Ventitres // 08-04-10 // Te paso un dato...
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Detrás de un gran robo, siempre hay un “entregador”
En el submundo del hampa les dicen “dateros”. Son los que avisan sobre la rutina de la víctima. Del caso Sivak al robo a la nieta de Fortabat: quiénes son y cuánto cobran por sus “servicios”.
Por Lucas Cremades y Carlos Stroker
Son las personas que suelen pasar inadvertidas a la hora de hacer su trabajo. Aunque se convierten en factores fundamentales a la hora de dar el gran
golpe. Es, aunque muchos no lo crean, la única pieza del grupo que realiza su tarea a cara descubierta, ya sea para cometer un robo, un secuestro extorsivo o interceptar al ser humano que cayó en desgracia al salir con dinero de un banco. Es apenas el indicado o la indicada de dar el dato final para quedarse con el botín deseado. En los últimos días, tres casos delictivos marcaron la agenda del mundo del hampa y en todos ellos la Justicia determinó que había alguien que conocía casi a la perfección el movimiento de las víctimas. Son los que se destacan como “entregadores”. Una “profesión” de incalculable valor para llevarse aquello que no les corresponde. Ellos se esconden detrás del cartel de amigo, pariente, trabajador temporario de un lugar, algún vigilador de las tantas agencias de seguridad, ex policía o simplemente un individuo atento para señalar.
El último caso del triplete delictivo fue el robo que sucedió en uno de los barrios más coquetos de Capital Federal. Allí, en Juramento al 1000, entre Cazadores y Húsares, tiene su mansión Inés Bárbara Bengolea junto a su marido Esteban Ferrari. Ella es la nieta de Amalia Lacroze de Fortabat. La pareja se encontraba en Punta del Este disfrutando del sol de Semana Santa. Recién se dio cuenta de lo que sucedió cuando abrió la puerta de su hogar en Buenos Aires. Ni un signo de violencia y un robo de 350 mil dólares y joyas aún sin saber cuánto es su valor. El caso se encuentra a cargo del fiscal de instrucción de Saavedra, José María Campagnoli. Para los investigadores está determinada, casi de manera evidente, la presencia de un entregador y una de las personas que trabaja para aclarar el hecho relató que “todavía no pudimos determinar cómo hicieron para llevarse el botín. De todas formas, por el momento hay varias personas que están bajo sospecha. Está claro que hubo alguien que contó sobre la falta de alarma, el lugar del dinero, la salida de la familia y hasta algún movimiento de los vecinos”, aseguró la fuente.
En este tipo de delito, según el ex comisario y actual investigador Luis Vicat, suele participar al que en la jerga policial denominan “el datero”. “Este personaje entrega información para dar el golpe. Hace la inteligencia necesaria para que se pueda llevar a cabo el robo. Es el responsable de pasar el dato, pero casi nunca suele ser el autor material del delito.”
–¿El entregador participa de manera directa cuando se da el golpe?
–No. Es más, el datero es insospechable y muchas veces suele caer debido a la confesión de algún detenido.
Otro de los casos que conmocionó a la sociedad fue el que ocurrió en pleno Almagro. Allí, en la esquina de Córdoba y Pringles, tres motochorros asaltaron y asesinaron al empresario Federico Hauvaver, propietario de una distribuidora de golosinas y cigarrillos, y a su custodio Miguel Leiva. Ambos fueron hasta un banco cercano al lugar donde murieron y sacaron 200 mil pesos para llevarlos a otra entidad bancaria, en la calle Lavalleja. Iban en un taxi y los tres delincuentes los asesinaron cuando el coche paró en un semáforo. “Este no es un caso habitual. Los delincuentes conocían el recorrido de la distribuidora y sabían que habían sacado el dinero”, destacó Viviana Frei, la fiscal que lleva adelante el caso. ¿Hubo algún entregador? La respuesta la dio Basilio Margaritis, otro de los dueños de la distribuidora: “Pudo existir, pero no puedo decir nada más. No lo sé, pero en realidad creo que sí”, remató el empresario, desorientado por todo lo que sucedió y por la muertes de Federico y Miguel.
“En esta situación pudo haber actuado un entregador, depende de las necesidades del grupo que comete el delito. A veces no lo hay”, dijo a Veintitrés un comisario de la Federal.
–¿Cuánto puede cobrar un entregador cuando participa de un robo?
–No hay un monto exacto, puede estar entre un 10 y un 20 por ciento del botín. Es más o menos una parte por ser integrante indirecto del grupo. Pero no es una regla fija.
Mientras las familias de los asesinados intentan sobrellevar el dolor, la fiscalía trata de dar con los responsables de las muertes.
Una situación desoladora también se dio en el barrio de Villa Devoto. Allí, tras estar diez días de vacaciones, el empresario y titular de la Federación Argentina del Transporte Automotor, Luis Carral, denunció que de su casa fueron robados cerca de 500 mil pesos. Según la denuncia, los ladrones habían roto la reja de la puerta, durante su ausencia, y así lograron ingresar y llevarse la plata. “Este tipo de robos no es al voleo, hay inteligencia previa”, subrayó Vicat.
