Diagonales // 25-01-10 // El desastre social
El análisis de Pedro Brieger Analista internacional. Visión 7 - Canal 7
El desastre social
25-01-2010 /
Mucho se habla de la catástrofe natural que azota la isla de Haití. Pero, analizando la política haitiana se puede llegar a entender mejor cómo una catástrofe natural se convierte en desastre social.
Algunos lo comparan con lo que pasó hace dos años en Cuba, con las consecuencias devastadoras de un huracán. Pero Cuba tiene, a través de su Estado, la capacidad política y la obligación y autoridad moral para mover a miles de personas de una ciudad a otra, por ejemplo, para evitar una tragedia natural que se puede preveer.
Y lo hace porque la gente confía en la autoridad política. Los cubanos trabajan mucho sobre los fenómenos naturales. De hecho, hay grandes desastres económicos y de infraestructura, pero muere muy poca gente.
La contracara de eso es Haití. Por eso vale la pena repasar algunos puntos importantes de la historia de este país para poder entender por qué este fenómeno actual se transforma en este lamentable desastre social.
Haití declaró su independencia en 1804. Tuvo una ocupación militar por parte de Estados Unidos entre 1915 y 1935. Sufrió una dictadura que fue de las más terribles que conoció el continente con los Duvalier, Papá Doc y Baby Doc (como se los llamaba), entre 1957 y 1986.
Apareció un sacerdote, Jean Baptiste Aristide, que con una avalancha de votos se instaló en el poder y fue depuesto mediante golpes militares que contaron con la complicidad de los Estados Unidos.
Son perlas históricas de un país que, como se repite hasta el cansancio, muchas veces sin el análisis correspondiente, es el más pobre de Occidente.
Haití comparte la isla con República Dominicana y tiene una población de algo así como 9 millones de personas, de los cuales el 80 por ciento es pobre. El 50 por ciento de sus chicos no van a la escuela, generando analfabetos de manera increíble.
Uno de los temas de este terremoto es que la gente se pregunta por qué no se asiste a la gente que lo perdió todo en las escuelas. Sencillamente, porque no las hay: no existe infraestructura de ese tipo y eso explica también la imposibilidad de los chicos a la educación básica.
El 98 por ciento de sus bosques fue deforestado y la explicación clara es que sus habitantes usan la madera para cocinar ya que no hay ningún otro tipo de servicio. Eso hizo que el clima empeore todas las condiciones en cuanto a catástrofes naturales.
En 1970, Haití producía el 90 por ciento de los alimentos que consumía, llegando casi al autoabastecimiento. Hoy, 40 años después, importa más del 50 por ciento de sus alimentos y eso hace que dependa casi totalmente del exterior.
Producía mucho arroz, que junto a los frijoles es la comida básica de los habitantes de la isla, hasta que las sucesivas políticas de sus gobernantes derivaron en que hoy le compre la mitad del arroz que consume a los Estados Unidos, lo que hizo que se destruyera casi por completo la agricultura en Haití.
Son datos fríos que se pueden dar para entender algunas de las cuestiones que pasan en esa isla caribeña. De inmediato surgen algunas paradojas cuando se nombra a los Estados Unidos, como el hecho de que sea este país el que esté mandando diez mil soldados para coordinar la tarea humanitaria y no sea Naciones Unidas la que organice la eventual reconstrucción de Haití.
Asombra incluso que América Latina no haya tenido una reacción más orgánica a través de sus instituciones como la OEA, el Grupo Río o la UNASUR para no dejar ingresar con su fuerza a los Estados Unidos, más allá de ser la principal potencia mundial, estar muy cerca de allí y disponer de toda la logística necesaria.
Sin embargo, hay una cuestión política de fondo en todo esto porque si bien los Estados Unidos están mandando ayuda de todo tipo, ponen al frente de esta movida al ex presidente Bill Clinton que ya estuvo al frente de una misión de la ONU para reconstruir Haití, sin lograrlo, y a George Bush, que tan mal trabajó en su gestión cuando sucedió lo del huracán Katrina.
La pobreza de esta isla se justifica, en parte, por la escasez de posibilidades laborales. Muchos haitianos viven en el extranjero y mandan dinero a sus familiares, especialmente desde los Estados Unidos. A tal punto es esta dependencia, que el 40 por ciento del Producto Bruto haitiano lo constituye este dinero que llega desde afuera del país.
Con estas condiciones, es difícil pensar un país que pueda sobrevivir a cualquier catástrofe. Si no están dadas las más elementales condiciones de supervivencia en tiempos normales, mucho menos lo deberían estar en tiempos de catástrofe. Y eso es lo que se ve en este momento. Por eso, no todo es una tragedia natural: detrás del dolor hay un escenario de miseria y pobreza que lo complica todo. Aunque parezca imposible, mucho más.
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