Perfil.com // 15-12-09 // Acusan a Fort por malas condiciones de trabajo en Felfort
Blog Opiniones Creadas:
Yo conozco del tema, y conozco gente, que hace 7 años atrás, me contaba de este acoso laboral que se informa en esta nota. Y fui testigo de cómo hacian pasar los accidentes de trabajo, por la obra social sin hacer la denuncia a la ART.
Las denuncias aparecieron en el sitio del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) donde describen la relación con sus empleados
Ricardo Fort, nieto del Felipe Fort, debió enfrentar la furia de los empleados de la fábrica de chocolates de su familia. En una nota publicada en el sitio del Partido de los Trabajadores Socialista (PTS), distintas personas acusan a Felfort de tener en pésimas condiciones a los asalariados.
El artículo publicado en el sitio del PTS destaca la excéntrica vida del personaje que, a pura pauta publicitaria, copó la televisión argentina. De inmediato, la nota periodística muestra cómo mientras Fort ostenta su fortuna en cada programa que pisa, los empleados de la fábrica de chocale sufren condiciones pésimas de trabajo.
De las 700 personas que hoy emplea Felfort, la mitad está contratada por “agencia”, trabajando en estas condiciones desde hace años, señala el artículo. En ese sentido, el PTS aseguró que mientras un efectivo cobra $14 la hora, por igual tarea un contratado percibe $9,85. "Es decir, ni siquiera alcanza los $2.000 mensuales", agrega.
Así, Ricardo Fort -incentivado por Marcelo Tinelli, Gerardo Sofovich y Alejandro Frantino, entre muchos otros, ostenta sus relojes de oro y su botas de U$S2.500 compradas en Las Vegas-, es ahora cuestionado por las condiciones de trabajo de la fábrica fundada por su abuelo.
PTS // 15-12-09 // Ricky y la fábrica de chocolate
Por Daniel Satur
“La mejor forma de combatir a los Ricardo Fort, como al conjunto de los patrones que viven de nuestro yugo, es organizándonos en nuestros lugares de trabajo, con asambleas, luchando por la efectivización de los contratados, por un salario acorde a la canasta familiar, por igual salario a igual trabajo, reparto de las horas para enfrentar la desocupación y por Comisiones de Mujeres, retomando el ejemplo de las trabajadoras de Kraft-Terrabussi”. Agrupación Desde Debajo de la Alimentación
Cuando Menem decía en el ‘89 que iba a gobernar para “los niños pobres que tienen hambre y los niños ricos que tienen tristeza”, Ricardito tenía 20 años. Su padre, Carlos, llevaba décadas manejando la fábrica que fundara en 1912 el viejo Felipe. Hoy, 20 años después, don Carlos ya no está, Menem sólo hizo felices a los niños ricos, y Ricardo sigue disfrutando la fortuna que día a día genera la explotación de cientos de personas.
Y aunque durante el menemismo haya vivido en Miami, asegura que “en los ’90 podíamos caminar sin seguridad y no había la delincuencia que hay ahora”.
Hace semanas satura la pantalla cantando, bailando y viajando por el mundo con una cohorte de chetos a sueldo. Pero por más que sus bíceps recargados y sus cirugías al por mayor lloren y se sensibilicen, Ricardo Fort no puede esconder lo que es; la exacerbación decante de la clase capitalista.
A puro pulmón… ajeno
Cuando le reprochan la ostentación que hace de su fortuna él responde que su familia “hizo la plata a puro pulmón”.
Pero Ricky jamás podrá engañar a los cientos de hombres y mujeres que en la planta de Almagro producen “delicias” como Jack, Paragüitas o CerealFort. Menos aún a los miles que ya no están allí, los que fueron despedidos gracias a los contratos basura y la flexibilización vigente desde hace veinte años.
De las 700 personas que hoy emplea Felfort, la mitad está contratada por “agencia”, trabajando en estas condiciones desde hace años. Mientras un efectivo cobra $14 la hora, por igual tarea un contratado percibe $9,85. Es decir, ni siquiera alcanza los $2000 mensuales.
Y a las pagas miserables se suman jornadas extenuantes y pésimas condiciones.
