Revista Debate // 28-08-09 // La decadencia de YPF
Por Sebastián Premici Sometida a la aplicación de un contrato que obliga a la distribución del 90 por ciento de las utilidades durante diez años, la ex petrolera estatal -hoy conducida por el Grupo Eskenazi- transita por un inexorable plano inclinado que, dentro de no mucho, dejará al país sin reservas suficientes para garantizar el autoabastecimiento
El petróleo sigue siendo el oro negro, más allá de la crisis financiera y económica mundial y de la baja en el precio internacional de este commodity. Los hidrocarburos son un resorte estratégico desde lo político, lo económico y lo financiero.
Mientras tanto, YPF es una de las empresas más rentables de la Argentina. En 2008, las utilidades netas de esta compañía fueron de 943 millones de dólares, lo que representó un 23,15 por ciento de las utilidades totales de Repsol YPF.
A pesar de que Repsol explicite en sus balances su clara decisión estratégica de desinvertir en el país -operación que enmarcó la llegada del Grupo Eskenazi a la compañía local-, YPF sigue representando un buen negocio para los españoles y, particularmente, para el nuevo grupo accionario. La otrora compañía estatal argentina equivale, para Repsol, al 50 por ciento de sus reservas de gas y petróleo. Además, a partir del convenio firmado con Eskenazi, se beneficia con la distribución del 90 por ciento de las utilidades de la compañía por los próximos diez años. El año pasado, esa cifra fue de 2.689 millones de dólares (sumados dividendos de ejercicios anteriores, del 2008 y anticipos).
Para la familia Eskenazi también resultó un negocio interesante. Sin prácticamente haber puesto dinero propio, se beneficia de las ganancias de la petrolera y del cobro intensivo de dividendos.
Frente a estos primeros números, cabe la pregunta: los hidrocarburos, ¿son considerados un recurso estratégico para el país?
La supuesta argentinización de YPF a partir del ingreso de Petersen Energía S.A. -PESA- (compañía propiedad de la familia Eskenazi constituida legalmente en España, cuyo único accionista es una empresa australiana del mismo grupo) con el 14,9 por ciento de las acciones de Repsol, haría pensar que sí. Pero, un análisis minucioso de las condiciones que permitieron la entrada de los Eskenazi en la empresa, más una lectura de los últimos balances de Repsol YPF (haciendo hincapié en el ítem inversiones y cruzando esa información con los datos registrados sobre pozos perforados, exportación de hidrocarburos, caída de reservas en los últimos años y giro de dividendos) dan otra cara de la “argentinización” y hablan sobre la política energética del país.
La gestión de Enrique Eskenazi en YPF, un hombre conocedor de “empresas reguladas”, como lo definió el titular de Repsol en España, Antoni Brufau -idéntica descripción a la que figura en los informes de la Comisión de Valores de Nueva York- debería analizarse a partir del convenio firmado con Repsol, por el cual la misma Repsol, accionista mayoritaria de YPF, se obliga a votar la distribución del 90 por ciento de los dividendos.
El alto porcentaje de dividendos comprometidos anualmente es una radiografía de lo que representa YPF para el grupo Petersen. Los nuevos pozos que se logren perforar y la recuperación de reservas de hidrocarburos que se consiga en la actual gestión de los Eskenazi - comandada por Sebastián, hijo de Enrique- dependerá del 10 por ciento restante de esas utilidades para reinvertir en el país, más allá de que se puedan conseguir otros mecanismos de financiación.
“La gestión de Repsol achanchó el funcionamiento de YPF. Repsol era una empresa mucho más chica que YPF. Para comprarla, tuvo que apelar a créditos financieros y sacar del país una gran cantidad de dividendos. Esto generó dificultades para YPF, ya que más dividendos significa producir más, acortar la vida de las reservas e invertir menos en exploración de nuevos pozos”, señaló a Debate el especialista en temas energéticos Víctor Bronstein. La descripción que hace de la compra que hizo Repsol a finales de la década de 1990 obedece a la misma operatoria que realizaron los Eskenazi: una combinación de créditos internacionales -incluido el de la propia Repsol- y distribución intensiva de dividendos.
