Newsweek // 18-03-09 // El miedo, al Politico..........

Publicado en por Opiniones Creadas

Susana Giménez vomitó sus ideas. Derechos humanos sólo para inocentes. Mano dura para los criminales. Y servicio militar obligatorio para recuperar a los 180.000 jóvenes adictos al “paco”. Sus mandamientos fueron venerados por un sector de la sociedad. Desde el filósofo y asesor de PRO Alejandro Rozitchner hasta una cadena de celebrities (Tinelli, Coppola, Casán, Sandro, Spinetta) acompañaron a Giménez en el sentimiento. Incluso originó el primer debate público entre la alianza del peronismo disidente
La polémica recorrió todos los medios. Otras personalidades la criticaron con firmeza. Para la revista Veintitrés, los exabruptos de Giménez reflejaron  el “inconsciente fascista argentino”. Cuando el debate parecía agotado, Susana fue por más y el martes 17 pidió la restauración del servicio militar obligatorio, abolido hace quince años tras el asesinato del conscripto Omar Carrasco en Zapala.
l mismo día, el ex Presidente Néstor Kirchner denunció en La Plata “acciones psicológicas” y advirtió que no harían un “falso lucro (sic) con los temas que preocupan a los argentinos”.
De esto no hay dudas. El temor por la inseguridad domina la psiquis nacional desde hace décadas.

Medio siglo de investigación ha demostrado que el miedo es una de las emociones con mayor fuerza política al alcance de cualquier candidato, sobre todo cuando se fundamenta en una realidad: y la inseguridad o la economía, qué duda cabe, son problemas concretos. Los candidatos que explotan los temores y las angustias de los votantes capturan su atención como nada más puede hacerlo, incluyendo aspectos como experiencia, competencia, visión o incluso la ira.

“Los sentimientos que realmente mueven a los votantes son el odio, la esperanza, el temor o la angustia”, señala Drew Westen, psicólogo político de la Universidad de Emory y autor del libro “El cerebro político”. “La manipulación hábil del temor es insuperable para desviar el entusiasmo hacia un candidato y hacer que los votantes vuelvan la espalda a otro”, agrega.

El calificativo “hábil” es crucial para entender el uso del temor en la política. Nuevos estudios revelan que el miedo es más eficaz cuando sale con sutileza que cuando se lo suelta de golpe. Encuestas del electorado, experimentos de laboratorio que simulan votaciones y estudios con imágenes que identifican las regiones cerebrales que se activan cuando la gente sopesa decisiones políticas han dado a una nueva generación de psicólogos políticos y estrategas de campaña los elementos para redefinir el poder del temor y enfrentarlo contra la banalidad política de que sólo aquel candidato que refleja mejor la esperanza tiende a ser el ganador.

Aún a riesgo de perder lectores, resulta interesante comprender el funcionamiento biológico de esta emoción tan poderosa, que nos puede llevar a conclusiones muy equivocadas o que incluso, será manipulado por la clase política para obtener nuestros votos (no importa si es por el temor a la “inseguridad” o “volver al 2001”).

El miedo surge en la estructura cerebral que procesa las percepciones y los pensamientos con forma de almendra, la “amígdala”, que reconoce las señales de peligro y permite actuar en consecuencia. Situada cerca del centro del cerebro, la amígdala evolucionó mucho antes que la neocorteza, asiento de la percepción consciente. Y propició que el temor evolucionara como estrategia de supervivencia, haciendo que el individuo respondiera al instante frente a una amenaza.
La primacía evolutiva de los circuitos cerebrales del temor hace que sean más poderosos que el raciocinio. Así, la amígdala puede invalidar o interrumpir los productos lógicos y reflexivos de la corteza, y no al revés. El temor resulta ser “mucho, pero mucho más poderoso que la razón”, afirma el neurobiólogo Michael Fanselow, de la Universidad de California en Los Ángeles. “Evolucionó como mecanismo que nos protege de situaciones que ponen en peligro la vida y desde la perspectiva evolutiva, no hay algo más importante que eso”.


El temor no sólo es más poderoso que la razón, sino que también es fácil de evocar  por motivos que también derivan de nuestro pasado evolutivo. La respuesta a una amenaza inexistente, como correr al ver una serpiente supuestamente venenosa que en realidad no lo es, no es tan peligrosa como la incapacidad para responder a una amenaza verdadera. Por ello, el cerebro está preparado para responder primero y cuestionar después. Como señalara Edmund Burke, politólogo del siglo XVIII, “ninguna pasión priva con más eficacia a la mente de todos sus poderes para actuar y razonar que el temor”. Y es en este contexto en el que pueden surgir poderosas “conclusiones”: si hay pena de muerte, habrá menos crímenes; si se cancelan los derechos humanos de los
delincuentes, habrá más seguridad; si se les da un arma y uniforme a un joven de dieciocho años, podrá resolver su adicción al paco.

El miedo también hace que más gente acuda a las urnas a votar, lo que refleja el poder del fenómeno. “Las emociones negativas como el temor, el odio y la repulsión tienden a provocar conductas con más eficacia que las emociones positivas, como la esperanza y la felicidad”, afirma Daniel Gilbert, psicólogo investigador de la Universidad de Harvard.

