Tiempo Argentino // 26-08-10 // Un oasis en la ANSES

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Roberto Quinteros


En estos últimos tiempos, mucho se habla, se debate y se enfatiza sobre el tema de los jubilados. Se mencionan las eternas injusticias, si se podrá o no pagar lo que se pide, el futuro de los “hombres y mujeres de la tercera edad”, como se da en denominar a quienes ya cumplimos una cantidad determinada de años. Y todo es cierto. Pero imaginar a un jubilado, hablar de los jubilados, o en su nombre nunca será como vivir la experiencia de ser un jubilado.
Desde presentarse al correo a mandar un telegrama de renuncia y sentir que a uno se le aflojan las piernas, entrar a despedirse del lugar donde lo vieron durante una pila de años cumplir con el horario de trabajo, o despedirse de los espacios que ocupaba. Solamente quien pasó por ese trance podrá entender de qué estoy hablando. De las etapas que se terminan. De los tiempos que se acortan. De las noches sin conciliar el sueño o de las nuevas dudas que entran a poblar los pensamientos. Y si a este estado le agregamos las enfermedades, la cosa se hace más tormentosa, más angustiante, más difícil de digerir. En este estado andaba yo cuando necesité hacer una consulta para completar un trámite en la ANSES de San Martín. (provincia de Bs. As.). La mañana era fría y lluviosa, a las seis y media la cola ya tenía una cuadra. Comencé a experimentar lo angustiante de las colas de los jubilados.
Todo parecía triste. A las ocho se abrieron las puertas. En silencio y en orden, todos nos empezamos a mover. En el interior nos fueron ordenando y comenzaron a llamar por números. Y pregunté por mi trámite. Alguien me informó que debía dirigirme al segundo piso. Crucé un mar de gente.
Mostré mis papeles. Me dieron con el supervisor del que hoy no recuerdo su nombre, pero no podré olvidar nunca su gesto, su mirada y su respuesta: “Espere un momento, que le voy a dar con la persona que lleva sus papeles”, y apareció ella. Una empleada, casi una niña, con una mirada serena, con los papeles en la mano que me saludó de una forma que me hizo entender que “mi pregunta no molestaba”. Y me escuchó, mirándome, haciéndome sentir que mi problema era importante, y me ayudó. Me ayudó diciéndome lo que yo esperaba escuchar. Que  ella estaba allí para eso, para ayudarme. Y me despidió con una sonrisa y una esperanza. “Estamos acá para ayudarlo. Todo se va a arreglar.” Y fue real. La angustia se disipó y
y el problema se solucionó. Esta empleada de la ANSES se llama Laura Orlando. A ella y al señor supervisor quiero agradecerles su buen trato y considerada atención. A estas personas, y en ellos a todos los buenos empleados que hacen más livianos los padeceres de tantos jubilados, les dejo este “GRACIAS” de María Elena Walsh: “Seas siempre bendito /
por tu buen modo / Porque al darme poquito / Me diste todo.”
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