Revista Debate // 20-01-10 // Cuestión de tiempos
Por Néstor Leone
El insostenible doble rol de Julio Cobos: vicepresidente de la Nación y jefe político del principal partido de la oposición
El vicepresidente quiere ser presidente antes de 2011”, lanzó Cristina Fernández de Kirchner, impertérrita. “Si hay una conspiración es en contra del vicepresidente de la Nación. Soy un ser humano, tengo emociones, estoy dolido”, contestó al rato Julio Cobos. El cruce artero se dio durante la tarde del martes 12, cuando los decretos de necesidad y urgencia enviados desde Casa Rosada, para pagar deuda externa con reservas y desplazar a Martín Redrado al frente del Banco Central, ya corrían la suerte de la judicialización. Y cuando las figuras más fulgurantes de la política local le daban más temperatura al ya cálido verano. No era el primero de los cruces entre estos protagonistas, ni seguramente será el último. Lo que sí puede decirse es que ha sido uno de los más duros.
Se habló de crisis institucional, de conflicto de poderes, de actitud despótica del Gobierno y de comportamiento destituyente de la oposición para caracterizar el momento político. Pero ninguno de estos conceptos parece condensar el tono de la disputa que aquellas frases escenifican. Por un lado, la Presidenta, que siente que su viejo compañero de fórmula busca esmerilarle su poder y conspira entre bambalinas. Por el otro, el vicepresidente, que con gestos provocativos pretende no perder la centralidad política que supo ganar en tanto opositor. Por un lado, la Presidenta, que pretende recuperar terreno luego de una primera mitad de mandato más bien complicada y que ve en Cobos un constructor de persistentes obstáculos. Por el otro, un vicepresidente que busca construir una imagen de estadista de la que carece, y cree que puede encontrarla acentuando las diferencias con el gobierno que formalmente integra.
La relación comenzó en el mejor momento de la etapa kirchnerista. Ella era senadora y figura en ascenso de la política nacional y él, un gobernante provincial de un partido opositor que había hecho buenas migas con el gobierno de Néstor Kirchner. Hubo fórmula compartida y triunfo. Lo que no hubo fue sinergia en la gestión, ya sea por cerrazón de la cabeza de la fórmula o por oportunismo de su compañero. Lo que sí parece evidente es que la persistencia de esta situación amenaza convertirse en crecientemente insostenible. El doble rol de Cobos está en la mira. Lo estuvo antes y lo está aún más ahora, con su papel de sostén más o menos visible de la “rebelión institucional” de Redrado. Renuncia, pedido de licencia o juicio político, ésa parece ser la cuestión por estas horas, según el oficialismo. Permanecer en el cargo a toda costa, es la decisión del mendocino.
NO POSITIVO
“Qué vicepresidente me pusiste”, bromeó Néstor Kirchner en varias ocasiones. La frase, según el patagónico, se la había dicho su esposa, Cristina Fernández, presidenta desde diciembre de 2007 y cabeza de la otrora promisoria trilogía “Cristina, Cobos y vos”. El reproche sintetiza como pocas expresiones la difícil convivencia de la fórmula presidencial durante este largo año y medio. Tanto, como ejemplifica la naturaleza de ciertos errores en la construcción política que arrastra el kirchnerismo. Lo cierto es que, desde la histórica madrugada del 17 de julio de 2008, el mendocino es casi un anatema para el oficialismo. O un traidor, como gustan llamarle sus seguidores en lenguaje de barricada. El voto “no positivo”, que rechazó la ya célebre Resolución 125 y puso eufóricos a los dirigentes del “campo”, fue una divisoria de aguas drástica. Definitiva y acrecentada.
“La historia me juzgará”, quiso excusarse en el alegato final y luego de dejar asentado cuánto había influido su hija en la decisión. “No sé como”, se contestó entonces, en un tono realmente compungido. Esa desazón, se sabe, duró poco. A la mañana siguiente se lo vio en marcha, rumbo a su Mendoza natal, a bordo de su automóvil, vitoreado en cada parada por muchos de los protagonistas de los piquetes y cortes de ruta que le dieron una pátina popular al lockout. Arguyó que no había conseguido vuelo, para bajarle decibeles a la sobreactuación. Pero no fue suficiente. Por lo menos, para aquellos que no consideraron como motivos suficientes para votar en contra del gobierno del que forma parte, los ninguneos que habría recibido de los Kirchner o el rol marginal que jugaban él y sus hombres en la marcha del Gobierno.
