Debate // 21-09-09 // Alianza virtual
Por Néstor Leone
Julio Cobos, Francisco de Narváez y la transversalidad mediática: cuando la imagen prevalece sobre la función de los partidos políticos
Fueron dos de los ganadores del 28 de junio. No los únicos, pero sí los que obtuvieron buena parte de las adhesiones opositoras, en términos simbólicos y cuantitativos, y una cuota importante de resonancia mediática. Uno triunfó en Mendoza, sin ser él mismo candidato, pero con una lista que tenía su impronta. El otro ganó en la provincia de Buenos Aires, ante el propio Néstor Kirchner, en lo que fue la gran sorpresa de la elección. Desde entonces, ambos quedaron bien perfilados para disputar mayores porciones de poder en el largo tránsito hacia 2011. Y con crédito abierto.
Ahora bien, lo que no parecía posible en aquel momento es que estos dos referentes, con procedencias diversas y camisetas políticas de distinto color, pudiesen llegar a confluir en una estrategia común, más o menos explícita o declarada. Inasibles y con poco apego a las construcciones colectivas, el vicepresidente Julio César Cobos y el diputado reelecto Francisco de Narváez no lo descartan. Los coqueteos de las últimas semanas, con señales hacia sus respectivos frentes internos y desconciertos varios entre sus socios, son indicadores que se condicen con esa posibilidad.
Algunos hablan de nueva concertación. Otros, de una transversalidad de distinto tipo. Y hay quienes relacionan de manera directa estos devaneos con la incapacidad manifiesta del sistema político de recuperarse luego de la larga crisis de representación (y, por ende, de partidos) que acompaña al país desde fines de los noventa. Lo cierto es que tanto Cobos como De Narváez parecen subidos a la ola opositora, sin resignar autonomía, dispuestos a montarse sobre “lo existente” y con lógicas políticas que exceden sus propios espacios pero, a su vez, muy personalistas. Cuánto avanzarán en la concreción de lo que insinúan es algo que nadie sabe. Ni siquiera ellos.
La primera noticia que los unió data de junio de este año, en medio de la campaña electoral. El juez Federico Faggionato Márquez había implicado a De Narváez en la famosa causa del tráfico de efedrina, y el hombre de Unión-PRO acusaba al oficialismo de “embarrar la cancha”. Rápido de reflejos, Cobos sobreactuó su ya asumido rol opositor -a pesar de haber integrado la fórmula presidencial y de ser el segundo del Ejecutivo- y se solidarizó públicamente con el rival de Kirchner. Pero ese gesto no resultó suficiente e invitó a De Narváez a su despacho de vice para darle a su actitud toda la contundencia que se pudiera. Los flashes capturaron el momento y lo convirtieron en portada para el escozor de los boinas blancas.
La reacción en el radicalismo no se hizo esperar y reavivó los resabios de desconfianza que Cobos genera en unos y otros. Ya por entonces se le cuestionaba poco compromiso con la campaña del Acuerdo Cívico y Social, del que su Consenso Federal (ConFe) forma parte, y este hecho ensombreció un poco más la relación. Pero ninguno de los referentes del panradicalismo fue tan drástico como Margarita Stolbizer, rival de De Narváez en la provincia, que condenó el gesto (“Fue inexplicable e inoportuno”, dijo) y se sintió perjudicada. La buena elección del Acuerdo en gran parte del país, que convirtió a la entente en segunda minoría, cambió los ánimos. Y el triunfo de Cobos en Mendoza lo convirtió en el candidato del espacio con mayor proyección.
Sin embargo, las elucubraciones no terminaron. Cobos volvió a insistir con De Narváez, y la historia de encuentros y de-sencuentros comenzó a tener nuevos capítulos. En el corrillo político se habla de conversaciones personales más habituales de lo sospechado y de una corriente de simpatía cada vez mayor. Es cierto, Cobos hace rato se mueve como candidato a presidente y las reuniones que mantiene son de lo más variadas. Joaquín Morales Solá da testimonio de eso, el domingo 13, en su columna de La Nación, donde asegura que atiende por igual a viejos y nuevos radicales, a socialistas y a macristas, toma café con Carlos Reutemann, permuta mensajes con Eduardo Duhalde y “les pone los oídos a los consejos de peronistas y no peronistas afligidos por ayudarlo”. Pero también parece cierto que algunos operadores de Cobos (no todos, por cierto) le reservan al ex dueño de Casa Tía un papel importante en su estrategia de cara a 2011, aun cuando cada uno conserve sus espacios y pertenencias. Hacer viable un triunfo (o, en el peor de los casos, una buena elección) en la provincia de Buenos Aires parece una obsesión de los cobistas. Y saben que un acuerdo explícito o con corte de boleta virtual puede dárselo.