Si la gestión de Repsol achanchó a YPF, ¿por qué será diferente la operatoria de la compañía bajo la conducción de los Eskenazi si, a fin de cuentas, se comprometieron a una distribución intensiva de dividendos? “Si por diez años me llevo el 90 por ciento de las utilidades, al cabo de ese tiempo tendré una empresa vaciada. Hay un claro deterioro patrimonial. Éste es el principal tema, no si Eskenazi compró o no con plata propia”, señaló a esta revista la diputada Lidia Pinky Satragno, quien elaboró un completo pedido de informes sobre la operatoria de Eskenazi, avalado por los diputados Federico Pinedo (PRO), Enrique Thomas (Unión Peronista), Luis Lusquiños (Frejuli), entre otros legisladores.
Los balances e informes consolidados que Repsol presenta a sus accionistas en España son un excelente manual para entender el rumbo que está tomando la compañía en el mundo y en la Argentina. De esos informes se desprende que YPF está enmarcada en el rubro desinversión. Dice Repsol en su informe de Auditoria Consolidado, fechado en mayo de este año: “El cobro por la desinversión -es decir la venta del 14,9 por ciento de las acciones de YPF a los Eskenazi- fue de 1.220 millones de dólares. En noviembre de 2008, Petersen accedió a comprar el 0,10 por ciento, por 13 millones de dólares. Esta venta generó para Repsol un beneficio consolidado, antes de impuestos, de 126 millones de dólares”. Actualmente, las zonas estratégicas para Repsol están en Brasil, México, Libia, y Trinidad y Tobago. La estrategia para la Argentina -que se consolida con la gestión del Grupo Petersen- fue y seguirá siendo exprimir los yacimientos existentes en detrimento de las reservas y de los recursos naturales como un bien estratégico. “En el marco del plan global de inversiones de 1.737 millones de dólares, hay que destacar los 79 millones del Plan Desarrollo de Activos dedicados al rejuvenecimiento de los campos de YPF. Esta inversión permitió incorporar 75 millones de barriles de petróleo”, se especifica en uno de los apartados del Balance Consolidado 2008 de Repsol.
En realidad, la compañía no incorporó más reservas a partir de nuevos pozos, sino que los 75 millones de barriles se consiguieron a partir de inversiones en yacimientos maduros. “Explotar las cuencas maduras es lo contrario de invertir para buscar nuevos yacimientos. Hoy, las reservas no se reemplazan con nuevos pozos a partir de exploración propia, sino por nuevas concesiones o prórrogas”, indicó a Debate Roberto Zorzoli, especialista en temas de Defensa del Consumidor y asesor parlamentario.
¿DÓNDE ESTAN LAS RESERVAS?
A principios de la década de 1990, cuando se inició el proceso de privatización de YPF -que comenzó con la tercerización de los servicios de exploración- las reservas de la compañía cayeron abruptamente, producto de un revalúo técnico. Tres años después de esa caí-da, las reservas volvieron a aparecer.
“Terminada una parte de la privatización de la compañía y con (José) Estenssoro a la cabeza, las reservas volvieron a subir, como producto de otra revaluación técnica. Nunca se supo bien cómo aparecieron nuevamente luego de tres años. En la Argentina, son las mismas compañías las que certifican sus reservas; no existen las auditorías externas, como en todas partes del mundo”, explicó a Debate una especialista en hidrocarburos, asesora de un ex candidato a gobernador de Santa Cruz.
Las empresas petroleras informan las reservas certificadas por compañías privadas especializadas, la mayoría ubicadas en Estados Unidos, Suiza y Francia. Un dato no menor: estas consultoras son el mismo tipo de empresas que las que estuvieron involucradas en el affaire Shell, cuando la petrolera angloholandesa declaró una caída de sus reservas del 30 por ciento, de un día para el otro.
La historia de YPF puede leerse en el derrotero del yacimiento Loma La Lata. En el año 2000, la empresa logró la prórroga de la concesión de este yacimiento ubicado en la provincia de Neuquén, hasta el año 2047. Lo curioso del caso fue que la renegociación del contrato se realizó 17 años antes de la finalización original del mismo, fecha que coincidió con el famoso megacanje de Fernando de la Rúa-José Luis Machinea. Como parte de la prórroga de esta concesión, Repsol YPF se comprometió a desembolsar en la provincia 300 millones de dólares.
El año pasado, ya con los Eskenazi a la cabeza de la empresa, a través del decreto provincial 822/2008, se extendieron las concesiones de ocho yacimientos de Neuquén hasta el año 2027. De ese acuerdo suscripto entre ambas partes surge que YPF deberá instrumentar un plan de inversiones de 3.200 millones de dólares en “áreas de exploración remanentes”. La prolongación de las concesiones, sobre todo Loma La Lata (2000), permitió ampliar las concesiones del 50 por ciento de las reservas de YPF en Argentina.