Desde entonces, las acciones de Cobos crecieron, tanto como su rol opositor. La ponderación de buena parte de los grandes medios le dio centralidad política. El rápido ascenso en las encuestas de imagen y la recomposición con el radicalismo, su partido de origen, mayor anclaje. De hecho, en poco tiempo logró que lo reincorporaran a la UCR, luego de haber sido echado “de por vida”, y que sus opiniones sobre la marcha del partido tuvieran que ser necesariamente escuchadas. Claro, no sin cierto resabio de desconfianza o sin generar nuevas internas. Pero lo que logró, más prontamente de lo esperado, es que lo considerase como candidato opositor presidenciable.
Desde el gobierno nacional nunca se cansaron de pedirle la renuncia, con mejores o peores modales. Desde otras fuerzas, también, pero con menos ahínco y la esperanza de que su permanencia en la presidencia del Senado pueda facilitarles las cosas a las posiciones opositoras. La respuesta de Cobos osciló entre el sigilo, sus alardes de compromiso institucional, ciertos gestos provocativos y algunas jugadas políticas que lo dejaban claramente en offside y le dan, si no argumentos certeros, por lo menos condiciones de posibilidad para hacer verídicas las denuncias de conspiración que hilvana el Gobierno. La cuestión, para el mendocino, fue diferenciarse y capitalizar así el descontento anti-K.
Así, se paseó durante el verano anterior por cuanto festival folclórico estuviese a su alcance para no perder popularidad y se mostró gustoso en cada reunión con los nuevos díscolos que fue dejando el Gobierno.
Con el correr del tiempo fue subiendo la apuesta y dándole más cauce a su rol opositor. Se recuerda, por ejemplo, su flirteo con Francisco de Narváez, cuando éste disputaba con Néstor Kirchner la elección de Diputados; sus reuniones, más habituales de lo que se reconoce, con los integrantes de la Mesa de Enlace. O los coqueteos mediáticos con Eduardo Duhalde sobre la necesidad o no de versionar en clave criolla un eventual Pacto de la Moncloa y convocar a un gobierno de “unidad nacional”. Pero fue la reunión multipartidaria que convocó en pleno debate de la Ley de Medios y al que asistió, en su despacho, lo más granado del espectro opositor, uno de los puntos más altos de su juego. Al nivel, claro, de su encuentro con el secretario del Departamento de Estado norteamericano, Arturo Valenzuela, que pasó por el país para cuestionar la “inseguridad jurídica” de la Argentina y se fue sin ser recibido por los Kirchner.
Para ensombrecer más las cosas, el diputado Daniel Katz, uno de sus históricos aliados, dejó abierta la posibilidad de que el titular de la Corte pudiera acompañar a Cobos en una eventual fórmula presidencial en las elecciones de 2011. “No puedo desmentir ni confirmar eso... sólo decir que Cobos tiene un excelente diálogo, a nivel institucional, con el presidente de la Corte Suprema”, expresó el ex intendente de Mar del Plata. Voceros del alto tribunal desecharon la posibilidad mientras en el radicalismo le quitaron espesor, pero no pudieron evitar que el hecho pueda leerse como una jugada sumamente peligrosa.
EL CANDIDATO
Cuánto provecho podrá seguir sacando de aquí en más a esta situación anómala es algo que seguramente pesará en la decisión de Cobos y los suyos para permanecer o no en el cargo. Hasta aquí consideran que sólo han sacado provecho y pueden seguir haciéndolo, aunque ya aparecen algunas voces disonantes. Ya las había en el radicalismo, de parte de dirigentes como Gerardo Morales o Ricardo Alfonsín, que claramente consideran la situación como una “anomalía”, muestran su fastidio con algunas facetas del mendocino pero se cuidan de ser taxativos respecto de las definiciones posibles. Y las hay en otros espacios políticos. El jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, ha expresado las suyas en estos días (“No va a poder quedarse eternamente como vicepresidente”, dijo) y se suma así a la siempre terminante Elisa Carrió que, cada vez que puede, muestra su tirria contra el vice y asegura que no hay espacio posible para un acuerdo que contenga a ambos.