Además de la necesidad del componente humano, los peligros resultan más espeluznantes cuando son inminentes y no postergados una década o más. Para el sociólogo y ensayista Eduardo Gruner, la “seguridad” debería ser una categoría política que incluyera alimentación, vivienda, empleo, educación y salud. “Pero estas ampliaciones del campo semántico son a largo plazo”, sostiene.

Y la educación no genera miedo, ni mueve multitudes, como las que marcharon en 2004 convocadas por el falso ingeniero Juan Carlos Blumberg. O como los 80.000 activistas virtuales de Facebook que comprometieron su presencia a la Plaza de Mayo en la marcha del miércoles 18 por la “inseguridad”. El sociólogo Pablo Alabarces imaginaba esa movilización con otro eslogan: “Para reducir la inseguridad, queremos escuelas magníficas con maestros y maestras brillantes y brillantemente pagos. Y vamos a la Plaza para lograrlo”, sugirió en el diario Crítica.

Desde la biología, el cerebro parece programado para actuar en tiempo presente, “contra el mastodonte de mortíferos colmillos que tenemos en frente y no contra la manada que aplastará el campamento en la primavera”, explica Gilbert.

Para el rabino Daniel Goldman, los argentinos no vemos más allá de ese mastodonte. “Queremos resultados inmediatos para temas complejos. La pena de muerte o el regreso del servicio militar serían resoluciones catastróficas”, sostiene. En ese punto, coincidió Elisa Carrió en la presentación de la Coalición Cívica y la UCR sobre inseguridad: “Condenamos la pena de muerte. La única solución para la inseguridad es la inclusión social”, dijo. Por su parte, el psicoanalista y ensayista Germán García eligió la ironía: propuso que los millones de argentinos que quedaron fuera del sistema sean enviados al servicio militar. “Sería un servicio militar eterno, hasta que se mueran. Es un disparate, una tontería”, enfatiza. García cree que Susana quiere ser la expresión del sentido común, pero sólo lo es para un sector social sin problemas económicos al que le cayó encima la inseguridad. 


La manipulación del temor será una herramienta poderosa y presente tanto en la campaña de 2009 como en la de 2011.

“Los candidatos exitosos conocen los temores y angustias de los votantes, y apelan a eso”, comenta Matthew Dowd, ex estratega político de Bush y actual colaborador de ABV News. Para tener éxito, también deben transmitir esperanza. “No es posible dejar al electorado cautivo de su miedo y ansiedad. Si arrancan el vendaje de la herida, hay que aliviarla”. Obama fue, sin duda, el gran candidato de la esperanza, aun cuando ya esté bajando en las encuestas por la crisis. 
La naturaleza primitiva del temor implica que es posible activarlo con mayor intensidad, no mediante verbosas discusiones, sino con imágenes dirigidas a las regiones cerebrales encargadas de las emociones. Palabras que evocan imágenes más que abstracciones también son poderosos disparadores del miedo. Cada vez que puede, Kirchner sostiene “predicar la memoria” y recuerda “el infierno de 2001 y la huida en helicóptero”. O De Narváez sosteniendo que “el Gobierno nos llena de tragamonedas y de droga”. O, por supuesto, Susana cuando afirma: “Quien mata tiene que morir” o Tinelli y “los delincuentes matan y nadie hace nada”.

No importa que la población carcelaria haya aumentado 80% en los últimos nueve años: de 29.690 presos en 1997 a 54.000 en 2006 y que para esa fecha el 63% de los detenidos no tuvieran condena firme, según el informe anual de CELS.

En este contexto, el escritor Eduardo Blaustein reflexiona en Sur: “Los reventados por la desigualdad, la pobreza, el paco, el alcohol, el arrebato emocional o la demencia, ¿leerán los diarios o el código penal antes de cometer un crimen?”.

En el fondo, no se trata de un debate entre “garantismo o pena de muerte”, “seguridad o inseguridad”, “derecha o izquierda”.  Como escribimos en Newsweek durante el conflicto entre el Gobierno y el campo, la tentación del maniqueísmo nacional, la intolerancia y la prepotencia, fueron apenas un reflejo del aspecto más mezquino de nuestra sociedad.

La trilogía de Susana Giménez (pena capital, derechos humanos para inocentes y militarización anti-droga) es irrelevante por sí sola. Pero representa a un sector de sociedad atemorizado. Y el gran interrogante de las futuras campañas electorales de 2009 y 2011, es la manera en que el temor influirá en las decisiones de los electores. La “sensación de inseguridad” jugará un rol central en la psiquis del electorado, más allá de los delitos específicos que se sucedan. Pero no hay nada a lo que se debería temer más que al regreso a fórmulas oscuras del pasado. “Una de las desgracias que tiene la humanidad, según Freud, es la autodestructividad y pulsión de muerte que hace que tendamos a repetir impulsivamente las peores situaciones dramáticas que hemos vivido”, puntualiza Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina. “Ésos serían los instintos de muerte: buscar el futuro en el pasado. Y lo peor que tuvimos fueron los sistemas opresivos que destruyeron parte de la sociedad”.                                                                               

 



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