Revista Debate // 08-06-10 // Crítica de la locura

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Marcelo Capurro

 

Lo que hace Netanyahu y lo que dice el Éxodo


Gideon Levy, columnista del matutino israelí Haaretz, escribe en la edición del jueves 3, con fina y dolorida ironía, las palabras que siguen:
“Ha llegado el tiempo de sacarnos el sombrero ante el primer ministro. Las predicciones de Benjamin Netanyahu han probado ser acertadas y sus profecías se están haciendo realidad ante nuestros ojos. Ahora podemos decir, orgullosamente, que nuestro gobierno está conducido por un hombre de visión, un estadista que ha predicho el futuro (…..) Netanyahu ha dicho que el mundo entero está contra nosotros.” Concluye su burla dramática con una frase contundente: “Tenemos un estadista profeta cuyas predicciones se están cumpliendo, una después de otra, y el redentor está (no está) llegando a Sión.”
Todo se refiere, por supuesto, al ataque que la marina israelí lanzó en la madrugada del lunes 31 sobre una flotilla multinacional de barcos de pasajeros y deportivos que conducía pacifistas (alrededor de 700) y materiales de primera necesidad hacia la Franja de Gaza, sometida a un bloqueo infranqueable por parte de Israel.
Como resultado de ese acto demencial hubo, aunque las cifras no están claras, por lo menos una decena de muertos, medio centenar de heridos y, además, un escándalo internacional de proporciones todavía no dimensionadas. Las víctimas fueron del lado pacifista; entretanto, el gobierno israelí reclama para sí la consideración hacia un puñado de sus soldados que recibieron heridas con palos y algunos cortaplumas por parte de los abordados.
La edición del mismo jueves 3 de la revista británica The Economist, insospechable de afinidad alguna con la causa palestina, titula su tapa “Israel’s siege mentality” (La mentalidad de sitio de Israel). La fotografía luce como un isotipo emblemático de la actual política israelí y de su decisión de no superar la situación de conflicto con el pueblo palestino: un muro coronado por ovillos de alambre de púas.
Desde que asumió el gobierno derechista, el cúmulo de desatinos supera la capacidad de análisis de los observadores.
Pero, ante estos hechos ocurridos al amanecer del lunes último, es legítimo preguntarse hasta dónde es capaz de llegar la actual conducción política israelí.
La censura internacional ha sido prácticamente unánime. Y la oposición israelí ha clamado, también, al cielo.
El escritor David Grossman, por ejemplo, señaló que “nuestra vergüenza es algo con lo que va a ser más difícil vivir”.
Y el autor sueco Henning Mankell, uno de los pasajeros de la flotilla pacifista, se preguntó qué harán los israelíes el año que viene, cuando llegue a la costa de Gaza una flotilla con 100 barcos. “¿Nos atacarán con una bomba atómica?”, reflexionó.
No conviene dar esas ideas a un viejo comando, como es el caso de Netanyahu, quien ya ha superado la inquietud primaria de resolver el conflicto de fondo.
Decidido a jugar la propia, ha decretado que el pueblo palestino no existe para él.
Olvidado de todo, se olvidó también de que integra, quiera o no, el Pueblo del Libro. Y que el Libro dice, en Exodo  22:21, que “al extranjero no maltratarás  ni oprimirás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.”
Grave conflicto para Bibi, como es llamado en Israel.
Los palestinos, ¿son nacionales o son extranjeros? Si son nacionales, no se los puede hambrear ni maltratar. Y, como vemos, si son extranjeros, tampoco.
Como bien señala Roane Carey, editor de The Nation, los dioses primero enloquecen a quienes quieren destruir.
Benjamin Netanyahu debería estar muy atento.
 


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