Veintitres // 17-07-09 // Sociedad en quiebra

Publicado en por Opiniones Creadas

El ex gobernador fue clave para la creación de Unión-Pro. Pero ahora el Colorado busca sacarlo del medio. Los planes K y el rol de los barones del conurbano en la contienda.
 
Por Luz Laici

Existe una disputa silenciosa en la provincia de Buenos Aires. Comenzó en la madrugada del 29 de junio y aún se batalla. Los que conocen al dedillo el territorio bonaerense la admiten en voz baja. Las banderas ya no llevan la K altanera pero tampoco flamean a la vista: en definitiva, el aparato del conurbano todavía necesita de los fondos del gobierno de Cristina. Mientras tanto, la marcha avanza, disfrazada de diálogo, y con otros nombres peronistas. De un lado, Eduardo Duhalde –que regresó al país después de las elecciones, de las que no participó con la excusa de cumplir con una serie de charlas en Europa– y el séquito de propios y reconvertidos que se resignan a perder las conquistas del Cabezón o, más bien, que pretenden recuperarlas tras la derrota oficialista. Del otro, Francisco de Narváez y sus muchachos de Unión-Pro, envalentonados por el magro 32 por ciento obtenido en las elecciones y dispuestos a enarbolar la idea de una justicia social que no figura en su esquema marketinero, aquel que hace de la riqueza millonaria la fórmula del éxito destinado sólo a unos privilegiados. Pocos vaticinan el resultado de la contienda; muchos, en cambio, aseguran que ya se trata de una puja feroz.

La guerra pública, en cambio, la dirimen Néstor Kirchner y los barones del conurbano, no exentos, claro está, del combate principal pero obligados a responder públicamente a un pase de facturas poselectoral, con todos los ribetes de una caza de brujas. Pero el cabaret pejotista lleva tiempo en escena y mucho espíritu de continuar. Sólo que, en este capítulo, en el run run se juega el mando y todos –desde intendentes hasta gobernadores, de dirigentes de primera a punteros de distintos estratos– apuestan a quedarse con una porción de la torta peronista que los coloque en la carrera por lo que se viene, sin importar demasiado lo que queda atrás. Como aprendices de gato, el destino es caer bien parados; con una fecha límite, el 2011, al final de la recta.

El intendente de José C. Paz, Mario Ishii, fue el encargado de lanzar la cruzada: “Voy a visitar a cada uno de los jefes comunales que traicionaron al ex presidente Kirchner. Un año y medio atrás hacían cola para pedir su boleta pero después buscaron la conveniencia de las intendencias sin preocuparles la conducción del partido”. En una visita sorpresa a la provincia de Chubut, tierra de Mario Das Neves –de los primeros dirigentes en volcarse a la carrera por el 2011–, el propio Néstor, ya alejado de la presidencia del Partido Justicialista, aseguró: “Fui víctima de la vieja política”. Los caudillos provinciales –que no traccionaron los votos esperados por el kirchnerismo y hasta fueron sindicados de traidores por haber cosechado, en algunos distritos, un porcentaje mayor a nivel local que el conquistado por la lista nacional– se sintieron aludidos. “Kirchner no tiene que victimizarse”, coincidieron ante José “Pepe” Scioli, que oficia de interlocutor entre los jefes comunales y su hermano Daniel, gobernador kirchnerista y presidente pejotista, dos atributos que parecen ir soltándose las manos. “Pero no por el hecho de que Duhalde haya regresado al ruedo”, desafía un dirigente piquetero aliado al kirchnerismo. “El duhaldismo ya fue. Nosotros tenemos que entender que cometimos dos errores. Uno de modelo, por no contemplar la necesidad de mayor inclusión social. El otro, de construcción política: fuimos incapaces de darles mayor protagonismo a los más humildes. Entonces llegó un hombre, que les pagaba a sus militantes para que repartieran sus panfletos, y la gente, cansada, votó en contra de los K. Eso tampoco es mérito de De Narváez, pudo haber sido él o cualquier otro. Mucho menos, entonces, de la venia del Cabezón.”

Otros dirigentes, en cambio, aseguran que el ex presidente todavía mueve los hilos en la provincia. Un atributo fundamental de cara al rearmado partidario y a las futuras elecciones, para las que Scioli sigue siendo una de las apuestas preferidas del duhaldismo. “Por eso no lo castigaron por haberse jugado por K”, comenta un hombre cercano al presidente honorífico del Movimiento Productivo Argentino. “Y si a esa lógica le sumás a Felipe Solá como candidato en la provincia, De Narváez, que se cortó solo, queda fuera de carrera.”

