Ventitres // 28-05-10 // La guerrilla invisible
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La supuesta existencia de grupos guerrilleros en la selva paraguaya provocó una fuerte movilización militar y la declaración del estado de sitio. Un enviado de Veintitrés cuenta qué hay detrás de esta historia.
Si Dios no existiera, habría que inventarlo”, decía el agitador francés dieciochesco Voltaire. El capítulo XIV de su novela filosófica Cándido, que versa sobre la credulidad, transcurre en el Paraguay, donde hoy los ganaderos y una serie de intereses han confluido en la conveniencia de temer y hacer temer a un misterioso
Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). “Si el EPP existe, no es lo que dicen que es”, opina para Veintitrés la historiadora y antropóloga Adelina Pusineri, de la Universidad Nacional, que por sus trabajos de investigación conoce bien el norte y centro del país. Lo poco que se sabe del EPP es que se trata de una formación política con estructura militar, y de inspiración marxista o más bien comunista según unos (y aun estalinista según otros). Su número varía, pero no superaría las cuatro decenas de personas en el cálculo más exagerado, que fueron buscadas por más de tres mil efectivos de ejército y policía en ineficaces y aun dudosas operaciones conjuntas. Se le atribuyen secuestros en el empobrecido norte del Paraguay, y llegaron a compararlo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Con el EPP se reitera el mito guaraní del pombero (cuco): después de un mes de vigencia del estado de sitio en cinco departamentos paraguayos, nadie lo ha visto. Pero sirvió, y mucho, para reprimir a los campesinos inquietos y para ser discretos sobre el narcotráfico. Antes que la próxima Colombia –decía la etnóloga Branislava Susnik, directora en Asunción del Museo Etnográfico–, Paraguay puede ser el próximo Chiapas. “El caldo de cultivo del EPP es la pobreza”, declaró al diario asunceno La Nación el presidente de la Asociación Rural del Paraguay, Jimmy Galeano.
Estado de excepción. A muchos argentinos puede asombrarles saber que, en el siglo XXI, celebrando sus bicentenarios mayos y gemelos, la nación paraguaya haya vivido el último mes en estado de sitio en casi todo su territorio (cinco departamentos o provincias). Con casi medio millón de kilómetros cuadrados y más de seis millones de habitantes, presidido por el ex obispo católico Fernando Lugo, con un gobierno progresista afín al argentino y al brasileño antes que al boliviano o al venezolano que puso fin a la hegemonía del Partido Colorado, la severidad y continuidad de la medida, característica de los años de la prolongada dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989) puede sorprender.
El estado de excepción ha sido sugerido y favorecido por la elite ganadera del norte, vecina a plantaciones de sojeros y aun a campos de cultivo de marihuana y a pistas de aterrizaje que participarían del tráfico de cocaína, después de que el oeste del país, el Gran Chaco, vecino a Bolivia, no puede usarse para ello por la presencia o auxilio de tropas e inteligencia norteamericana. El secuestro de un ganadero en una situación confusa, después liberado, Fidel Zavala, logró conmover a las clases medias asuncenas, que hace un par de meses se puso cintas blancas en las muñecas, y se unió bajo el lema “Todos somos Zavala”. En esto las voces críticas, como la del poeta y novelista Cristino Bogado, que supo declarar “Yo no soy Zavala”, fueron pocas, desoídas e incluso abucheadas.
Tristes trópicos. Las calles de los núcleos urbanos del norte no terminan de crecer, y el asfalto se cruza con la tierra colorada. que dejan sus rojas marcas indelebles en esas casitas pintadas con brocha gorda a la cal. Fuera de los horarios de los noticieros de televisión, los habitantes no se preocupan tanto por lo que llaman “el mito del EPP”. Durante los noticieros se oyen suspicacias guaraníes: hablan del EPP’i: el Ejercitito del Pueblo Paraguayo.
“Los fiscales, los policías, los militares, los estancieros saben en dónde está; sólo nosotros no les vemos todavía”, explican “El Norte es así de increíble, así de irreverente –concluye Mario Rubén Velázquez, periodista de investigación del diario La Nación–. Tantos años de marginación y miedo los llevó a tomar la vida con soda, a pesar de ciertos informes periodísticos que los condenan como la tierra del EPP o los cómplices del EPP, según ciertos cronistas de la tele asuncena”.