El encuentro del vicepresidente con la plana mayor de Unión-PRO, De Narváez incluido, el jueves 10, dejó nuevas estelas en ese sentido. Y esto, aun cuando de la reunión participaran varios de los dirigentes del radicalismo (Ernesto Sanz y Oscar Aguad, por caso) que ya dieron muestras de no estar dispuestos a darle a Cobos margen para emprender ese camino.
MALESTARES PARTIDARIOS
En el radicalismo saben que necesitan a Cobos como al agua. Luego de una larga estadía al borde del precipicio y varias elecciones en los márgenes del sistema político, son conscientes de que el mendocino les permite mover el amperímetro como hacía tiempo no sucedía. Y eso, para una estructura enorme pero adormecida que requiere de cargos ejecutivos y escaños legislativos para reproducirse, la opción resulta inmejorable.
El “problema” es el margen de maniobra propia que Cobos ha decidido darse y, dentro de eso, las movidas por fuera del viejo aparato partidario. De ahí la desconfianza y la preocupación.
La lista de unidad para consensuar una conducción que represente a los distintos sectores del partido y conforme a Cobos parece en camino, con la figura del también mendocino Sanz como síntesis casi inamovible. Pero las aguas no terminan de estar todo lo calmas que parecen. La decisión de Gerardo Morales de lanzar una línea interna de la UCR llamada Renovación Federal, para el 9 de octubre próximo, con el objetivo manifiesto de frenar la ofensiva cobista dentro del partido, resulta un ejemplo de ese malestar. En el panradicalismo, la desazón de Margarita Stolbizer puede ser otro ejemplo. Diputada electa, Stolbizer volvió a ser contundente. Dijo que es “muy difícil de entender” que el vicepresidente pretenda liderar “la oposición al Gobierno que integra” y consideró la foto que se sacó con Unión-PRO como “descuidada”.
Pero el radicalismo no es el único espacio que tiene frentes internos a partir de estos coqueteos. Algo similar pasa también entre los aliados de De Narváez. Aunque haya compartido la foto con Cobos, Mauricio Macri desconfía de las movidas de su socio, como también de las de su ex compañera de fórmula porteña, Gabriela Michetti. Por eso se decidió a lanzar su fórmula presidencial, casi como una fuga hacia delante y sin contar todavía con una base concreta de apoyos. En duda, todavía, Macri no de-
sechó pelear por la reelección en la Ciudad, pero sabe que si no se posiciona en las ligas nacionales, pierde un terreno difícil de recuperar en lo inmediato. Por eso su bandera de largada, aun cuando ya haya sido desairado por el sindicalista Luis Barrionuevo. “Nosotros ya tenemos otro candidato; si querés, te podemos hacer un lugar para 2015”, dice Ámbito Financiero del jueves 17 que fueron las palabras del gastronómico, aliado de Eduardo Duhalde.
Otro que masculla bronca es Felipe Solá. Cada vez más alejado tanto de Macri como de De Narváez, no participó en la reunión opositora con Cobos y puso el grito en el cielo cuando vio la foto del encuentro. “¿Qué es eso de ayudarlo a Cobos a crecer haciendo actos en su oficina?”, se le escuchó decir. “¿No se dan cuenta de que Cobos es Coti Nosiglia, Jesús Rodríguez, el Gordo Baglini, que si ganan van a decir de nuevo que no sabían con qué se encontraban?”, agregó. Su partenaire, en ese momento, era nada menos que Carlos Reutemann, el senador reelecto por Santa Fe, que todavía no logra superar el traspié público de hace unas semanas, el mismo que lo redujo de un candidato de peso a un líder sin capacidad de trascender los límites de su provincia. Solá lo sabe, pero sabe también que, con el Lole como aliado necesario, puede convertirse en el referente nacional de los peronistas disidentes, huérfanos de conducción y bastante amilanados por la rápida recuperación de la iniciativa por parte de los Kirchner.
Transversalidad o no, alianza virtual o de hecho, Cobos y De Narváez saben que sus caminos, si no unívocos, pueden cruzarse en el escenario futuro. Por eso evalúan estrategias y se mueven en consecuencia.
“Cobos tiene un proyecto mediático-político”
El consultor político Carlos Germano analiza el armado de Julio Cobos, su relación con el radicalismo y los coqueteos con Francisco de Narváez.
¿Cómo ve el juego de Cobos de las últimas semanas?
Cobos es uno de los políticos que mejor está parado en el escenario poselectoral. Es vicepresidente, encabeza un proyecto opositor con vistas a 2011 y tiene la mejor imagen a nivel nacional. Pero, además, no tiene responsabilidad de gestión ni compromiso con el día a día, con todo lo que eso implica. Esta serie de cosas le permiten posicionarse mejor que cualquier otro dirigente oficialista u opositor. De alguna manera, Cobos es para el radicalismo lo que antes fue Kirchner para el justicialismo.