Más allá de estos tres casos, las salideras bancarias suelen ser golpes dados al azar. O quizá con muy poco de preparación. El ladrón o los ladrones actúan con poco tiempo de preparación. “Además de los dateros hay marcadores o sacadores, en este tipo de delitos se trabaja más en temas de bancos. Los primeros marcan mediante algún método, un gesto o simplemente salen detrás de un hombre que sacó dinero de la caja y de esa manera le avisan a uno de sus cómplices que esa persona salió con algunos billetes.”
No fue lo mismo que sucedió con el golpe al Banco Macro, de Congreso, donde hace un mes abrieron casi 100 cajas de seguridad durante un fin de semana. Se llevaron mucha plata y la Justicia busca a un posible entregador. Esta causa también es investigada por la fiscal Viviana Fein. “Seguramente actuó un entregador en el golpe, tenían un conocimiento total”, expresó sobre los boqueteros. Es más, Fein solicitó “informes y nombres a las empresas prestatarias de servicios del banco (alarma, seguridad, etc.) y pidió la nómina de personal que prestaba servicio de seguridad privada en la sucursal, así como todos los registros relativos al servicio de alarma (lista de personal, registros sobre servicios técnicos, etc.)”, dijo textualmente la fiscalía.
Otro punto de los entregadores es el que suele darse en los barrios cerrados o countries. Allí, generalmente, suelen mirar con sospecha a vigiladores. Ellos saben el movimiento de cada casa.
La historia de los entregadores no es nueva y no siempre se dedican al robo. El secuestro extorsivo también forma parte de su triste agenda de trabajo. Y basta con recordar al empresario Osvaldo Sivak, asesinado el 12 de agosto de 1985. “En los secuestros extorsivos también puede haber algún entregador. Nunca se sabe bien quién puede ser, pero es factible que lo haya”, reconoció el oficial de la Federal que habló con Veintitrés.
Sivak fue secuestrado dos veces, en 1979 y en el ’85. En la primera pidieron dos millones de dólares de rescate. Al momento de querer cobrarlos, dos policías fueron detenidos, los subcomisarios José Ahmed y Alfredo Vidal. En el segundo secuestro actuó una banda integrada por policías y militares. Lo secuestraron el 29 de julio y apareció muerto el 12 de agosto. Habían pedido de rescate un millón de dólares. Un integrante del grupo era el ex capitán Rafael López Fader, junto a los principales Ricardo Taddei y Ricardo Troncoso. Siempre se dijo que hubo un entregador.
Son las personas que suelen pasar inadvertidas a la hora de hacer su trabajo. Aunque se convierten en factores fundamentales a la hora de dar el gran
golpe. Es, aunque muchos no lo crean, la única pieza del grupo que realiza su tarea a cara descubierta, ya sea para cometer un robo, un secuestro extorsivo o interceptar al ser humano que cayó en desgracia al salir con dinero de un banco. Es apenas el indicado o la indicada de dar el dato final para quedarse con el botín deseado. En los últimos días, tres casos delictivos marcaron la agenda del mundo del hampa y en todos ellos la Justicia determinó que había alguien que conocía casi a la perfección el movimiento de las víctimas. Son los que se destacan como “entregadores”. Una “profesión” de incalculable valor para llevarse aquello que no les corresponde. Ellos se esconden detrás del cartel de amigo, pariente, trabajador temporario de un lugar, algún vigilador de las tantas agencias de seguridad, ex policía o simplemente un individuo atento para señalar.El último caso del triplete delictivo fue el robo que sucedió en uno de los barrios más coquetos de Capital Federal. Allí, en Juramento al 1000, entre Cazadores y Húsares, tiene su mansión Inés Bárbara Bengolea junto a su marido Esteban Ferrari. Ella es la nieta de Amalia Lacroze de Fortabat. La pareja se encontraba en Punta del Este disfrutando del sol de Semana Santa. Recién se dio cuenta de lo que sucedió cuando abrió la puerta de su hogar en Buenos Aires. Ni un signo de violencia y un robo de 350 mil dólares y joyas aún sin saber cuánto es su valor. El caso se encuentra a cargo del fiscal de instrucción de Saavedra, José María Campagnoli. Para los investigadores está determinada, casi de manera evidente, la presencia de un entregador y una de las personas que trabaja para aclarar el hecho relató que “todavía no pudimos determinar cómo hicieron para llevarse el botín. De todas formas, por el momento hay varias personas que están bajo sospecha. Está claro que hubo alguien que contó sobre la falta de alarma, el lugar del dinero, la salida de la familia y hasta algún movimiento de los vecinos”, aseguró la fuente.