El retroceso explícito de los dirigentes más orgánicos del partido, despegándose del apoyo inicial a la insubordinación de Redrado, marca otra curiosidad de última hora. Más allá de alguna negociación trunca con el oficialismo, denunciada por sus socios de la Coalición Cívica, o cierto guiño de buena voluntad, el hecho contribuye a mensurar hasta qué punto un buen número de radicales temió quedar “pegado” a eso que Cristina Kirchner, desde el atril, llamó conspiración. Otros, más osados, se preguntan cuánto de todo esto tiene que ver con las heridas no cerradas que aún deja el reingreso de Cobos y cuánto de desaire a su jugada. La inquietud, obviamente, queda sin respuestas, pero parece pertinente su formulación, más aún si se tiene en cuenta que el férreo vocero de la postura fue Morales, uno de los radicales más reacios a aceptar cualquier subordinación acrítica del partido a la estrategia del vicepresidente.
La aclaración de Cobos de que no convocará a sesiones extraordinarias, cuando esté al frente del Ejecutivo a partir del 26 de este mes, cuando Cristina visite China, es otra muestra de las especulaciones que corren y las suspicacias que no cesan. Según reconoció el mismo Agustín Rossi, presidente del bloque oficialista en Diputados, el vice estaría “técnicamente” habilitado para hacer eso que tanto pide la oposición. Cobos no piensa, por lo visto, asumir el riesgo o convertir su oposición en una afrenta definitiva. Pero tuvo que aclararlo en los medios. Es que el mendoncino hizo mucho en estos días para que pueda pensarse en esos términos. A modo de breve ejemplo: interrumpió sus vacaciones en Chile para convocar al Congreso a reunión de labor parlamentaria, apoyó la insubordinación de Redrado, llevó a cabo las reuniones más variadas y no sólo con actores de la disputa legislativa. Desde el oficialismo amenazaron con el juicio político, aunque son mayoría los que sostienen que, de esa forma, contribuiría a la victimización de su figura.
Desde el cobismo, según parece, es lo que están esperando.
NICOLÁS FERNÁNDEZ, SENADOR DEL FPV POR SANTA CRUZ
“Es ilógico, circense y una vergüenza”
El Gobierno apuntó contra Cobos y habló de desestabilización. ¿Cuáles son los elementos que sostienen esta denuncia?
El artículo 99, inciso 9, dice claramente que la convocatoria a sesiones extraordinarias la puede hacer exclusivamente la Presidenta de la Nación. Cuando Cobos pretende, violando la Constitución, convocar a esa sesión, está violando el Código Penal y está incumpliendo sus deberes como funcionario. Después es ilógico, circense y una vergüenza institucional que el vicepresidente se convierta no sólo en vocero sino también en impulsor de políticas que pretenden ponerles palos en la rueda al proyecto que lo llevó al poder. Esto, la verdad, solamente pasa en este país, con la aquiescencia y la complicidad de sectores de la prensa, que ven en esto una cuestión menor.
Se habló también de un posible juicio político. ¿Lo pedirán finalmente?
La ambición y la actitud oportunista del vice, que pone en vilo la economía del país y lo aleja de su compromiso con el cargo, son elementos que, personalmente, voy a analizar con rigurosidad porque estoy dispuesto a pedirle juicio.
Ante la eventual de ese juicio, ¿no temen una especie de victimización de Cobos ante la sociedad? ¿No es un riesgo para el Gobierno?
Es parte de lo que tendremos que analizar. Ahora, no me manejo por impresiones de ese tipo. Lo que creo es que la sociedad deberá analizar con muchísima rigurosidad, por encima de lo que informan algunos, cuáles son las consecuencias que tienen para la economía del país, actitudes especulativas y mezquinas como éstas, donde se pretende armar un escándalo político perdiendo de vista que pueden generar perjuicios irreversibles. Me parece que, más que victimizarse, Cobos va a tener que hacerse cargo del escándalo que está generando. Porque cuando se creó el Fondo del Bicentenario decreció el riesgo país, los títulos argentinos se revalorizaron y era el mejor momento para empezar un canje y sacarse de encima una deuda con intereses razonables. Por eso digo que los fondos buitre de allá tienen buitres amigos acá.
