Asterisco // 21-04-10 // "Cuando la Justicia llega lenta, el tejido social no se surce"
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21-04-2010 / Para hacer Por tu padre pidió que Miguel Cavia lo acompañara en la dirección. Rodearse de amigos y confianza, sobre todo ahora que dice estar más cerca del arpa que de la guitarra. Aunque sigue sonando rockero.
Por Jorge Belaunzarán
"Diez minutos está bien. Pero no es una cosa de agresión, si digo que voy a llegar a las 7; porque cuando pasan con el coche a la mañana, a buscarme para ir a filmar, estoy a las 7, no estoy ocho menos diez. Porque si es lo mismo para el horario, entonces me tomo la libertad yo también. No me gusta. Mirá, eso de estar en un lugar y que el tipo llegue, aunque sea diez minutos tarde ya
me huele mal. Me pasa que tengo peleas con mis compañeros actores, muchas veces. La vez pasada una reunión con el director de la obra a las 7 y llegó 7 y media. Le digo: ¿por qué llegás a esta hora? No, que tenía que hacer. No, tenías que hacer esto, lo otro es una cuestión que elegís hacerla antes que esto, que no te importa un carajo. No hicimos la reunión. Por varios motivos: estoy grande, estoy intolerante, estoy cabrón, y tengo las pelotas llenas, jajaja".
Difícil una carta de presentación más precisa y auténtica. Tanto, probablemente, como imaginar que una posición taxativa pueda terminar en una risa. Federico Luppi, admirado y recordado como sólo los elegidos (por el público y los pares) pueden serlo, es ciertamente un rara avis. Y no sólo en su ambiente, como suele decirse. Contundente en cada una de sus afirmaciones, cuesta imaginar cómo es capaz de sostenerlas en acto. Y eso que acaso su conducta no sea intachable, porque pifias tiene hasta el más ducho. Sino por la honestidad en su accionar. O mejor dicho, su falta de especulación: el paso de los años, y la argentinidad, aliada natural del viejo Vizcacha, provoca la proliferación de ventajeros que persiguen beneficios hasta de los actos de amor.
“En ese aspecto seguramente, seguramente, por una automática compensación de tanta frustración en Argentina, me agarro de las cosas que puedo manejar.
-El horario.
-El horario, la competencia de gente que te dice: dejá, después te lo hago; y no lo hace. Esta cosa argentina de yo lo arreglo. Estas cosas son como la justicia, no es un abstracto. La justicia es aquí y ahora, si tardás 25 años se acabó la justicia. Yo no voy al set y digo: no tuve tiempo de estudiar la letra. Son pequeñeces que van dibujando el gran comportamiento. La corrupción no es un hecho que surge en un arco imaginario en la cabeza de la gente y se produce como si fuera un fatalismo histórico. Comienza cuando uno admite, y permite, que el cana baje todos los días a llevarse una pizza sin pagar. Porque después le pide 300, o te pide que pasen dos compañeros, o te pide que le des otra tarjeta para otra pizzería en Caballito, y es imparable. Y la corrupción no se puede parar, y no se va a parar, porque todo el mundo ha internalizado desde hace muchísimas décadas que sin corrupción no se funciona. Pasé toda la vida en Argentina, envejecí en Argentina, tragándome todas las chantadas, las mentiras, los robos, los afanos, los brulotes espantosamente pedestres, toda esa política de los runflas, y entonces me dio una especie de fiebre, jajaja. Me cuesta mucho trabajo hablar sensatamente con alguien de política cuando escucho un par de cosas que me hacen ruido. Tengo dos caminos: discutir agriamente con él, o irme. Generalmente discuto agriamente, porque también forma parte de tu masoquismo, jeje.
-¿Y cómo hace para manejarse en una sociedad en la que la corrupción aparece como moneda corriente?
-Es que está mal planteado; perdoname Jorge. Uno no se maneja, cuando metés la pata a conciencia de que estás metiendo la pata, diciendo por ahí zafo, acabás de abrir la puerta a una interminable sucesión de metidas de pata. Dicho como lo digo ahora parezco un maestro ciruela, un viejo Vizcacha de la divina palabra. No, estoy hablando de las cosas que hacemos. Y que no tienen solución. Esta corrupción la armamos nosotros. Al decir sí a esa entrada con sobreprecio generaste un modus operandi que ya no se puede parar. Porque además es facilongo: si un tipo puede pagar 3 o 4 palos por años estafando, ¿por qué va a trabajar?
-¿Le encontró alguna solución para su vida cotidiana?
-Hay que tener cuidado porque uno puede caer en la santidad y aparecer como una especie de virtuoso intocable. Lo que digo es evitar ser cómplice. Porque es un boomerang inevitable. No se puede caer en el éste roba pero hace, porque ya está justificado. Y después, si una mujer o un tipo le mete los cuernos a su cónyuge, y él dice, pero yo la quiero, es una piolada. Si robo pero hago y soy infiel pero amo, ¿cuál es la dificultad? Estamos todos bien. Imaginate si en este momento tuviera un chico de 14 años y le dijera no robes, no mientas, sé derecho, no ventajees a nadie, guardá la cola, ponete en la fila, no hagas esto y lo otro, lo convierto en un conejo de un polígono de tiro; en un infeliz que le van a joder la vida hasta destrozarlo. Esto es así, más allá de mi propia convicción moral. Se instaló, está instalado. Hay una enorme cantidad de gente incompetente en lugares incorrectos. En política es muy común. En la época de los militares había un general que era interventor del Instituto del sordomudo, jaja. Pero se acepta que es posible, que está bien, que después de todo no es tan malo, que eso tiene que ver con que la gente es como es, y aparece la disculpa, que en el fondo es allanar el camino para mi próxima metida de pata. Sé que a veces pasa, pero lo que digo es que no hay una mirada sobre eso. Y en lo que más resalta es en este aquelarre vergonzoso de la oposición política.