¿En qué sentido?
Cobos intenta generar un armado político sobre la base de una concertación amplia, pero una concertación más de figuras que de partidos. Va a tomar como eje al partido radical, claro, pero en tanto estructura territorial. A su vez, quiere conservar un margen de autonomía importante que le permita jugar con la centroizquierda y la centroderecha. Por un lado, va a tratar de generar los acuerdos necesarios con el Partido Socialista. Por el otro, va a volver con algo que ya intentó en la campaña: un acercamiento a figuras fuertemente mediáticas, como Francisco de Narváez o Gabriela Michetti. Por eso digo que Cobos tiene un proyecto “mediático-político”, donde lo mediático va a tener un peso importante.
¿Cree que están pensando en un acuerdo implícito, con “corte de boleta virtual”, o en una alianza explícita?
Eso está en camino de construcción. Hoy no me animaría a decir si será en uno u otro sentido. Si habrá un acuerdo circunstancial o algo más profundo, con un Cobos candidato a presidente y De Narváez en la provincia. Estas cosas resultan hasta imprudentes plantearlas ahora, con un escenario no definido y en constante cambio, pero son posibilidades. Lo que sí existen son acercamientos muy claros y, sobre todo, gestos mutuos. Y, en política, la gestualidad siempre es importante.
Y con el peronismo disidente, ¿ve alguna posibilidad de confluencia?
No lo veo. Respecto del peronismo disidente, el hecho político más importante fue el encuentro entre Carlos Reutemann y Felipe Solá. No es un hecho menor dentro del justicialismo, porque hay muchos dirigentes que se están preguntando qué pasó ahí y porque puede ser una fórmula muy competitiva que represente los intereses de la Pampa Húmeda, que tendrán su peso en 2011. Reutemann todavía no se define; pero si persiste su imprevisibilidad, la figura de Solá por sí misma puede ser importante.
¿Qué puede pasar con el panradicalismo? ¿Se sumará a Cobos o continuará la dispersión que ya insinúa Elisa Carrió?
El radicalismo es un partido de poder y, como tal, está viendo que la nueva estrella en el proceso político argentino se llama Julio Cobos. Se van a dar avances, retrocesos, peleas, típicas en la construcción radical, pero la figura de Cobos se cotiza en alza para encabezar cualquier proyecto. Y eso los radicales lo saben.
Sin embargo, parece existir temor de que Cobos se “corte solo”.
Es posible que exista, pero lo cierto es que se necesitan mutuamente. El radicalismo sabe que para tener acceso nuevamente al poder necesita de Cobos, con su inserción mediática. Y Cobos sabe que necesita de la inserción territorial de la UCR para que esa otra inserción vaya más allá de lo mediático y se convierta en votos.
RICARDO ROUVIER, SOCIÓLOGO
“Juegan a dos puntas”
¿Qué análisis hace de las últimas movidas de Cobos?
Cobos necesita la estructura del radicalismo y el radicalismo no tiene un candidato como Cobos. Por lo tanto, ambos se necesitan. Es cierto que Cobos no quiere entregarse mansamente al radicalismo ni quiere ser uno más. Quiere un trato especial. Lo que pasa es que sigue siendo el radicalismo y eso, dentro del partido, no deja de ser un hecho urticante.
Los guiños a Francisco de Narváez o a Gabriela Michetti pueden leerse en ese contexto y como parte de esa voluntad por ampliar su autonomía.
Exacto. Ahora, lo de De Narváez también tiene que ver con la forma como se piensa políticamente. De Narváez está en búsqueda de la alianza que lo lleve lo más alto posible en su carrera a la gobernación, cualquiera sea esta alianza. Puede ser con Mauricio Macri como candidato a presidente o puede que sea con Cobos. En verdad, no le interesa demasiado con quién. De Narváez también está jugando a dos puntas. Y a Cobos, indudablemente, le conviene tener a un hombre como De Narváez, pero tiene un límite territorial que es el radicalismo de la provincia de Buenos Aires. Es una manta corta, según para el lado que tire le queda afuera la cabeza o los pies.
¿Se puede hablar de un nuevo tipo de transversalidad?
La pregunta es qué tipo de transversalidad. Si con Hermes Binner, por ejemplo, como candidato a vice. O con De Narváez. No creo que puedan ser compatibles. Pero, más allá de eso, el gran problema de la política argentina es la dificultad para construir mayorías. La media sanción en Diputados de la Ley de Medios aparece casi como una excepción. La política se ha convertido en una disputa entre minorías.
Es difícil no relacionar esto con la crisis que todavía persisten en los partidos.
La búsqueda de De Narváez como aliado posible lo demuestra claramente. De Narváez es un producto del marketing político. Es más fruto de un proceso eficaz de comunicación e imagen que de una construcción política. Y esto no lo digo despectivamente, sino como un dato sintomático.
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