En 2004, según consta en los registros de la Secretaría de Energía, las reservas comprobadas de este yacimiento -a partir de los datos que envían las mismas empresas-, ascendían a los 7.941 millones de metros cúbicos de petróleo. Mientras que las de gas eran de 124.033 millones de metros cúbicos. Pero, en 2008, las reservas de Loma La Lata habían descendido a 4.266 millones de metros cúbicos para el petróleo y 50.698 millones para el caso del gas.
Las reservas totales de petróleo y gas de YPF siempre tuvieron picos de alzas y bajas. Sin embargo, la tendencia actual marca una constante hacia la baja. En el año 2000, las reservas de petróleo de la otrora empresa estatal eran de 106.893 millones de metros cúbicos. En 2003, éstas ascendieron a 149.059 millones de metros cúbicos. Pero, en 2006, ya habían bajado a los 89.000 millones de m3, mientras que en 2007 la cifra cerró en los 86.141 millones de la misma unidad. En 2008, la cifra casi ni se movió (86.191). Según un informe elaborado por el Instituto Argentino de la Energía General Mosconi, las reservas de petróleo cayeron un 34 por ciento en relación a diez años atrás y se encuentran en el punto más bajo de los últimos 30 años.
Mientras las reservas comenzaron un proceso de caída, el pago de dividendos de YPF no se detuvo. Datos de la Comisión Nacional de Valores -que se desprenden de la lectura de los balances de los últimos cinco años de la compañía-, dan cuenta de que en 2004 la compañía pagó 1.785 millones de dólares en concepto de dividendos. En 2005, fueron 1.600 millones de dólares, mientras que en 2007 fueron de 748 millones.
Sin embargo, 2008 fue el año de mayor distribución de dividendos: nada menos que 2.689 millones de dólares. Tamaña cifra surgió de las ganancias de la compañía y del acuerdo firmado por Eskenazi para entrar como un jugador fuerte al negocio petrolero.
Para hacer frente a los primeros pagos del crédito otorgado por la propia Repsol, Eskenazi pactó la distribución por adelantado de un dividendo de 850 millones de dólares, pagados entre 2008 y 2009, de los cuales PESA debería recibir 14,9 por ciento, es decir 127 millones de dólares.
“El negocio petrolero que apunte a aumentar las reservas y la producción de la compañía es un negocio a muy largo plazo. Y, en ese negocio, tenés que tener mucha espalda. YPF tiene el 60 por ciento del mercado de combustibles líquidos. Está abocada al downstream -refinación-. Es también la principal reserva de gas. Todo esto significa mayor producción y por ende mayor caja. Eskenazi ve el negocio de la energía como un negocio financiero. Lo maneja como un flujo de caja cuando la energía debe ser un tema estratégico. Se debe invertir hoy para tener un rendimiento mañana”, agregó una fuente cercana al ex diputado Eduardo Arnold, otrora número dos de Néstor Kirchner en la provincia de Santa Cruz.
De acuerdo con los datos que maneja Félix Herrero, del movimiento Moreno, la tasa de sustitución de YPF cuando era estatal alcanzaba el 60 por ciento. Ahora es del 15 por ciento. Es decir que, por cada cien barriles extraídos, se reponen solamente 15. “Lo que hizo Eskenazi fue comprar una sucursal de Repsol en la Argentina. Es una operación similar a la que hace la British Petroleum, que tiene como mano derecha a los Bulgheroni para hacer buenos negocios en el país y con el país. Es una asociación para conseguir que la pata local -en este caso los Eskenazi- pueda hacer de brokers con el Gobierno. No por nada Eskenazi fue presentado como un hombre experto en empresas reguladas”, reflexionó Herrero ante esta revista.
El total de reservas de Repsol -según consta en el Balance del año pasado distribuido a sus accionistas- equivale a 2.210 millones de barriles de petróleo y las de gas ascienden a los 7,34 trillones de pies cúbicos. Más allá de la notoria baja en sus reservas en todos estos años -pero pronunciada a partir de 2005- YPF representa el 52 por ciento del total de reservas de Repsol (entre gas y petróleo), cuando Trinidad y Tobago llega al 22 por ciento (sólo gas). Justamente, esta última es una de las regiones donde Repsol está concentrando la mayor cantidad de sus inversiones, en detrimento de la Argentina, considerada por Repsol una zona para de-sinvertir.