¿Cómo cree que va a seguir la relación con el vicepresidente?
Esperaría un gesto de grandeza y de valentía, de civilidad. Si no está de acuerdo con el rumbo del Gobierno, tiene que renunciar y presentarse como candidato. Ahora, estar cobrando un sueldo, porque si deja de ser vicepresidente pasa a ser un desocupado, ocupando un cargo y siendo jefe de la oposición, me parece éticamente muy pero muy reprochable. Espero que esto se sincere: que renuncie y que diga todo lo que tiene que decir como candidato opositor. Y si tiene más adhesión popular que la que puede llegar a tener el Gobierno en la futura contienda electoral, será el próximo presidente. Pero con dignidad y con legitimidad y no de esta manera, usurpando un lugar para el que no fue votado. Imagínese lo que hubiese pasado con una actitud vergonzosa como la del vicepresidente, si en vez de tener 48 mil millones de reservas, tuviéremos 18 mil. Hubiésemos tenido una corrida financiera. Estamos sólidos, pero acá el riesgo no es económico, es institucional.
PATRICIA BULLRICH, DIPUTADA DE LA COALICIÓN CÍVICA, POR LA CIUDAD AUTÓNOMA
“Tiene que cumplir su mandato”
¿Cómo evalúa el rol jugado por Julio Cobos en este conflicto?
El conflicto evidente que existe entre el vicepresidente y los Kirchner no puede teñir el debate que se está dando sobre temas tan importantes como los que estamos discutiendo. Y, mucho menos debe transformarse en una lucha política. Tiene que haber responsabilidad de ambas partes. Por eso llamamos a diferenciar el rol de la oposición de esta confrontación. Ahora, esto no quiere decir que el vicepresidente no pueda tener opinión o un rol en la Cámara.
¿No es bastante desprolijo, por lo menos, que el vicepresidente convoque a la oposición a oponerse a una medida del Ejecutivo al que pertenece?
Ahí están las consecuencias de una alianza mal armada y de eso se tienen que hacer cargo sus responsables, los que la concibieron. Esto no es más que el efecto no querido de la picardía de Kirchner de querer sacarle los gobernadores al radicalismo. Y demuestra que las alianzas deben ser más claras, y definidas de otra manera. Como dice el refrán: el que le roba a un ladrón tiene cien años de perdón.
¿Hasta dónde se hace sostenible este doble rol de Cobos?
Se tiene que hacer sostenible hasta el 10 de diciembre de 2011: el vicepresidente tiene que cumplir su mandato.
¿Cuáles son las salidas posibles que ven desde la Coalición Cívica, más allá de la judicialización?
Es la Presidenta la tiene que tomar una decisión ya y darle una salida. Los decretos no los puede implementar, están frenados, con despachos empatados. Y la única manera de destrabar esto y salir adelante es convocando a sesiones extraordinarias. Mientras tanto, mantenemos las acciones judiciales para que las medidas cautelares sigan vigentes. La Presidenta tiene que convocar a sesiones y, si no convoca ella, las tendrá que convocar el presidente de la Cámara. O nos autoconvocaremos.
¿No se estarían forzando ciertos mecanismos legislativos, como denuncian desde el oficialismo?
No. Está bien estudiado, hay jurisprudencia de sobra y la mayoría de los constitucionalistas dice que el Congreso puede funcionar, más cuando se dicta un DNU. Si no, tendríamos un Congreso paralizado por tres meses y sin reacción frente a situaciones de urgencia.
Elisa Carrió denunció un pacto entre el radicalismo y el Gobierno para desplazar a Martín Redrado. ¿Es también su punto de vista?
No estamos de acuerdo en que, en este momento, se lo desplace a Redrado de la forma que lo han querido hacer, independientemente de no compartir nada con él. El radicalismo tiene que mantener el principio asumido y ser coherente con eso. No puede cambiar figuritas.
Nosotros estamos en contra de los dos DNU y lo mantenemos.
--
Blog Opiniones Creadas http://opinionescreadas.over-blog.es/