En este tipo de delito, según el ex comisario y actual investigador Luis Vicat, suele participar al que en la jerga policial denominan “el datero”. “Este personaje entrega información para dar el golpe. Hace la inteligencia necesaria para que se pueda llevar a cabo el robo. Es el responsable de pasar el dato, pero casi nunca suele ser el autor material del delito.”
–¿El entregador participa de manera directa cuando se da el golpe?
–No. Es más, el datero es insospechable y muchas veces suele caer debido a la confesión de algún detenido.
Otro de los casos que conmocionó a la sociedad fue el que ocurrió en pleno Almagro. Allí, en la esquina de Córdoba y Pringles, tres motochorros asaltaron y asesinaron al empresario Federico Hauvaver, propietario de una distribuidora de golosinas y cigarrillos, y a su custodio Miguel Leiva. Ambos fueron hasta un banco cercano al lugar donde murieron y sacaron 200 mil pesos para llevarlos a otra entidad bancaria, en la calle Lavalleja. Iban en un taxi y los tres delincuentes los asesinaron cuando el coche paró en un semáforo. “Este no es un caso habitual. Los delincuentes conocían el recorrido de la distribuidora y sabían que habían sacado el dinero”, destacó Viviana Frei, la fiscal que lleva adelante el caso. ¿Hubo algún entregador? La respuesta la dio Basilio Margaritis, otro de los dueños de la distribuidora: “Pudo existir, pero no puedo decir nada más. No lo sé, pero en realidad creo que sí”, remató el empresario, desorientado por todo lo que sucedió y por la muertes de Federico y Miguel.
“En esta situación pudo haber actuado un entregador, depende de las necesidades del grupo que comete el delito. A veces no lo hay”, dijo a Veintitrés un comisario de la Federal.
–¿Cuánto puede cobrar un entregador cuando participa de un robo?
–No hay un monto exacto, puede estar entre un 10 y un 20 por ciento del botín. Es más o menos una parte por ser integrante indirecto del grupo. Pero no es una regla fija.
Mientras las familias de los asesinados intentan sobrellevar el dolor, la fiscalía trata de dar con los responsables de las muertes.
Una situación desoladora también se dio en el barrio de Villa Devoto. Allí, tras estar diez días de vacaciones, el empresario y titular de la Federación Argentina del Transporte Automotor, Luis Carral, denunció que de su casa fueron robados cerca de 500 mil pesos. Según la denuncia, los ladrones habían roto la reja de la puerta, durante su ausencia, y así lograron ingresar y llevarse la plata. “Este tipo de robos no es al voleo, hay inteligencia previa”, subrayó Vicat.
Más allá de estos tres casos, las salideras bancarias suelen ser golpes dados al azar. O quizá con muy poco de preparación. El ladrón o los ladrones actúan con poco tiempo de preparación. “Además de los dateros hay marcadores o sacadores, en este tipo de delitos se trabaja más en temas de bancos. Los primeros marcan mediante algún método, un gesto o simplemente salen detrás de un hombre que sacó dinero de la caja y de esa manera le avisan a uno de sus cómplices que esa persona salió con algunos billetes.”
No fue lo mismo que sucedió con el golpe al Banco Macro, de Congreso, donde hace un mes abrieron casi 100 cajas de seguridad durante un fin de semana. Se llevaron mucha plata y la Justicia busca a un posible entregador. Esta causa también es investigada por la fiscal Viviana Fein. “Seguramente actuó un entregador en el golpe, tenían un conocimiento total”, expresó sobre los boqueteros. Es más, Fein solicitó “informes y nombres a las empresas prestatarias de servicios del banco (alarma, seguridad, etc.) y pidió la nómina de personal que prestaba servicio de seguridad privada en la sucursal, así como todos los registros relativos al servicio de alarma (lista de personal, registros sobre servicios técnicos, etc.)”, dijo textualmente la fiscalía.
Otro punto de los entregadores es el que suele darse en los barrios cerrados o countries. Allí, generalmente, suelen mirar con sospecha a vigiladores. Ellos saben el movimiento de cada casa.
La historia de los entregadores no es nueva y no siempre se dedican al robo. El secuestro extorsivo también forma parte de su triste agenda de trabajo. Y basta con recordar al empresario Osvaldo Sivak, asesinado el 12 de agosto de 1985. “En los secuestros extorsivos también puede haber algún entregador. Nunca se sabe bien quién puede ser, pero es factible que lo haya”, reconoció el oficial de la Federal que habló con Veintitrés.
Sivak fue secuestrado dos veces, en 1979 y en el ’85. En la primera pidieron dos millones de dólares de rescate. Al momento de querer cobrarlos, dos policías fueron detenidos, los subcomisarios José Ahmed y Alfredo Vidal. En el segundo secuestro actuó una banda integrada por policías y militares. Lo secuestraron el 29 de julio y apareció muerto el 12 de agosto. Habían pedido de rescate un millón de dólares. Un integrante del grupo era el ex capitán Rafael López Fader, junto a los principales Ricardo Taddei y Ricardo Troncoso. Siempre se dijo que hubo un entregador.
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