-Dijo que seguía apasionado pero había perdido la ilusión ¿Es posible una sin la otra?
-Sí. La pasión es un componente generalmente irracional, basado en temperaturas más que en concepciones lúcidas, pero la ilusión, aquello que te hace acariciar la posibilidad de un proyecto hermoso, se me aguó hace mucho tiempo. No soy Einstein, soy un tipo normal y común, pero no hay que ser un filósofo para darte cuenta de que un tipo está mintiendo. Si yo lo veo y el otro no lo ve… Qué extraño. Qué afán indiscernible de votar al verdugo. Para mí son interrogantes sin respuesta: Bussi votado tres veces en Tucumán, Menem votado dos veces, Banzer Suárez votado dos veces, Alan García, un sinvergüenza de marca mayor, votado dos veces. ¿Por qué lo vuelven a votar? ¿Qué creen que ocurre detrás de esa supuesta magia del político?
-¿Cuándo perdió la ilusión?
-Con Alfonsín. Compré desesperadamente, como tanta gente. Venía-mos de una negrura importante con la dictadura, y él aparecía como un individuo que iba a iluminar el mundo argentino con un cariz democrático absolutamente novedoso y con una talla de estadista y de político aparentemente eficaz. Y a los seis meses era una de las estafas más grandes que sentí en mi vida. A toda esa gran puesta en escena de juzgamiento a los militares le siguió con Obediencia Debida, Punto Final, pacto con Menen e indulto. Y perdimos 25 años. ¡Nos perdimos 25 años en los que podíamos haber avanzado en derechos humanos y en crear una condición democrática y solidaria en Argentina siguiendo las pautas políticas que él en ese momento inauguró!: el Juicio a las Juntas. Al primer planteo se recagó en las patas, ¡se recagó en las patas! Lo digo siempre, tengo peleas espantosas por eso. Es extraño, es extraño en verdad. Y me querían vender después: es el padre de la democracia. No, mío no. La democracia la conseguí yo y un montón de gente peleando, amenazado, corrido, escapado. Yo peleé, Alfonsín no. Porque cuando los hombres se quedaban a tomar té, cagados, en la cocina, las que salían a la calle con un pañuelo blanco eran las Madres de Plaza de Mayo. Entonces cuando se olvidan me da mucha bronca porque es como que la vida no te pasó. Si te pasó la vida lo podemos hablar. Reverendo mentiroso, ¡cagón! ¿Capisce lo que digo? Cuando escucho un tipo haciendo un discurso encendido, de cierto equilibrio verborrágicamente libre entre comillas, digo: cagamos, Pavarotti. Como dice malamente un viejo axioma italiano: un bel morir tutta la vita onora. No es verdad: morir gloriosamente, y fuiste un hijo de puta, sos un hijo de puta. No está en morir heroicamente, está en vivir heroicamente. Con los otros solidariamente. Imaginate que mañana Berlusconi muera heroicamente. Jeje, ¿me lo reivindica a ese sinvegüenza? Estamos todos locos. Sabés qué: sin la masa no se puede hacer nada, ahora una masa sin líderes es una puta mierda.
-¿Superó la bronca con la que se fue en 2001?
-La tengo manejada, atemperada. Pero no fue sólo que me dejaron en la vía, sino que los chorros de la época, Cavallo, Daniel Marx, De La Rúa, Duhalde, todos los que armaron la ingeniería financiera para el robo están libres. Cavallo tendría que ser, como Kissinger, declarado delincuente universal. No convicto pero sí confeso. Este tipo ha hecho las barrabasadas más espantosamente agresivas contra el pueblo argentino, desde convertir en deuda pública la deuda privada hasta el megacanje y el corralito. Y ahí está tranquilamente. Tipos que apostaron a un genocidio basado en el despojo total y absoluto de derechos, el fruto de su trabajo, de su autoestima, de su condición de personas. Eso es factible de ser juzgado de criminal. No en vano Duhalde reivindica a los genocidas. Puedo ser un tipo apasionado, cabrón y muchas cosas, pero lo que te digo tiene sentido, ¿sabés? Cuando la justicia llega muy lenta, el tejido social no se surce.
-¿Esta posición ante las cosas le produjo mucho costo?
-El gasto más grande ha sido que una parte de tu espíritu, una parte de las querenciosas ganas de proyectos hermosos, un poco me la han planchado. Esta falta de credulidad que tengo para con todo. Una de las cosas que hay que admitir a cierta altura de tu vida es que sos un derrotado. Admitir la derrota es una forma de seguir bien. Porque si no decís no pasa nada, nadie me afanó nada. Es un peaje que pagás. No por ninguna virtud luchadora o heroica, sino por empecinamiento de cabeza dura me enojo y me cabreo sabiendo, sabiendo concretamente, que mi incapacidad diplomática no me permite conseguir cosas.
-¿Entonces se puede vivir sin ilusión? Y si no se puede, ¿cómo hizo para continuar luego de que la perdió?
-Es una dificultad. Sin sueño no se puede vivir. Aún en la cosa más elemental: salís de tu casa y vas a ver a Mengano o a Zutana, tenés la ilusión de pasar un rato hermoso. Estás imaginando los pasos subsiguientes como una cosa venturosa, sino no saldrías de tu casa. Pero te vas. Es así. El tema es grave: la consecuencia concreta entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago. Cuando esas tres cosas empiezan a disociarse algo malo está ocurriendo.
Y como si la letanía fuera un lugar, Luppi se detiene en ella. En esos profundos segundos de silencio, la ilusión parece posible. Al menos por empecinamiento
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