Mitológicas I. Para muchos, el EPP sirve de pantalla en blanco donde proyectar sus miedos, sus frustraciones, sus resentimientos y sus revanchas”, se explaya ante Veintitrés José Pérez Reyes, autor de Clonsonante y uno de los más importantes narradores contemporáneos del Paraguay. Más lacónico, su colega mayor, Victorio V. Suárez, vicepresidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay, lo resume en una sola palabra. Es un “bolazo”. Pero, púdicamente, nos lo dice en guaraní: ibolaité.
El mito de origen del EPP está en las declaraciones, acaso poco espontáneas, hechas en 2009 por Carmen Villalba, encarcelada por un supuesto secuestro, en una así llamada rueda de prensa en el penal del Buen Pastor, para reivindicar la existencia del hasta entonces desconocido Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Villalba, que según algunos fue torturada o inducida, anunció que ellos, los del EPP, fueron quienes quemaron un puesto militar en Tacuatí (San Pedro), en diciembre del 2008. Nunca más volvió Villalba a hablar con periodistas.
Mitológicas II. El miércoles 21 de abril explotó en Paraguay una “bomba” periodística: habían muerto cuatro hombres en un enfrentamiento con el EPP. Uno de los acribillados con balas de ametralladoras M-16 fue el flamante capataz de la estancia Santa Adelia, propiedad de un empresario brasileño, Jorge Luiz Zannetti. Según pudo leerse en los medios, el ganadero vive en el estado brasileño de Paraná, y pocos lo conocen. Una sola vez vino a ver sus tierras y para poner al frente de las mismas a otro paisano, Zeca Caravaggio, quien debe cuidar unas 55.000 hectáreas en las que pastan unas 50.000 cabezas de ganado pura sangre: Nelore, Hereford y Angus Brangus, carne de exportación, principalmente.
Concepción es el departamento ganadero por excelencia: el 90 por ciento de las tierras está en poder de criadores de ganado de engorde. Pero también es el departamento más pobre, junto con San Pedro, donde Fernando Lugo era el “obispo de los pobres” antes hacer la campaña que lo llevó a la presidencia. El 55 por ciento de los campesinos vive en las fronteras de la línea de la pobreza con la línea de la indigencia. Los ganaderos se quejan de la “ausencia del Estado”, algunos también admiten que esos mismos ganaderos –que reciben créditos y asistencia estatal gratuita a través del Fondo Ganadero y del Banco Nacional de Fomento (BNF)– nunca asistieron a sus vecinos “abandonados”.
La llegada de 3.000 militares a la región sólo intensificó los controles ruteros y algunas incursiones en bosques de la zona norte. “Los únicos que están muy inquietos –decía un comerciante concepcionero– son los narcos, que no podrán moverse, por ahora.” Pero algunos, como las organizaciones campesinas, sí empiezan a preocuparse: no pueden realizar reuniones ni para construir pozos artesianos que les provean agua en la zona de Arroyito. Como las reuniones de más de tres personas quedaron prohibidas, también fueron prohibidos los torneos de fútbol: un motivo importante para que la población local deteste aún más a la tropa de ocupación.
El hombre desnudo. Cuando las tropas empezaron a llegar al Norte –armadas como para la guerra– fue cuando algunos supieron qué significaba carecer de derechos civiles. Y eso les molestó: “A esta zona nunca se le prestó atención, y cuando lo hacen, traen a militares y policías a reprimirnos”, protestó el pa’i Pablito Cáceres, párroco de la catedral de Concepción.
Cuando se supo que Lugo no iba a continuar con el estado de excepción, ni a proponer su prórroga, los ganaderos se quejaron. Tal vez la proponga el Senado por su cuenta, donde liberales (la mayoría de los ganaderos lo son) y colorados tienen peso propio. Rápidamente, el diario ABC Color publicó este martes una tapa furiosa: Guerrillero de las FARC capturado en Colombia. Al presidente conservador colombiano le conviene que las FARC sigan siendo tan peligrosas, y esa peligrosidad presunta también conviene a la derecha en Paraguay. No hace tanto, en las calles de la capital paraguaya de Asunción había una campaña denominada “El diario ABC Color miente”. En púdico, sintético guaraní: ABC Ijapu.
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