Veintitres // 17-07-09 // Negocio peligroso
15-07-2009 / Mensajes contradictorios en plena pandemia. Los avisos de antigripales, jarabes para la tos y remedios para el resfrío hicieron trepar las ventas un 40%. Promueven la automedicación. La necesidad de una regulación.
Por Graciela Moreno
Mientras desde el Estado las campañas preventivas por la influenza A advierten a la población que no hay que automedicarse y ni siquiera tomar una aspirina, los avisos de antigripales, jarabes para la tos y todas las variedades de aspirina disponibles en el mercado siguen más vigentes que nunca. Poco importa que ante el menor síntoma gripal las autoridades sanitarias aconsejen acudir a un médico en forma urgente y si es necesario, autoaislarse. Aunque las cifras oficiales de muertos por el virus A(H1N1) superan el centenar, los laboratorios de productos de venta libre de este sector no hicieron ni la más mínima modificación a sus campañas. El negocio en juego es importante, la facturación ronda los 715 millones de pesos anuales, según estimaciones de la Confederación Farmacéutica Argentina. En un contexto que se agrava cada vez más, la autoregulación debería ayudar para no dar mensajes contradictorios. Los primeros números indican que las ventas de estos medicamentos que hacen furor en el invierno han subido ya un 40 por ciento, comparado con el año anterior.
El debate está abierto. Desde la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad (AAAP), su gerente general Jorge Castrillón es claro: “Coincidamos con que algunas campañas no están en línea con lo que está pidiendo el Gobierno: no automedicarse. Al menor síntoma, se debe ir al médico y hacerse el análisis. Pero la industria es la industria, no son las agencias de publicidad. Las agencias cumplen mandatos a cuenta y orden de. ¿Cómo decís que no? El que tiene que autoproclamarse es el anunciante. Todo debería venderse bajo receta, hasta las aspirinas. Pero cada uno busca su mayor rentabilidad. Los únicos que están trabajando son las farmacias y laboratorios”, explica Castrillón, un conocedor del negocio.
Desde la Cámara Argentina de Anunciantes (CAA), su director Philip Pérez tiene otra visión: “Todos los antigripales y productos para la gripe nunca curaron, sólo alivian los síntomas. Hoy no todo el mundo tiene gripe A, es un porcentaje bajo. La actitud responsable de cualquier ciudadano es escuchar el mensaje oficial por la pandemia. Una vez descartada, elige una marca de medicamento versus otra. Ningún anunciante pretende curar la gripe A, la intensidad es muy inferior. No vemos estos mensajes publicitarios como un peligro, incluso hay menos publicidad que otros años”, advierte. Sin embargo el poder de influencia e insistencia de los avisos que proponen aliviar algunos síntomas puede ser clave. Un persona expuesta a los cinco canales de televisión abierta durante una semana escuchó 56 veces la frase: “Ante X síntoma, tomá un medicamento”, según un estudio sobre televisión y salud, realizado por el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer), coordinado por Ana Gambaccini en el 2006. El poder de la industria es innegable.
Desde las entrañas del Laboratorio Gezzi, que comercializa los publicitados Pulmosan e Inmunogrip, su presidente Jorge Gezzi da su versión: “En todos nuestros avisos sugerimos consultar al médico. Es como si yo hiciera una publicidad para vinos y alguien se toma cinco litros, no es mi culpa. Más no se puede decir, el segundo vale miles de pesos, la gente debe comprarlo en farmacias y que se lo venda el farmacéutico. Otro problema es que la Administración Nacional de Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) hasta el 2005 aprobaba cada aviso previamente a que salga al aire, ahora lo hace después. Antes era más sano. Es cierto que no hay medicamento inocuo. Es probable que frente a la gripe A, deberíamos hacer alguna aclaración más”, dice Gezzi.
Campañas publicitarias que proponen bajar los síntomas y no parar con el ritmo de vida habitual, pueden resultar más que peligrosas en estos días de pandemia. Parecieran más contramensajes, cuando las autoridades sanitarias proponen visitar al médico y autoaislarse para evitar contagios. Pero no es fácil que los principales actores de este sector se pongan de acuerdo. Raúl Matán, además de ser miembro de la Sociedad Argentina de Marketing Farmacéutico y de la AAAP, es dueño de la agencia que idea los avisos de Mucosolván, un medicamento para la tos. “Los que deberían tomar precauciones son los avisos de productos para la gripe o los antitusígenos. Hoy a los laboratorios no se les pide que informen al paciente de efectos y consecuencias de cada producto. Una publicidad puede incitar al consumo, creo que depende de cada uno. Todo lo que sea de salud o alimentos es la publicidad más controlada que existe. No hay otro rubro tan controlado. Si se requiere una aclaración en este contexto debería pedirlo la ANMAT y en forma pareja a todos. Pero hoy ningún medicamento de venta libre enmascara un síntoma”, sostiene.
Mientras tanto, se escuchan otras voces. “Hay que levantar las publicidades de antigripales: son riesgosas porque apelan a la automedicación. La industria farmacéutica no piensa en los procesos complejos de una enfermedad, sino en una lógica de venta”, señaló al diario Página 12 Gonzalo Moyano, médico epidemiólogo, investigador, docente y coordinador adjunto para el Cono Sur de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames).
En el Consejo de Autorregulación Publicitaria, que comanda Miguel Daschutta, aclaran que “nosotros actuamos siempre por una denuncia, dado que precisamente la pretensión de autorregularse es evitar una regulación externa. Con lo cual, no hemos tenido hasta ahora ninguna denuncia al respecto. Por lo tanto, no estamos analizando el tema”. Desde la ANMAT, María Elena Laferriere, a cargo de la comisión de control y fiscalización de publicidades, explica que también es preocupante el uso masivo del antiviral Tamiflu. “Sería necesario pensar en que todas las publicidades alerten que ante cualquier síntoma hay que ir al médico. Veremos si hay alguna manera de implementar alguna aclaración en forma urgente”, señala.
Incitar a la automedicación puede poner en riesgo la salud de cualquier persona que demore la visita a un médico, incluso permite propagar el virus. La responsabilidad empresaria debería verse reflejada en una autorregulación del sector.
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