Newsweek // 18-10-09 // La terapia de la lectura

Publicado en por Opiniones Creadas

13-10-2009 /  El género de autoayuda o “superación personal” es un fenómeno de ventas literarias. Autores, lectores y psicólogos discuten su éxito y su eficacia.
Por Cristian H. Savio

Macarena Guevara (27) va concentradísima en su lectura. El infierno sonoro no la distrae; ni el ruido urbano que se cuela por la ventanilla ni las discusiones entre el chofer del colectivo y los pasajeros —por entretenidos que puedan ser esos intercambios agresivos que van de consideraciones políticas coyunturales a cuestiones filosóficas generales—. Lo que mantiene a la licenciada en Relaciones Públicas alejada de esa realidad matinal cotidiana no es una novela de suspenso, ni apuntes de estudio, ni mucho menos el último ensayo sobre Historia, sino un libro que se llama “Sincrodestino”, escrito por uno de los grandes gurúes de la New Age, el médico indio Deepak Chopra. No es extraño. Erigidos en un género literario en sí mismos en los últimos tiempos, los libros de autoayuda son un éxito de venta en la Argentina. En lo que va del año, no hubo una semana en la que el ranking de los más vendidos no tuviera al menos cuatro entre los primeros diez libros de no ficción. En la última lista, que comprende las ventas del 27 de septiembre al 4 de octubre, la mitad de ese top ten corresponde a obras del género.

Entre biografías de personajes históricos y ensayos políticos, incluso en tiempos de discusiones ideológicas agitadas, los argentinos (como muchos otros lectores en el mundo) se vuelcan a la literatura de autoayuda. Las obras no tienen mayores pretensiones artísticas o académicas, y suelen ser vapuleadas por los críticos literarios (Paulo Coelho dice en su blog que ya ni les presta atención y recuerda la frase de Anna Eleanor Roosevelt: “Hacé lo que sientas en tu corazón que es correcto, porque te criticarán de cualquier forma”). Aunque relatan con un lenguaje simple una serie de soluciones estandarizadas para problemas generales, a medida que se fueron afianzando en los rankings de venta fueron, también, ganando consenso entre psiquiatras, filósofos y sociólogos, que los empiezan a reconocer como proveedores de pautas para afrontar problemas.

Pero ¿qué es lo que buscan los lectores en estas obras? Y sobre todo: ¿sirven de algo? “Muchos de los temas tratados en este libro son de mi interés porque en este momento de mi vida así me encuentro”, explica Macarena Guevara, y cuenta una serie de tragedias familiares que la afectaron en los últimos tiempos. “Es  el primer libro que leo de este tipo, y creo que sólo llegan a ser útiles como herramienta si uno se encuentra con la predisposición al cambio, transformación y madurez en su vida”, sostiene.

Con más de 120.000 ejemplares vendidos, el psicólogo y pastor evangélico Bernardo Stamateas es uno de los autores más exitosos en la Argentina de este género, aunque él prefiere llamarlos “de superación o crecimiento personal”. En ese sentido, advierte que “mucha gente está motivada por el deseo de crecer y no necesariamente por un dolor, por una necesidad de ser ayudada”.

Según el último ranking elaborado por el Grupo ILHSA, “Emociones tóxicas”, su más reciente libro, está cuarto en la lista de los más vendidos. Stamateas llegó a tener tres ensayos (además del último, “Gente tóxica” y “Autoboicot”) en el top-ten argentino de no ficción, en mayo.
Los libros de autoayuda también encuentran algunas objeciones profesionales. En un estudio publicado meses atrás en la revista Psychological Science, la psicóloga británica Joanne Wood, de la Universidad de Waterloo, advierte que estas obras pueden resultar contraproducentes en gente con muy baja autoestima. “El problema no es el mal contenido de los mismos, dado que, en su mayoría, tienen acertadas reflexiones o explicaciones respecto del funcionamiento del ser humano y sus dramas, sino que el lector se genera unas expectativas tan grandes que luego la frustración también lo es”, sentenció por su parte en La Capital de Rosario el psicólogo Alejandro Litmanovich.