LOS NÚMEROS DE ESKENAZI
Las inversiones de YPF declaradas en España para 2008 fueron de 2.156 millones de dólares, de los que aproximadamente el 80 por ciento fue destinado a “proyectos de desarrollo de exploración y producción de hidrocarburos, entre ellos el acuerdo de extensión de las concesiones en la provincia de Neuquén”.
¿Cuánto de esa inversión, ya bajo la gestión Eskenazi, fue para la exploración de nuevos pozos y la explotación de los ya existentes?
El año pasado, con el Grupo Petersen a la cabeza, las inversiones en exploración y producción fueron de 1.475 millones de dólares, de los cuales 1.306 correspondieron a desarrollo de pozos ya existentes y 169 millones de dólares fueron para la exploración de nuevos pozos. En cantidad de pozos, esto se tradujo en sólo cuatro nuevos pozos productivos de petróleo y uno sólo de gas.
Estas cifras chocan con el pago de dividendos, que el año pasado fue, como ya se dijo, de 2.689 millones de dólares. Es decir, un 67 por ciento más que lo invertido en exploración y producción.
En 2007, se dio una relación similar: en desarrollo fueron invertidos 1.217 millones de dólares, mientras que en exploración 136 millones; es decir, un 11 por ciento de la inversión total dentro del rubro Exploración y Producción.
En lo que va de este año, las perforaciones de nuevos pozos ascienden a seis. Según el balance del primer semestre 2009, presentado a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, las perforaciones exploratorias en curso representan un valor residual de 18 millones de dólares.
“Supongo que la nueva gestión en YPF intentará invertir esta situación y se abocará un poco más a la exploración off shore, que es hacia donde tiene que ir la Argentina para ver si tiene petróleo mar adentro”, especuló Bronstein ante Debate.
La pronunciada baja en las reservas de la compañía durante los últimos años, más la mínima inversión realizada en la exploración de nuevos pozos, es inversamente proporcional a las ganancias de la compañía y al pago intensivo de dividendos, que es la piedra angular para entender el actual contexto de la pseudo argentinización de YPF. El resultado consolidado del Ejercicio 2008, para todo el grupo Repsol, fue de 4.057 millones de dólares, de los cuales YPF representó el 23 por ciento (943 millones de dólares).
Según consta en el balance del primer semestre de este año, la compañía que conduce la familia Eskenazi aprobó, el 5 de mayo último, en reunión de Directorio, el pago en efectivo de dividendos por un total de 641 millones de dólares. Pocos días antes, en la reunión de Directorio del 28 de abril de 2009, fue aprobada la apropiación de reservas para futuros pagos de dividendos por 1.529 millones de dólares.
Esta cifra, aprobada por el Directorio de la compañía, será restada de la capacidad de financiamiento de nuevos pozos y recupero de reservas, el bien más preciado para una petrolera, desde el punto de vista económico. Y el más poderoso interés geopolítico para un Estado.
“Todas las empresas distribuyen pocas utilidades, salvo las petroleras y las telefónicas. YPF está distribuyendo el 5 por ciento de su capital en utilidades, algo poco visto en el mundo de los negocios (n.d.r: por ejemplo, en 2008, cuando YPF pagó 2.689 millones de dólares en dividendos, Petrobras lo hizo por 93 millones de dólares. Si bien ambas compañías no tienen el mismo tamaño en el país, la diferencia es elocuente). YPF en sí no vale tanta plata. Lo que vale, lo que tiene un fuerte peso económico para los Eskenazi y para Repsol es la posibilidad de seguir sacando plata por los próximos diez años”, afirmó a Debate un miembro de la Comisión de Energía y Combustibles de la Cámara de Diputados.
En definitiva, YPF es una de las empresas más rentables del país. En 2006, representó el 50 por ciento de los resultados de Repsol, un 48 por ciento en 2007 y un llamativo 20 por ciento el año pasado, como consecuencia de la política de desinversión. Sin embargo, todavía representa el 52 por ciento de las reservas de hidrocarburos de la compañía española. Y, para colmo de males, YPF dejó de ser la estrella de Repsol, ya que la mayor cantidad de inversiones y decisiones estratégicas de los españoles está orientada hacia Brasil, México y Trinidad y Tobago, países a los que se agregó Libia. Repsol recibirá de YPF, por los próximos 10 años, el pago del 75,1 por ciento de las utilidades de la compañía, producto del contrato firmado con los Eskenazi, quienes a su vez se beneficiarán con el 14,9 por ciento, lo que completa el 90 por ciento pactado.
