones en EE. UU., y más de US$ 520.000 millones en el mundo, a medida que los bancos se hicieron más creativos en la forma en que comercializaban los instrumentos. Algunos permitieron que clientes favorecidos, a menudo fondos de cobertura, los ayudasen a elegir activos de riesgo, y luego apostaron en contra de todo esto.
Magnetar Capital, un fondo de cobertura con oficinas en Chicago, supuestamente estuvo entre los primeros en emplear esta estrategia. Nombrado así por una suerte de estrella de neutrones que aplasta cualquier cosa que se le acerque, el fondo fue lanzado en la primavera boreal de 2005. Magnetar aceptó comprar la parte más riesgosa de una CDO, lo cual ayudó a las firmas de Wall Street a atraer a otros inversionistas. Luego, según una investigación hecha por periodistas de ProPublica, Magnetar presionó a las firmas de Wall Street para que incluyesen bonos chatarra en las CDO (Magnetar negó esto) para que pudiese apostar en contra de ellos. Cuando las CDO quedaron impagas, Magnetar perdió la cantidad que había invertido pero obtuvo mucho más en sus apuestas chicas. La estrategia fue conocida en la industria como el “Intercambio de Magnetar”. De 2006 a 2007, Magnetar patrocinó 30 CDO, sintéticas en su mayor parte, con un valor superior a US$ 40.000 millones. Para fines de 2008, el 95 por ciento estaba impago, según ProPublica.

Uno de los acuerdos patrocinados por Magnetar fue llamado Norma, una CDO de US$ 1.500 millones, en su mayoría sintética, que Merrill Lynch montó en marzo de 2007. La CDO estalló a un año de su creación, y ahora está sujeta a una demanda presentada en contra de Merrill Lynch por Rabobank, una firma holandesa que perdió US$ 45 millones con Norma. La demanda alega que Merrill Lynch hizo algo muy similar a lo que Goldman ejecutó con Abacus: creó una CDO diseñada a instancias de un fondo de cobertura que quería apostar en su contra, pero no lo reveló a los inversionistas. Rabobank dice que Norma fue “un ardid de Merrill Lynch para maximizar sus propios ingresos y disfrazar sus pérdidas durante el último aliento del auge de las hipotecas de riesgo”. Merrill Lynch dice que le dio a Rabobank “toda la información que fue requerida”.

Otra demanda, presentada por Pursuit Partners, un fondo de cobertura de Connecticut, contra UBS, hace acusaciones ligeramente diferentes concernientes a un acuerdo similar. Pursuit invirtió US$ 35 millones en múltiples CDO sintéticas, las cuales UBS vendió de junio a octubre de 2007, días antes de que la agencia Moody’s anunciara un cambio en la manera en que calificaba las CDO sintéticas. Este cambio llevó a una baja de categoría en todo el tablero. El fondo de cobertura alega que UBS se enteró del cambio futuro en una reunión secreta con Moody’s, pero omitió revelarlo. La demanda incluye e-mails internos en los que empleados de UBS se refieren a sus CDO como “vómito”, y presumen que le “vendieron más basura a Pursuit”. En septiembre de 2009, un juez de Connecticut falló a favor de Pursuit, declarando que el acuerdo era similar a UBS dando un arma a los demandantes y diciéndoles que no estaba cargada, “cuando de hecho UBS sabía que el arma no sólo estaba cargada, sino  que estaba a punto de dispararse”. UBS apeló la decisión ante la Suprema Corte Estadual de Connecticut, y dice que Pursuit era un inversionista sofisticado que sabía que estaba comprando activos problemáticos con grandes descuentos.

Los bancos y los fondos de cobertura no fueron los únicos que invirtieron en estas CDO. El condado King, en Washington, y la Iowa Student Loan Liquidity demandaron a IKB, que también perdió dinero en el acuerdo de Abacus, por una inversión que ensambló en junio de 2007, llamada Rhinebridge. En lo que la demanda alega que fue “el fondo de categoría Triple A de más corta vida en la historia de las finanzas corporativas”, Rhinebridge fue degradada al estatus de chatarra después de cuatro meses.

Las consecuencias de estos acuerdos repercutieron en el mundo. Se estima que 50 millones de personas fueron afectados por el acuerdo Goldman-Abacus, incluidos propietarios de casas cuyas hipotecas eran parte de la CDO, así como inversionistas y accionistas de los bancos extranjeros, según Minyanville.com. Después de que el acuerdo de Abacus cayera, ABN AMRO fue comprado por un consorcio encabezado por el Banco Real de Escocia, que a su vez absorbió el Estado británico.

Pero ¿estos acuerdos representan un fraude o sólo la naturaleza fría de los mercados? Todas las partes que afirman la existencia de juego sucio son jugadores sofisticados. Y aunque los bancos no revelaron en todos los casos el papel de los vendedores al estructurar sus productos, los inversionistas estaban conscientes de lo que había en cada cartera. “¿Culpás al drogadicto o al traficante?”, preguntó Rohan Douglas, quien dirigió las divisiones de coberturas globales de riesgo de Salomon Brothers y Citigroup en los ‘90. En otras palabras, lo que hacía Wall Street era como vender una sustancia tóxica a un consumidor adicto. En general, las leyes imponen sentencias más duras a quienes trafican drogas que a quienes las compran.     
 


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