Pagina/12 // 05-04-09 // Entre el homenaje y la campaña
El adiós a un protagonista y los usos políticos ulteriores.
El adiós al presidente Raúl Alfonsín fue multitudinario y respetuoso, en buena hora. No fue el primero ni el único veredicto popular sobre su gobierno y su acción política y llegó cuando estaba extrañado del poder, un dato relevante subestimado en los análisis ulteriores. Como fuera, en el momento adecuado se ensalzaron sus virtudes y se valoró (desde variadas tiendas políticas) a un dirigente de primer nivel, grande en aciertos y errores, que generó enormes ilusiones y decepciones. Más allá de lógicos deslizamientos, que ya se glosarán, primaron el decoro y un innegable tono afectivo, que se extrañan en las contiendas cotidianas. Ese verdor se marchitará, la intolerancia es la media de las contiendas diarias, seguirá siéndolo.
Ningún protagonista es dueño de su legado, que pasa por distintas manos y versiones. Los usos de Alfonsín fueron surtidos, su mensaje se retradujo velozmente, tratando de llevar agua a distintos molinos, Nada hay de enojoso en esto, los políticos no pasan del obrar al Panteón, perviven en las luchas que encarnaron.
Se habló y hablará mucho de las lecciones que dio el líder radical. En general la enseñanza se destinó a los demás, en especial al kirchnerismo. No se escucharon voces que recapacitaran sobre su propia intolerancia o desmesura. La profusión de alabanzas al “diálogo” o a los “consensos” no arrojó ninguna detección de vigas en el ojo propio.
Ni siquiera los capos de la Sociedad Rural formularon un mea culpa acerca de cómo lo abuchearon e insultaron en 1988, escena accesible en YouTube. Tampoco registraron que Alfonsín les recriminó su complicidad con la dictadura. Hubo presidentes de diferentes partidos que les reprocharon ese doblez, la lección no fue internalizada.
El prisma del tiempo refracta otros datos, 13 paros obreros en seis años (o en poco más de cuatro para ser precisos) de inflación desatada, malaria y aumento del desempleo son pintados como el colmo de la intransigencia y la obstrucción. En tanto, siete boicots patronales a la producción con cortes de ruta en un mero año, mucho más agresivos con los derechos de terceros, se embellecen como un paradigma de la resistencia a la opresión. La política es siempre un área en disputa, la interpretación de los legados, también.