Entretanto, el actor más perjudicado de esta historia es el Estado argentino, ya que el actual modelo de la compañía deja poco margen para reinvertir en aumentar las reservas, sin olvidar que la supuesta “argentinización” no es más que un eufemismo para decir que un empresario argentino -experto en empresas reguladas- ingresó a un negocio multimillonario a partir de una compañía que se maneja legalmente con las leyes de España, la que, a su vez, es controlada por una compañía australiana.
Finalmente, vale señalar que, para 2018, los Eskenazi deberían tener todas sus deudas cubiertas y la consiguiente posibilidad de vender su parte en YPF a un valor mucho mayor al que fue “comprada”.
Un negocio redondo por donde se lo mire, salvo para el futuro energético del país.
Cómo compró Eskenazi
Bajo el concepto de argentinización, el Grupo Eskenazi ingresó formalmente en YPF en febrero de 2008, cuando concretó la compra del 14,9 por ciento de las acciones de la petrolera.
La operación significó que esa porción de las acciones de YPF está, actualmente, en poder de Petersen Energía S.A. (PESA). Según el Registro Mercantil Central del Reino de España, la empresa está dedicada a la inversión, gestión y administración de valores, títulos y acciones que cotizan en Bolsa, con un capital de 60.102 euros, y un único accionista: la sociedad Petersen Energy PTY Ltd., compañía constituida con domicilio legal en Rialto Towers, 525 Collins Street, Melbourne (Australia).
Por lo tanto, la argentinización de YPF tiene sede en Australia.
Diversos informes enviados por la propia compañía a la SEC -Securities and Exchange Commission, por sus siglas en inglés; en verdad, la Comisión de Valores de Estados Unidos- revelan que Petersen S.A. fue capitalizada por Petersen Energy PTY en 110 millones de dólares.
Según datos que figuran en la Comisión norteamericana -donde quedó registrada toda la operación comercial- la capitalización se logró a partir de un crédito que Chervil Capital Invest, una subsidiaria del Credit Suisse, otorgó a PESA por 70 millones de dólares. Este préstamo estuvo garantizado “por todos los activos, valores e inversiones que en el presente o en el futuro tengan depositados en el Credit Suisse, Petersen PTY, Matías Eskenazi, Enrique Eskenazi, Sebastián Eskenazi y Hazel Sylvia de Eskenazi”.
Además de los millones de Chervil, las subsidiarias del grupo Petersen -Petersen Inversiones, Petersen Thiele y Cruz, y Mantenimientos y Servicios- y cada uno de los miembros de la familia, efectuaron préstamos por un total de 35,5 millones de dólares a su propia subsidiaria australiana. Estos datos que figuran en la SEC fueron revelados también por un grupo de senadores del radicalismo en abril de 2008, en un pedido de informes al Poder Ejecutivo.
Un abogado de la Comisión Nacional de Valores (CNV) de Buenos Aires explicó a Debate que este tipo de operaciones financieras corresponde a un “fenómeno de la economía actual. La operación de los Eskenazi puede enmarcarse en la parábola del cuchillo, que sirve tanto para matar como para cortar una manzana. La operación fue legal; habrá que ver su legitimidad en el tiempo”, razonó el letrado de la entidad reguladora.
La operación de compraventa estableció que Petersen Energía SA tiene que pagar un total de 2.235 millones de dólares hasta el 21 de febrero de 2018 por la adquisición del 14,9 por ciento de las acciones de YPF. La operación incluyó un mecanismo de financiación a partir de un crédito otorgado por un grupo de bancos, liderados por el Credit Suisse, por 1018,85 millones de dólares. Estos bancos fueron el Crédit Suisse (601 millones de dólares); Goldman Sachs (100 millones); BNP Paribas (175 millones) y el Banco Itaú Europa (150 millones). La transacción se llevó a cabo a través del Banco de Nueva York.
