Buenos Aires Económico // 25-08-09 // Nunca más al régimen de la convertibilidad

Publicado en por Opiniones Creadas

En estos últimos días ha fatigado los medios periodísticos un ex ministro de Economía reivindicando la supuesta pócima mágica con que pretendió solucionar los problemas económicos argentinos: la convertibilidad.
Es cierto que los argentinos tenemos poca memoria, pero suponer que ya hemos olvidado el nefasto final de la convertibilidad con el corralito y los aciagos eventos de diciembre de 2001 parece una exageración.
Es igualmente cierto que el ex ministro no recurrió a nada parecido a la manipulación de las estadísticas económicas a que hemos asistido en estos dos últimos años. Pero los desmanejos realizados en el INDEC no pueden ser utilizados como un salvoconducto para que el ex ministro reivindique un régimen que resultó nefasto para la economía argentina.
Junto a Guillermo Escudé escribimos un trabajo titulado “Vida, pasión y muerte de la convertibilidad en la Argentina” –accesible por Internet–, en el cual explicamos las razones de su catastrófico final en 2001.
Señalamos allí que dicho régimen requiere para su funcionamiento que los precios sean flexibles –tanto hacia arriba como hacia abajo– y que el nivel del producto se determine por obra de los factores que inciden en la economía real sin intervención de los factores monetarios. El hecho de que estos supuestos no se verifiquen en la realidad hizo que los mecanismos de ajuste en la Argentina de la convertibilidad fueran otros, particularmente el volumen de ocupación.
Es así como la tasa de desempleo, que al implantarse la convertibilidad era del 6,5%, alcanzó un máximo del 17,5% en 1995 y del 17,4% en 2001, último año de vigencia de la misma.
La abrasiva competencia de las importaciones erosionó la rentabilidad de las actividades industriales en sectores que compiten con las importaciones y que no pudieron reaccionar a tiempo para elevar su productividad. Los cierres de fábricas fueron su consecuencia, con los despidos consiguientes.
Mientras tanto, los sectores productores de bienes y servicios no transables seguían naturalmente protegidos, por lo cual una parte significativa de las inversiones se canalizó hacia esos sectores, en particular, los importantes servicios privatizados (como la telefonía, el agua, la electricidad, etc.) pero también empresas mucho más pequeñas. Una parte de esa inversión se financió mediante el endeudamiento con el sistema financiero, en gran medida, en dólares, ya que los bancos tendían a otorgar préstamos en dólares con los depósitos que recibían en esa moneda.
Es decir, se otorgaban préstamos en dólares a sectores cuyos ingresos eran en moneda nacional. La falta en la regulación prudencial por parte del Banco Central se basaba esencialmente en la creencia de que la noción de riesgo cambiario era incompatible con el régimen de convertibilidad (que iba a  ser eterno).
El creciente deterioro del tipo de cambio real determinó un crecimiento de las importaciones muy superior al de las exportaciones, generando un creciente déficit de la cuenta corriente del balance de pagos, financiado por cada vez mayores ingresos de capitales.

PRIVATIZACIONES. Ya en 1994 volvió a generarse un déficit de las cuentas públicas de la mano de la privatización del sistema de seguridad social, que transfirió buena parte de los ingresos previsionales al sector privado (las AFJP) mientras mantuvo los gastos jubilatorios en el sector público. Ello demandó un creciente endeudamiento por parte del sector público.
Paradójicamente, la fortaleza aparente que a corto plazo ofrecía el régimen de convertibilidad se transformó en su talón de Aquiles al tentar al gobierno a usar y abusar de la reapertura del crédito externo hacia la Argentina. La crisis de la deuda fue el resultado natural e inevitable cuando el mercado externo de capitales, al comprobar el empecinado estancamiento de la economía argentina, se negó a seguir refinanciando los crecientes vencimientos de capital e intereses, aun en presencia de ofertas a tasas de interés realmente tentadoras.
El default de la deuda pública, el colapso bancario y la megadevaluación fueron la lógica e inevitable culminación de la instauración de un régimen cambiario defectuoso como institución fundamental del país junto con políticas fiscales y de regulación del sistema bancario que, lejos de atenuar sus defectos, los exacerbaban.
Dicho esto sobre la reciente experiencia argentina, cabe señalar que tampoco tiene asidero el argumento del ex ministro en el sentido que su engendro ha sido adoptado por la Unión Europea. Lo que han hecho los países europeos ha sido abolir sus monedas nacionales y reemplazarlas por el euro. El euro no es convertible en pesetas, francos o marcos alemanes. A su vez, flota contra el resto de las monedas del mundo. ¿Dónde está la convertibilidad entonces?

Víctor A. Beker
Economista. Profesor de la UB y de la UBA


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