Ricky muestra sus botas de U$S2.500 compradas en EE.UU., mientras a sus operarios ni siquiera se les dan zapatos de seguridad. Así, los dedos aplastados y hasta mutilados por pesados cajones son moneda corriente. A Fort también le apasionan los relojes. Por eso se pasea con un Rolex de oro y brillantes, traído de Las Vegas. Pero las agujas que más le preocupan a su familia son las que marcan los ritmos de producción. Para Pascuas, por ejemplo, en la fábrica todo se acelera. Cuando se acerca la fecha y los capataces pasan con las planillas, quien rechace el “ofrecimiento” de horas extras sabe que tiene el despido asegurado. Si se quiere mantener el puesto, nadie puede negarse a cumplir jornadas de hasta 12 horas.
Como Jack, el destripador
Ricardo asegura que es como todos los mortales. Sin embargo para él no todas las vidas tienen el mismo valor.
Mientras contrató a un equipo de niñeras para criar a los mellizos que adquirió en una empresa de genética californiana, en su fábrica la vida vale menos que un Jack. Viviana trabajó allí y lo sufrió en carne propia. “Cuando quedé embarazada tuve que ocultarlo, si lo decía antes de los 3 meses me echaban. Cuando declaré el embarazo y presenté los papeles, me echaron igual. Me sacaron a los empujones y me largaron sin un peso. Por haber levantado los cajones y trabajar parada desde el cuarto mes tuve que hacer reposo por amenaza de aborto”.
Ricky cuenta que de chico jugaba entre los muñequitos de Jack que llenaban un gran piletón de la fábrica. A Viviana entonces la invaden los recuerdos y la bronca. “Nos rompíamos las manos envasando, terminábamos con tendinitis y nos cortábamos todas con esos muñequitos”. Y agrega: “había que levantar los cajones de cereal, y después de 8 horas terminábamos con lumbalgias, dolores en la espalda y todo el cuerpo”.
Para las mujeres (que son mayoría en Felfort) los abusos además exceden las condiciones de trabajo. Los acosos de capataces y supervisores son una constante. Y hasta ex empleados aseguran que en el último piso de la planta, sobre todo durante el turno noche, se habría producido más de una violación.
Ratas
“Ponían cartones con pegamento debajo de las máquinas para atrapar a las ratas”; “habían cucarachas entre la mercadería y nos hacían levantar la que se caía al piso para envasarla igual”; “esa fábrica adentro es un infierno”. Todos los que pasaron por Felfort coinciden en los comentarios. Las ratas y Ricky se parecen. Unas viven de los residuos fabriles, el otro del sacrificio de los demás.
Cuando Fort muestra sus lujos algunos parecen indignarse y responde a tamaña impudicia con frases éticas y progresistas. “En un país lleno de pobres mostrarse así es escandaloso”, dicen. Pero el rechazo a la ostentación noventista termina cuando esos mismos progres aceptan sin chistar los millones que otros Rickys les ofrecen en auspicios y publicidades.
Sin embargo, apenas un reality show y algunas excentricidades diferencian a Fort de otros millonarios como Fernández (Alfajores Jorgito), Georgalos o Pagani (Arcor).
Él no quería ser un ignoto millonario, y ahí estaban Tinelli, Sofovich y Fantino para intentar convertir su “estilo de vida” en un objeto de deseo masivo.
Pero llegará el día que las ratas serán arrasadas. Porque los oprimidos descubrirán que todas ellas, gasten o no sus fortunas por TV, son parte de la misma clase explotadora que día a día acumula sus ganancias a costa de la sangre obrera.
El testimonio de Viviana fue recogido del programa radial Pateando El Tablero, emisión del sábado 5 de Diciembre, Splendid AM 990.
El resto de los testimonios, sobre los que se preservan la identidad por razones obvias, fueron recogidos entre trabajadores actuales y ex empleados de la empresa Felfort.
