Buenos Aires Económico // 04-09-09 // Neoliberalismo, globalización y crisis mundial

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Norberto Colominas
 
El neoliberalismo y la globalización son dos cosas diferentes y no pueden ser asimiladas. El neoliberalismo es una nueva etapa del capitalismo. Entonces, cuando decimos “neoliberalismo” no eludimos la naturaleza capitalista del sistema económico. Es una nueva etapa –en cierto modo, peor que las anteriores– surgida hace unos treinta años. No es posible establecer una fecha exacta porque las cosas empezaron de a poco en varios lugares del mundo, sin embargo podemos establecer 1979 como el año emblemático. Fue cuando Paul Volcker, entonces titular de la Reserva Federal de Estados Unidos, decidió aumentar las tasas de interés hasta el nivel que se necesitara para luchar contra la inflación, aunque en realidad se trataba de otra cosa porque, como se sabe, esta decisión tuvo consecuencias muy graves en el resto del mundo. Estados Unidos no se preocupó por las repercusiones negativas que provocaría en los países endeudados.
En la mayoría de los países del mundo el neoliberalismo significa mayor condicionamiento del trabajo (estancamiento o caída del poder de compra de los asalariados) y serias dificultades para lograr el crecimiento de las empresas. Consecuencia: si hay menos para repartir no disminuirá la cantidad de ricos sino que aumentará la cantidad de pobres.
Otro aspecto del neoliberalismo es la apertura de fronteras. Cuando un país menos avanzado le abre sus fronteras a un país más adelantado, las consecuencias para el menos avanzado son invariablemente negativas. Esto no significa que no deban existir convenios internacionales de comercio ni acuerdos regionales, pero la apertura fronteriza global generalizada es algo que siempre daña a los países de menor desarrollo.
Otra herramienta fundamental es la libre circulación de los capitales, con las consecuencias que conocemos bien en la Argentina. Eso es el neoliberalismo, que de ninguna forma se puede interpretar como un modelo de desarrollo, aunque sus promotores lo hayan vendido así. Por ejemplo, antes de 1980 México tenía tasas de crecimiento de 6% anual. Después de ese año, con la crisis de la deuda y la nueva etapa del capitalismo, ese porcentaje se redujo en dos tercios. Desde 1979 y hasta 2003 la Argentina tuvo una tasa de crecimiento lenta y errática. Y otro tanto ocurrió en el resto de los países de América latina, con la excepción relativa de Brasil, porque en ese país y en China se concentró la inversión externa de las economías más desarrolladas.
En el caso de México el avance llegó hasta 1982 (crisis de la deuda) ya que la tasa de crecimiento era muy alta y el país no tenía recesiones como la de 1994, cuando el llamado efecto “Tequila” desarticuló la sociedad. Si el neoliberalismo fuera un modelo de desarrollo sería un fracaso, pero no es tal cosa sino una herramienta del capitalismo más concentrado para dominar el sistema mundial, sus ganancias y posiciones.
Veamos algunos números. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el 1% de los hogares norteamericanos recibía el 16% del ingreso total del país, pero después de la crisis de los ’30 y de la guerra la caída fue enorme. El ascenso del socialismo significó un cambio todavía mayor, porque redujo enormemente la desigualdad en los propios Estados Unidos y en casi todo el mundo. Lo interesante es que en las décadas posteriores a la Segunda Guerra este porcentaje siguió disminuyendo hasta llegar a 8% en los años ’70.
Durante los años ’60, ese 1% de los hogares solía recibir un formidable 33% de la riqueza total de los Estados Unidos. Después de la crisis estructural de los ’70 había bajado a 22 por ciento. Entonces el capitalismo más concentrado reaccionó. Fue una lucha de clases a escala mundial, promovida desde Estados Unidos y acompañada por las burguesías europeas. El éxito que tuvo este contraataque se observa en los niveles de apropiación de riqueza. En esta restauración los países centrales extrajeron del resto del mundo recursos de todo tipo.
Entonces ya tenemos el cuadro del estancamiento de los ingresos de las clases ricas después de la Segunda Guerra, su ascenso en los ’60, su caída durante los ’70 y su recuperación con el neoliberalismo a principios de los ’80 (Reagan, Thatcher). Esto se observa al seguir el movimiento de la tasa de interés real, es decir, corregida por inflación. La curva empezó en 1955 oscilando entre 2 y 3%, se volvió negativa durante la crisis de los ’70, cuando en Wall Street las ganancias cayeron muy fuerte.

CAMBIOS. Ninguna clase capitalista podía subsistir en esas condiciones. A partir del neoliberalismo las cosas cambiaron de forma radical. Las tasas de interés reales se dispararon desde entonces hasta los primeros años del nuevo siglo. Los dividendos que las sociedades distribuyen a sus accionistas en los Estados Unidos también aumentaron. América latina fue un buen alumno del neoliberalismo, pero también lo fueron Gran Bretaña, Alemania y Francia.
La conclusión es que el crecimiento de los ingresos obtenidos por las multinacionales no se deriva de una mayor inversión sino de las altas tasas de interés. El enriquecimiento resulta de obtener mayores rendimientos financieros, no de levantar más fábricas o hacer más obras públicas o fomentar el empleo. Desde Reagan y Thatcher el capitalismo mundial ha sido hegemonizado por el capital financiero, para mal de muchos. Quizá la crisis actual cambie las cosas. Habrá que esperar y ver.

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