Las primeras chispas entre el Colorado y el Cabezón surgieron mucho antes del 28-J, cuando en la antesala del cierre de listas el primero corrió a Solá, inclinado al PJ disidente, al segundo lugar y negó espacios para las colectoras propuestas por el ex presidente, repletas de dirigentes leales –como Alfredo Atanasof, que terminó noveno; o Eduardo Amadeo que, aunque completó la docena, hoy tiene “toda la energía puesta en mantener la unidad y afianzar la alianza”–, punteros y militantes de base, menos conocidos. “Entonces Duhalde no le atendió más el teléfono, le quitó apoyo de base y lo dejó solo”, asegura el incondicional Daniel “Chicho” Basile. En aquella oportunidad, el candidato de Unión-Pro admitió la arbitrariedad en el armado electoral: “Decidimos que no participaran muchas personas o apellidos tradicionales de la política vinculadas al duhaldismo –aseguró–. En las nóminas preferimos incluir a los dirigentes con mayor vocación de participación, apostamos a ellos”. Para Basile, “De Narváez pudo usar al peronismo para ganar la elección. Pero hoy en día casi todos los intendentes lo llaman a Duhalde para dialogar. Eso significa que si el Colorado quiere competir en la provincia, dentro de un esquema peronista, tendrá que participar de las internas porque él no tiene peso propio”.

El diputado electo, en cambio, tiene otras pretensiones. “Quiere quedarse con el aparato pero sin Duhalde”, aseguran los más desconfiados. La lógica está movida por su ambición política: el empresario tiene en la mira la gobernación de la provincia. Y algunos, auguran, la presidencia. La idea no suena tan descabellada si se tiene en cuenta que en los últimos días algunos osados colaboradores de Unión-Pro deslizaron la posibilidad de modificar la Constitución nacional para que el colombiano aspire al sillón de Rivadavia. Aunque De Narváez lo niega –y hasta coquetea con el eslogan “Mauricio Macri, presidente”–, su argumento apuntaría a los tratados internacionales incorporados a la Carta Magna, donde los derechos civiles de los residentes se equiparan con los propios de los argentinos de origen. Una opción que, de quedar trunca, colocaría a la provincia de Buenos Aires como el premio consuelo del dueño de América TV. Y que le allanaría el camino hacia la Casa Rosada a su socio porteño, el ingeniero Macri, un candidato que el propio Duhalde baraja como potable pero genera reticencias entre los peronistas tradicionales que ven en el ex presidente de Boca Juniors a un outsider partidario.

Cualquiera sea la opción, no encontrará a Duhalde desprevenido. Para el corto plazo, pretende aplicar la misma estrategia que puso en práctica con Kirchner: dejarlo hacer. “Hoy por hoy, De Narváez es el único presentable que garantiza la posibilidad de mantener a raya a los K”, reflexiona un empresario cercano al ex mandatario. Y agrega: “Una libertad que le dará sin dejar de mostrarle los dientes. Su intención es convencer al Colorado de la necesidad de que se encargue de liderar el movimiento peronista sólo desde el ámbito parlamentario”.

Si el colombiano aspira a más, le espera munición pesada. Una estampida que cambiará según la cancha elija para el combate:

- Si es candidato en la provincia de Buenos Aires, el ex mandatario lo vaciará de apoyo. En esa dirección prospera el diálogo con los intendentes y con el propio Scioli, que podría entregarles la Comisión de Acción Política del PJ, en pos de un acuerdo futuro.

- Si pretende convertirse en presidente de los argentinos, el Cabezón se correría del camino. “La interna peronista se lo come solo”, repite Duhalde entre los íntimos, seguro de no tener que mover un dedo para sacar al empresario de la arena política.


Más allá de las especulaciones a futuro, una cosa es cierta: atrás quedaron los días de padrinazgo y entendimiento. “Duhalde trabajó en lo que fue la unión de De Narváez, Solá y Macri y luego dejó que ellos fueran los protagonistas”, explica diplomático Carlos Brown, presidente del Movimiento Productivo Argentino. “Hoy está preocupado por la reorganización del PJ, aunque no es su prioridad. Como tampoco el 2011. Él es un hombre de consulta, un hombre del proceso de organización partidario, que insiste en la búsqueda de consensos y el diálogo. Lo restante se verá con el tiempo.” Un análisis que desnuda con cierta ingenuidad una legisladora electa del riñón macrista: “Duhalde está reenojado con el Colorado. Dice que si no acuerda con él, se lo va a comer. Y si acuerda, también”.

Mientras tanto, los protagonistas del embate prefieren el silencio. En política, se sabe, las sociedades no duran demasiado. Tampoco los quiebres.

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