Sur // 17-05-10 // Merkel en riesgo de parálisis

Publicado en por Opiniones Creadas

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Los riesgos que se asoman en los colosos europeos
 
Por Néstor Gorojovsky
Periodista

 

El domingo 9 de mayo hubo elecciones en el Land (estado) alemán de Renania del Norte-Westfalia (Nordrhein-Westfalen), el más poblado (cerca de 20 millones de habitantes) y contiene los valles del Rhin y del Ruhr, donde se asienta el corazón de la industria germana. Próspero hasta el hartazgo no hace mucho, ahora se encuentra en serios problemas por las transformaciones de la distribución mundial de las actividades industriales. Pero sigue siendo una de las claves, si no la clave, de la política de ese país. Durante los últimos cinco años, lo gobernó la misma coalición de derecha que controla la nación, los cristiano-demócratas de la CDU (Ángela Merkel) y los demócrata-liberales (FDP) del ministro de Relaciones Exteriores Guido Westerwelle.
Los dos perdieron las elecciones. La derrota de la CDU fue histórica y récord, con una caída de 10,3 puntos porcentuales en el total de votos emitidos. Pero también les fue mal a los adversarios tradicionales de la CDU, el partido socialdemócrata SPD: perdieron menos votos que la CDU (2,4%), pero igualmente perdieron. En síntesis, hubo un empate de perdedores en torno al 34% del voto para cada uno. Mucho más sugestivo es lo que le sucedió a sus respectivos socios menores. El FDP mantuvo su caudal, arañando el 7% del voto, pero los Verdes duplicaron su electorado, superando el 12% en el comicio final.
El júbilo de los verdes es tan comprensible como poco efectivo, sin embargo, porque lo que determina el rumbo final de un régimen parlamentario no es la cantidad de votantes, sino la composición de las legislaturas. Si no se consensúa una mayoría, no hay gobierno que dure. En este caso, de lo que se trata es de sumar 91 bancas. Y a medianoche, al final de todos los conteos, la alianza SPD-Verdes descubrió que si bien tenían diez bancas más que su coalición rival, sumaban sólo 90.
¿Qué había pasado? Había aparecido en la escena política un nuevo actor, el partido que se autodenomina “La Izquierda” (Die Linke). En su debut electoral había roto el piso necesario para acceder al parlamento estadual (5% de los votos), y con su 5,6% se había llevado once bancas. A los socialdemócratas les quedan sólo dos caminos: o se abrazan con sus adversarios históricos de la CDU y se preparan para un combate encarnizado por los principales puestos, o tratan de llegar al número mágico de 91 bancas sumando a los Verdes y a la Izquierda. Pero esta perspectiva horroriza a la conducción nacional del SPD, que no tiene la menor alegría ante la perspectiva de tener que organizar una alianza similar a nivel nacional en 2013. Los últimos dos tercios del siglo XX dejaron a Alemania con un legado bifronte de aborrecimiento hacia el nazismo y hacia el comunismo. Algunos socialdemócratas de Renania del Norte-Westfalia denominan a la Izquierda (con la más aviesa de las intenciones, aunque con un cierto grado de veracidad) como “antiguos comunistas”. Los odian tanto que podrían llegar a imitar a algunos colegas suyos que dos años atrás, en el vecino Land de Hesse, repudiaron esa solución tripartita y se pasaron al otro bando.
Lo que empeora las cosas es que La Izquierda de este Land es la más extremista de todo el país. Entre otras reivindicaciones menos inquietantes, llama a nacionalizar los bancos y las grandes empresas de servicios públicos. Para los medios, sus dirigentes son “caóticos”. Hasta fueron atacados por integrantes del partido en otros Länder, que los apuñalan por la espalda diciendo que son incapaces de asumir un cargo de gobierno. Si los socialdemócratas terminan quedándose con el liderazgo, el gobierno central podría llegar a perder su mayoría en el Senado alemán. Y sin esa mayoría, la Merkel tendría serios problemas para hacer aprobar sus leyes. Hasta ahora, La Izquierda ha mantenido cierto decoro mínimo en cuestiones cruciales como, por ejemplo, la participación de Alemania en Yugoslavia o Afganistán. Los otros cuatro partidos apoyaron entusiastamente casi cualquier propuesta que surgiera de la Primer Ministro. Las alas izquierdas de los verdes y los socialdemócratas apenas si se hacían oir, aunque es muy probable que en la elección del domingo hayan colaborado para que su desempeño mantuviera cierta dignidad.

 

 

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