SUR // 20-09-09 // ¿Aceptaría usted el voto positivo de Menem?
Si esa preciosa demostración de potencia política que fue la votación en Diputados de la ley de medios se proyectara en automático al Senado, entonces no habría que andar tocando madera. Rubén Giustiniani replicaría el voto de sus compañeros socialistas, los fueguinos harían lo de sus comprovincianos, nada habría que temer de algún temor de José Pampuro. Ni siquiera de Julio Cleto Cobos, el Aceitoso.
Pero si alguna presión o torsión de último momento cambiara súbitamente el panorama... Si a los ya previstos votos negativos se sumara algún pícaro, algún tembloroso... Si, pongamos sólo como hipótesis tragicómica o estremecedora, tuviera que definir la votación el amigo Carlos Saúl...
–¿En qué se equivocó en estos años? Pero por favor, no me diga “en mucho”, sin darme ejemplos…
–En el monopolio de los medios.
La respuesta la dio en agosto de 1998 Carlos Menem en una entrevista que le hizo Jorge Lanata, en la por entonces flamante revista XXI. Lástima que Lanata se aceleró con las preguntas rápidas y cortitas y no pudo sacarle (o transcribir) algo más. A menudo desempolvo esta respuesta de Menem y también la autocrítica universal que, de a uno en fondo y prolijamente, han hecho los secretarios de Cultura de cada gobierno que pasó: no haberse atrevido o podido con los monopolios de la comunicación.
–¿Qué cosas en estos años de democracia reconoce como errores?
–Bueno, lo de la Ley de Radiodifusión es una cosa terrible.
Esta otra respuesta pertenece a Luis Brandoni (que además de actor y legislador fue asesor cultural de Alfonsín) y fue dada en 2002 para una investigación sobre políticas culturales hecha por un equipo de periodistas del extinto Movimiento Argentina Resiste (MAR), uno de tantos emergentes en los años del estallido.
Volviendo al suspenso de la pregunta anterior: si la aprobación en el Senado de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales dependiera de la mano alzada de Carlos Menem, usted, lector:
a) Se pegaría un tiro en las pelotas.
b) Le taparía la cara con la almohada y seguiría ejerciendo el rito democrático.
c) Se taparía los ojos con la palma de la mano y con la otra mano cerraría el puño preparado para gritar el gol.
d) Se levantaría indignado del asiento (volaría por los aires el aparato de control remoto) para señalar la turbia paradoja: “¡Hé aquí cómo cierra el círculo pervertido de la pantomima K. ¡¡Lo dijimos!! ¡¡¡Eran peores que Menem!!!”.
En estos días puede leerse por Intenet una entrevista que el portal Política y Medios le hizo a Jorge Rachid, ex secretario de Prensa de Menem durante las privatizaciones de los canales 11 y 13. Un par de respuestas del ex funcionario:
–Tuve muchas conversaciones con Magnetto y no me cabe duda de que su designio es poner un presidente. En las reuniones se hablaba de cómo iba a ser el proceso de privatización, donde ellos tuvieron una ingerencia grande y fueron los que más impulsaron la modificación del artículo 45.
–La privatización de los canales la viví de forma muy fuerte porque teníamos mucha presión. Conmigo se reunieron Rupert Murdoch (dueño de la cadena Fox), Silvio Berlusconi (actual primer ministro italiano y empresario de medios), la gente de Televisa de México, todos querían ingresar... José Luis Manzano, que jugaba junto a Macri para Berlusconi. Manzano quería permitir el ingreso de capitales extranjeros, lo que hizo que estuviéramos toda una noche peleando.
“Apoyo absolutamente la nueva ley de Radiodifusión”, dice hoy Jorge Rachid, tras describir aquellos vértigos, presiones, reuniones, operaciones de lobby que incluyeron hasta a un senador norteamericano enviado por Murdoch. Son imágenes que hacen recordar la foto que circuló esta semana por la Red, en la que Silvana Giúdici apareció escrachada tomándose un café de urgencia con Alberto Veiga, de la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas. Ambos juntitos en Aeroparque, entre el debate en el Congreso y la audiencia pública a la que la oposición de derecha llamó en Mendoza y que terminó copada por simpatizantes de la ley. Tantas idas y vueltas que llevan a preguntarse: ¿qué resentimientos e intereses prevalecerán en Menem a la hora de decidir su voto? ¿Los resentimientos contra Clarín o los resentimientos contra el kirchnerismo?
Espanto: no parecería asomar milagro alguno. Si se diera la hipótesis de la votación a desempatar
por Carlos Saúl, uno tiende a pensar que Menem votaría con entero, placentero, sistemático y muy masticado odio antiká.
¿Pero si el milagro se diera?
Uno es hincha de River y deplora –especialmente por haberla sufrido– esa cultura bostera de festejar el ominoso gol con la nuca en el minuto 47 del segundo tiempo.
Claro que, quizás en este caso, cree el que escribe, festejaría.
Por Eduardo Blaustein
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