La psicoanalista Lía Ricón, profesora titular consulta del Departamento de Salud Mental de la UBA, les objeta a estos libros que en general “apuntan sólo a la voluntad de quien no puede resolver el problema”, aunque cree que pueden ser útiles si su lectura se acompaña con una actividad de autoconocimiento a través de “psicoterapias de inside” (como el psicoanálisis), meditación o grupos terapéuticos con un especialista.

Trabajos recientes resaltan la eficacia de la lectura motivacional, en especial cuando se la combina con algún soporte profesional. Un estudio holandés de la Vrije Universiteit de Ámsterdam, sobre casi 250 participantes, mostró que los libros y videos de autoayuda ayudan a afrontar mejor situaciones de insomnio. Otro, de la Universidad de Carolina del Norte, mostró resultados positivos de la misma estrategia en el alivio de la fobia social. En 2007, el Journal of Psychosomatic Research publicó que los libros de este género reducen el tinnitus (zumbido en los oídos) en un tercio de los pacientes. Y Brian Primack, un médico de la Universidad de Pittsburgh, EE. UU., revisó la evidencia y concluyó que los textos “inspiradores” pueden tener un beneficio en la depresión.
Stamateas subraya que “un libro no le cambia la vida a nadie, no es una varita mágica, sino que intenta ser un disparador para repensar algunos temas”. Y coincide en que nada reemplaza a la terapia. No obstante, la lectura es un acto íntimo, que no obliga a hacer explícito (ante otro o ante sí mismo) el problema. Y es más barato que las sesiones de diván.

“El éxito de la venta de libros radica en una oferta de soluciones rápidas, y el éxito de aplicar las ideas radica justamente en eso, en aplicarlas”, señala Silvia Freire, otra de las prolíficas autoras argentinas del género, desde que publicó “Avivate”, el primero de una veintena de libros. Entre esas obras están las charlas con el conductor Rolando Hanglin en radio, y recientemente estrenó su primer unipersonal de teatro, “De patitas en la calle”.

Al igual que Stamateas, Freire entiende que lo fundamental de estas obras está en que proponen una manera distinta de pensar. Un cambio mental que apunta a modificar las palabras legadas, esos “significados rotulados” que guarda la mente. “La gente dice ‘la soledad duele’; entonces cuando está en soledad sufre. Pero ¿no puede ser creativa la soledad? ¿No será el aislamiento lo que no sirve? Hay que ir repensando ideas”, remarca Stamateas.

Lidia Costa (59) es contadora pública y asegura haber leído todos los libros de la estadounidense Louise Hay, otra bestseller del género. Y desde que descubrió a Silvia Freire, casi de casualidad, en la radio, también se volcó a sus libros y aprehendió una de las herramientas claves: las afirmaciones, “pensamientos

positivos que se instalan en nuestra mente a partir de la repetición”, según define la autora. Costa las escribe a diario en un diario personal. Coincide en esa suerte de señal del destino que hace que los libros de autoayuda les lleguen a las personas sin que éstas los busquen. Y asegura que tienen eficacia. “Fundamentalmente me mostraron opciones distintas a las que uno aprende en su familia, en su núcleo”, asegura.

El año pasado, en su blog “Muñeca brava”, la periodista Betina Pascar preguntó a sus lectores si habían leído alguna vez un libro de autoayuda, y si les había servido de algo. Recogió 120 comentarios. Las posturas críticas provinieron, en su gran mayoría, de quienes nunca habían leído uno. De los que habían leído, la mitad destacó, sin entusiasmo desmedido, que estas obras les sirvieron para estar mejor. El resto los tildó de “cómicos”.

Con mayor o menor presencia religiosa (la espiritualidad es un rasgo típico, pero no fundamental); escritos en un lenguaje sencillo, generalistas y sin pretensiones literarias. Los libros de autoayuda parecen haberse afianzado en la cultura popular. Seguirán saliendo nuevos títulos. Y serán bestsellers.

 

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