En el contrato se estableció el pago en efectivo del 10 por ciento del valor equivalente al 14,9 por ciento de las acciones de YPF, aproximadamente 201 millones de dólares. Para pagar esa suma, el Grupo Eskenazi cedió el derecho al cobro de la porción de dividendos del ejercicio 2006 de YPF, equivalente a esa misma suma. Es decir que Eskenazi no puso dinero propio en la operación.
El otro tramo de la financiación fue mediante un préstamo que Repsol hizo a Petersen, de 1.015 millones de dólares, con una tasa de retorno del 8,13 por ciento. Para hacer frente a los primeros pagos, se pactó la distribución de un dividendo de 850 millones de dólares, cancelados entre 2008 y 2009 (de los cuales PESA debería recibir 14,9 por ciento, es decir 127 millones).
En el contrato de compraventa fue incluida una cláusula por la que las partes se obligan a distribuir en dividendos el 90 por ciento de las utilidades de la compañía. YPF pagó el año pasado, en concepto de dividendos, según fuentes de la CNV, 2.689 millones de dólares.
“Su negocio es la actividad financiera a partir del manejo de fondos públicos; lo mismo hizo con los bancos de San Juan, Santa Fe y Entre Ríos”, aseveró a Debate el senador radical Alfredo Martínez (Santa Cruz), quien era intendente de Río Gallegos en el momento de la privatización de la entidad financiera santacruceña (1991-1999).
El peso político de los Eskenazi termina de comprenderse con el desglose de la estructura económica del grupo Petersen. Un análisis realizado por el diputado de Proyecto SUR Claudio Lozano establece que el Grupo posee la firma Mantenimiento y Servicios SA (también constructora); el 99,98 por ciento del capital de Santa Sylvia SA (la empresa agroindustrial de vinos y aceites), y el 3,34 por ciento del capital social de América Latina Logística Mesopotámica, una empresa ferroviaria transportadora de cargas. A esto hay que sumarle la propiedad de Petersen Inversiones SA (PISA), la principal firma bancaria del Grupo, dueña de las cuatro entidades financieras provinciales mencionadas.
En la trama económica del Grupo Petersen no existe ningún conocimiento específico previo sobre el mercado de hidrocarburos.
S.P.
“Falta una política de Estado” *
“La incorporación de un socio argentino a la empresa petrolera española no mejoró la performance de la misma en cuanto al mayor capital que una petrolera posee: sus reservas. De hecho, las nuestras se han reducido en un 50 por ciento en los últimos años y el horizonte no supera los nueve años, mientras que las utilidades obtenidas por YPF rondan los cuatro mil millones de dólares. Para mejorar la situación energética en nuestro país, es indispensable definir en el sector una política de Estado consensuada con todos los sectores políticos con representación parlamentaria, ya que la energía exige gestión de políticas a largo plazo, por la magnitud de las inversiones que se requieren y su tiempo de ejecución. Sin estas definiciones, el país y sus ciudadanos son cautivos de un futuro sin desarrollo.”
*Senador Ernesto Sanz, titular del bloque radical en el Senado de la Nación.
La Ley Corta
La historia de la Argentina podría trazarse a partir del debate velado sobre quién tiene la potestad de manejar, usufructuar y gestionar los hidrocarburos del país. Lo habitual en el mundo es que sean nacionales quienes toman las decisiones sobre qué hacer con el petróleo y a quién dar licencias para su extracción. En cambio, en la Argentina, son las provincias las que manejan el destino de los hidrocarburos.
La Constitución de 1853, la de 1947, la de 1957 e, inclusive, la reforma que propuso la dictadura militar en 1972 sostuvieron la posición nacionalista sobre el tema. Pero en el artículo 124 de la Constitución Nacional, reformada en 1994, se resolvió: “Corresponde a las provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su territorio”. Gobernaba Carlos Menem.
En 2003, terminó de consolidarse la provincialización de los hidrocarburos. Fue promulgado el decreto 546, en el que se estableció que las nuevas concesiones de hidrocarburos serían fijadas por las provincias. El decreto 546/03 terminó de concretarse en la votación de la llamada Ley Corta, también sancionada en el 2006. “Las provincias asumirán en forma plena el ejercicio del dominio originario y la administración sobre los yacimientos de hidrocarburos que se encontraren en sus respectivos territorios”, reza el texto de la ley 26.197.
Actualmente, mediante un simple decreto provincial, son los gobernadores de las provincias petroleras quienes pueden prorrogar, cancelar u otorgar nuevas licencias de explotación de yacimientos a su arbitrio, algo poco común en el mundo.
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