Diagonales // 04-02-10 // La internacional reaccionaria

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Jorge Luis Ubertalli

 El golpe de Estado en Honduras de junio pasado y la incursión militar en el Haití devastado de hoy son hitos fundamentales en el uso la fuerza por parte del Pentágono y el gobierno de EE.UU. para recuperar "espacio perdido" en la geografía indolatinoamericana. La táctica de utilizar a las Fuerzas Armadas de la región para trazar una estrategia reaccionaria, genocida y al servicio del gran capital, consagrando la impunidad actual y pasada de los uniformados, parece estar a la orden del día.
El 5 de noviembre último, en el marco de la despedida del agregado militar aéreo de los EE.UU. en Honduras y la bienvenida de su reemplazante, los uniformados centroamericanos juramentaron amistad entrañable con los norteamericanos y sostuvieron en su página web que "los hombres y mujeres de uniforme militar son amigos en todos los confines de la tierra". Claro está, se referían a los militares embanderados con el Pentágono y el sistema que representa, al que ayudaron a consolidar luego del golpe del 28 de junio, que liquidó la democracia formal en aquel país y lo alineó nuevamente con los EE.UU., alejándolo de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA).
Dos meses antes, la página web de la ultraderechista organización UnoAmérica, financiada por la CIA, informaba sobre la salida del volúmen titulado El Plan del Foro de San Pablo para destruir a las Fuerzas Armadas. De 230 páginas, el libro, que contiene opiniones de civiles y militares retirados de la Argentina, Bolivia, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela, expone que "las Fuerzas Armadas en América latina son objeto de un ataque sin precedentes. La ofensiva se realiza en todas las naciones para lograr un mismo fin: la destrucción definitiva de las instituciones armadas", a las que UnoAmérica y los autores del libro pretenden defender diseñando "una estrategia continental frente a la injusta y brutal agresión de la que son objeto". Por supuesto, reivindican las políticas represivas de Colombia y el golpe de Estado de Honduras, país que, según UnoAmérica, "gracias a sus militares pudo salvarse de una dictadura chavista".
Hace poco, el ex presidente argentino Eduardo Duhalde sostuvo que las Fuerzas Armadas se hallaban "humilladas" y "arrinconadas", debiéndoseles adjudicar, como en Brasil y Colombia, el papel de combatir la "inseguridad". Su planteo, afín al de los ultraconservadores de UnoAmérica, no fue el primero ni el único. El último día del año pasado, el país se informó sobre las declaraciones de Diego Guelar, ex embajador del ex presidente Carlos Menem en EE.UU. y hoy titular de relaciones internacionales del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, pidiendo "amnistía" para los militares acusados de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar. Por la misma fecha, el diario La Nueva Provincia, vinculado con la Armada y sus emprendimientos, reprodujo el capítulo de un libro producido por el ex titular de Educación del macrismo, Abel Posse, donde insistía sobre la "humillación" de los militares procesados por genocidio, pedía "reconciliación y amnistía" para ellos, sugería su actuación para reprimir a 800 mil "jóvenes calificados de 'marginales estructurales'" y observaba que "contra los militares se hizo más justicia de la debida, y esto es injusticia. Se los discriminó judicial y jurídicamente…". Lo mismo, aunque en Colombia, sostiene la Fundación Héroes Visibles (FHV), encargada de bregar por la defensa jurídica de los terroristas de Estado de ese país. Mas de 25.000 líderes sociales, campesinos y defensores comunitarios desaparecidos y miles de asesinados se constituyen allí en la obra dantesca de las represión militar–policial. El 26 de enero, en La Macarena, pueblito situado en El Meta, 200 kilómetros al sur de Bogotá, se halló una fosa común con 2.000 cadáveres NN, mentidos en su momento como "falsos positivos" –civiles asesinados y presentados como muertos en combate– por los "soldados víctimas de la guerra jurídica", como califica a los genocidas la FHV.
La ocupación militar de Haití por 20.000 'marines' apoyados por aviones de guerra, buques y hasta un portaaviones nuclear ratifica a las claras la recreación de la opción armada de EE.UU. para disciplinar su patio trasero. A las siete bases militares en Colombia, las tres bases a construir en Panamá y las que se planean erigir en América del Sur y el Cono Sur (Perú y Paraguay) para asegurar la comunión Pentágono–Fuerzas Armadas reaccionarias en la contención de países enemigos del imperio, como Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia, entre otros, se suma ahora la invasión militar a Haití, que dicho sea de paso advierte a la República Dominicana sobre lo que podría sucederle si recibe petróleo barato de la Venezuela Bolivariana y se tienta con un ingreso al ALBA. País pobre y devastado, Haití cuenta sin embargo con las reservas petroleras y gasíferas de Central Plateau y La Conave, además de grandes yacimientos de oro, uranio, circonio, cobre y diamantes. Eso no es todo. Fuentes confiables aseguran que EE.UU. intenta provocar conflictos bélicos entre sus aliados (Colombia, Perú, Honduras, Panamá y ahora el Chile de Piñera) contra Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, amén de incentivar desestabilizaciones internas a través de civiles y militares que podrían ser cooptados/sobornados para tal fin.
El imperio refuerza su presencia militar en Yemen, disfraza la ocupación militar de Afganistán con el argumento de enviar "ayuda humanitaria" como en Haití, rearma a Israel y Taiwán (lo que aparejó el congelamiento de las relaciones bilaterales militares con China) y organiza apoyos a las impunidades genocidas castrenses del subcontinente preparando el terreno para aventuras por venir.
Sin embargo, no todo juega a su favor. El 22 de enero, Evo Morales sostuvo que "en algunos institutos militares siguen enseñando a los nuevos oficiales de las Fuerzas Armadas que el enemigo es el socialismo. Hay que cambiar eso, el verdadero enemigo es el capitalismo, no es el socialismo, y tenemos que tener nuevos oficiales con orientación ideológica".
Bolivia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador ya se enfrentaron al pentagonismo internacional, y lo combaten en el terreno de las ideas y la política. Otros intentan despegarse de la tutela militar yanqui a través del Consejo Sudamericano de Defensa. Pero, la garantía de paz entre las naciones latinoamericanas la constituirán sus trabajadores organizados defendiendo sus intereses, que son los de las mayorías
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