Información General - Mundo Obrero
Informe sobre una fábrica de chocolates
El caso Felfort: Jack, el destripador
Nuestra lucha
¿Quién no coleccionó cuando era niño los muñequitos de los exquisitos chocolatines Jack? La delicia de los productos Felfort son bien conocidas para los argentinos pero cada uno de esos bocados está producido por mujeres y hombres que en las interminables horas que trabajan dentro de la fábrica, son sometidos a relaciones que lejos están de la ingenuidad de la infancia o el dulzor del chocolate: hace falta mucha azúcar para tapar la amargura del obrero que sufre día a día condiciones laborales desfavorables, malos tratos de sus patrones, aprietes de sus delegados burocratizados y, en fin, la explotación de sus propias fuerzas. La vida en la fabrica La fábrica Felfort existe desde 1912 y tiene actualmente una planta de más de 800 trabajadores: 500 son obreros efectivos y otros tantos son contratados por dos agencias de colocación de empleo. Para tener una idea de la magnitud de la fábrica damos el siguiente ejemplo: se producen 215.000 barritas de cereal por día. Lo que sigue es el relato de lo que verdaderamente pasa en la fábrica de la familia Fort. Según convenio, los trabajadores deben cumplir 48 horas semanales repartiéndose en 8 horas diarias seis días a la semana.
Así, el sábado pasa a ser un día laborable más y los obreros pierden, imperceptible, el derecho al medio día de descanso o a horas extras al 100%. Pero 6 días de 8 horas no bastan. Cerca de las Pascuas, cuando aumenta la producción, la empresa exige al obrero el cumplimiento compulsivo de horas extras, haciendo que trabaje hasta 12 horas. Aunque al borde de lo humano, podría ser al menos una forma de que el trabajador aumente sus ingresos en proporción a las horas trabajadas. Pero tampoco. Mientras un trabajador junta hasta 100 horas extras en un mes, la empresa las liquida repartidas en 3 o 4 meses. ¿Qué ganan con esto? Impedir un pico salarial que obligaría a aumentar el monto del aguinaldo, calculado siempre sobre la base de la mejor liquidación anual. Esta lógica de más mano de obra al menor costo posible, se repite con los contratados. Los mismos que son contratados por agencia para trabajar 12 horas en temporada alta son despedidos sin compensación alguna en períodos de baja producción. La mayoría de los obreros trabaja en el primero de los tres turnos en que se organiza la fábrica (6 a 14, 14 a 22 y 22 a 6 hs.), pero, de todos modos, organizar la vida familiar y el descanso durante el resto del día no parece ser un derecho que los asista. Es frecuente (sobre todo para los contratados a quienes amenazan con la sombra del despido) que, por decisión arbitraria de la empresa, los trabajadores sean cambiados de turno con el ridículo previo aviso del día anterior. No es el único vejamen que padecen los contratados que, aclaramos, ganan $1.90 la hora y no son reconocidos por el sindicato en su carácter de trabajadores. También se les quitan algunos derechos básicos. Se eliminaron los 10 minutos de desayuno, extendiendo la jornada laboral para poder sacar más productos a la venta y se despidió a una contratada por estar embarazada, por ejemplo. Las jerarquías en el interior de la fábrica son, junto con las diferencias salariales y la prohibición de circulación entre las distintas secciones, otra forma de división entre trabajadores que impone la empresa.
Como sucede en la mayoría de las fábricas con tecnología, el control del ritmo de la máquina es el control del proceso de producción, y por supuesto, no está en manos de los obreros aunque sea su cuerpo el que corre el riesgo de mutilación.
Cada una de las máquinas se conecta con la oficina del jefe de producción y envía un registro de lo que sucede en esa línea. Esto permite controlar a cada uno de los operarios, en su gran mayoría mujeres, y sancionarlo en caso de que alguno modifique el ritmo de producción de una máquina. Cuando el trabajador es por agencia, la sanción puede llegar al despido. En caso de accidente, los atiende el médico de la empresa en la enfermería del sexto piso, siempre y cuando no sean del turno noche para quienes parece no haber derecho a accidentarse porque el médico se va a las 6 de la tarde. Para que esta maquinaria de presiones y controles funcione aceitadamente es fundamental la presencia de los encargados que, en realidad, son operarios a quienes se les paga un "premio" del 10% de su salario, generando rivalidad entre obreros de la misma categoría. Si bien los trabajadores son sujetos de sanción cuando no cumplen con las exigencias de higiene que les impone la empresa (muchas veces no usan guantes porque no se los proveen), la patronal no se rige con los mismos criterios y el descuido de la limpieza en algunas secciones hace que la población de cucarachas y ratas sea permanente.
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