Revista Debate // 03-11-09 // Uso y abuso del misticismo

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Marcelo Capurro El chivo expiatorio, el odio a los Kirchner y la lealtad a la Patria
No hay memoria, en la historia política argentina, de alguien que se haya servido de citas y conceptos bíblicos con la habitualidad con la que lo ha hecho la doctora Elisa Carrió.
Si sumáramos las innumerables intervenciones que, en muy diversos foros, protagonizaron desde el Obispo Lué y Riega y Fray Mamerto Esquiú hasta Pedro Goyena y José Manuel Estrada, todos ellos indiscutibles representantes del catolicismo en muy distintas vertientes, quedarían relegados a modestos puestos en la grilla que, sin duda, ubica a Carrió en la pole position.
Los diferencia, además, que la líder de la Coalición Cívica suele autoaplicarse las citas de las Escrituras, mientras que todos los demás nombrados lo hacían en defensa de su ideología política o de su fe.
Por otra parte, ¿quién no recuerda los cientos de profecías apocalípticas que la dirigente ha venido pronunciando en los últimos años? Y, también, mucho menos frecuentes, sus enigmáticos augurios de buena fortuna y de amaneceres gloriosos para la Nación. En todos los casos, con abundantes condimentos místicos y sin fundamentos racionales a la vista.
Esta semana, Carrió protagonizó dos hechos de signo diverso, aunque en ambos se descubre su vena profética.
Expulsada que fue, el miércoles 28, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (en razón de su oposición frontal a la ley que determinaría la obligatoriedad de la extracción de sangre para conocer la identidad de presuntos descendientes de desaparecidos durante la última dictadura militar), Carrió declaró que “alguien tiene que pagar el precio por decir las cosas que todos quieren callar”.
Una vez más -lo ha hecho decenas de veces- se constituyó en chivo expiatorio, una figura del judaísmo bíblico que recuerda que, en el Día del Perdón, cada pueblo elegía un chivo, lo llevaba al desierto, lo entregaba al demonio y, con él, a las culpas de toda la comunidad. Carrió, como ese chivo, purgaría las culpas de todos, ya que todos quieren callar.
Está de más decir que, tras ese supuesto sacrificio por el grupo, se oculta la voluntad (y la vanidad) de plantarse ante todos como modelo de inocencia. ¿Quién podría ser más inocente que ese humilde cabrito?
Otro tema. Éste, de ribetes más preocupantes.
Según informó Joaquín Morales Solá en su columna del miércoles 28 en La Nación, Carrió “hace su propio camino con otra creación”. Habría redactado una carta para ser entregada en las principales embajadas americanas y europeas en Buenos Aires haciendo una “angustiosa descripción de la situación nacional” y alertando acerca de que la administración Kirchner está “comprometiendo la vigencia efectiva de la democracia”.
Para curarse en salud y, seguramente, para tratar de eludir la acusación de golpismo, la carta concluye asegurando su deseo de que Cristina Fernández termine su mandato.
“Otros líderes opositores -finaliza Morales Solá- comenzaron por preguntarse si el conflicto argentino llegó ya a un punto en el que sólo cabría pedir la ayuda exterior. Aún no se respondieron.”
El odio de Carrió por la pareja Kirchner supera todo lo previsible.
Y, lamentablemente, la hace transgredir la lealtad que todo ciudadano debe a su Patria.
Si, a su criterio, los Kirchner merecen lo peor, que los denuncie en los Tribunales o que promueva un juicio político.
Pero que un argentino se presente en las representaciones de países extranjeros para advertir acerca de potenciales situaciones riesgosas o catastróficas es, por lo menos, poner en riesgo las relaciones políticas y económicas de la Nación.
Escapa a esta columna la tipificación legal, si la hubiere, de la conducta de Carrió.
Pero no es posible dejar de observarle a la dirigente de la Coalición Cívica que su inquina contra la pareja presidencial no debería mezclarse con los intereses de la Nación.
 --
Blog Opiniones Creadas
http://opinionescreadas.over-blog.es/
Publicidad
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post