Blog Orlando Barone // 10-05-10 // Corrupción, palabra que también se corrompe

Publicado en por Opiniones Creadas

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Como una palabra apta para demoler la confianza en un gobierno, “corrupción” es hoy pronunciada con frecuencia extorsiva. Lo que no se logra con las buenas se logra con las malas. Y la corrupción es un arma altamente mediática aunque no ofrezca pruebas. Basta instalarla como escándalo o sospecha. No hay tapa de diario ni periodista famoso que no la incluya como retórica moral para sublevar la dignidad de ciudadanos honestos. Se presume que aquel que denuncia corrupción no necesariamente la practica. Es una palabra que purifica gratuitamente a cualquiera que la pronuncie. La Iglesia argentina es la que más la expurga en sus arengas. Lanzada al viento con o sin hábitos es demagogia voluntarista y vaga. Tiene una furtiva intención antipolítica y también un vaho de golpismo moralista. Fue en abril de 1987 en el templo Stella Maris, de misas militares, cuando Raúl Alfonsín se subió al púlpito indignado. Momentos antes, en su homilía, el obispo Castrense Enrique Medina le hacía acusaciones éticas al Gobierno que él presidía. De inmediato Alfonsín se subió al púlpito y casi gritando le respondió que su gobierno no era corrupto. Era un acto de fe creerle al castrense o al entonces presidente. Le creímos a éste. Ahora, en la Basílica de Luján, la Iglesia del cardenal Bergoglio insiste en advertir acerca de que no hay que votar a políticos que no cumplan mandatos éticos. Y otro orador laico, como parte del contexto llamado paradójicamente “Manifiesto de la esperanza”, fue aún más desesperanzado. Dijo: “No robarás” citando el séptimo Mandamiento. Y apostrofó que ese era un mandato para todos. Palabra inquietante “corrupción”. Se acomoda, no importa quien la emita, y hasta puede ser hablada con acento honestísimo por el corrupto. La propia iglesia, últimamente, no viene tan pura en el mundo. Su corrupción moral ha sido manchada por no pocos obispos tentados por oscuras pasiones y delitos sexuales. El célebre lingüista Sebastián Covarrubias celebra desde 1611 en su diccionario a la no menos célebre palabra. Y dice: “ Corromper, del verbo corrompo, contamino, vicio, destruyo. Corromper las buenas costumbres es tragarlas. Corromperse las carnes, dañarse. Corromper las letras, falsearlas. Corrupción, pudrimiento…etc”. En el texto, el diccionario advierte sobre las prácticas corruptas de los religiosos coloniales que pasaban por América. Los pueblos originarios, los nativos, los indios, fueron la prueba. Los esquilmaron. Por lo general la corrupción, cuando asuela una administración política, queda en evidencia en los estragos económicos que causa, en la impiedad con que damnifica a los administrados. Difícilmente la corrupción se permita ninguna generosidad con aquellos a los que convierte en sus víctimas. Un gobierno corrupto destruye y vacía. ¿Es éste el caso? ¿Destruye y vacía? Hay monseñores empeñados en despeñar un modelo que se independiza del modelo que la Iglesia alta extraña igual que al Tedeum, en el cual amonestaba presidentes en directo ignorando el voto de los ciudadanos. La palabra corrupción, abusada contra un gobierno democrático, corrompe menos al destinatario que a sus emisores.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 10 de Mayo de 2010 en Radio del Plata.

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