Ventitres// 27-06-09 //Diego Capusotto "Construyen la sensación de que nunca estuvimos peor"
27-08-2009 / Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación
mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de
la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la
oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de
un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Por Diego Rojas
Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón
Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios
Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja,
en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en
brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie.
Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se
levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la
estatuilla y propuso: "Que disfruten del sueño". Acababa de recibir un
reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las
palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca
Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había
sacado el pulovercito.
Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno
de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus
creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del
lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus
videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con
Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las
filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al
infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor
liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa
setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que
ya quisieran los más renombrados analistas.
El segmento radial "Hasta cuándo" es la más brutal denuncia del accionar de
los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la
cadena nacional de malas noticias -a la vez que señala cómo una parte de la
población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas-. Una
estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la
derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de
Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá
permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice,
está más cerca del oficialismo que de la oposición.
Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un
reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus
personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa
es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.
El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con
Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus
parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el
escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito
similar al que usó la noche de los Martín Fierro.
-¿Vivís hace mucho en Barracas?
-Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste.
Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un
recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de
adolescente y de adulto.
-¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?
-No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para
mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca,
que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la
acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe
una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en
lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde
te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a
vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja
cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes
que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un
ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de
puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.
-Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?
-Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo
hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió
a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos
en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo
exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no
pasa sólo por reírse.
-La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?
-La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso.
Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es
una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede
ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar
en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra
superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero
mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde
no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No
cambio este lugar y menos con 48 años.
-¿Te ofrecieron ir a otro canal?
-Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible,
que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me
interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas,
nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un
privilegio.
-Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota
en YouTube, lo mismo el programa de radio.
-Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me
hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por
Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación
por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y
aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los
encuentros para que este programa siga funcionando.
-Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con
Bombita y con "Hasta cuándo". Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona
son los medios que mejor expresan la realidad política.
-El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos
tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un
mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo
reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El
videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no
es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la
idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me
remito.
-¿Cómo actúa el humor frente a eso?
-La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable:
las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una
lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: "A mí
no me contaminás, no me la vendés". Otras cosas rozan otros mundos,
totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la
realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en
ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en
realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su
plan de exterminio.
-Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es
irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.
-Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un
Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos
causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista,
vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa
construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que
representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa
crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso
algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal,
porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.
-Ese momento político también te marcó.
-Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos
atravesó, aunque en el '73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el
momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía
la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado
a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía
de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener
presencia.
-¿Siempre te sentiste peronista?
-Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo
que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un
nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado.
Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del
peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como
posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa
espantosa.
-El gobierno rescató símbolos de los '70.
-Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la
historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en
sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para
saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el
poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para
la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y
tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar.
También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso
puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo
comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno
no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer
día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto
pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo
han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.
-Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una
Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi
dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.
-Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir
Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen
en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela.
Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís:
"Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos
mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?". O:
"¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas,
con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la
calle y el corralito?". Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país.
Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy.
Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de
blancos con Grondona.
-En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
-Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del '76. No
porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que
ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que
Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el
campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que
más putean contra el Gobierno.
-¿Y Pino Solanas?
-Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me
pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o
Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran
jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me
provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a
lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.
-¿Qué pensás de la izquierda?
-Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás
trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la
derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también
estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a
López Rega en el gobierno de Isabelita.
-Hubo una izquierda que no apoyó al campo.
-Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar
el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.
-¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?
-Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición
plantea otras discusiones: "Ah, ponen plata para el fútbol y no para el
hambre". Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita.
Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos.
Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos
socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más
humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la
fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los
intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque
no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está
mal en absoluto.
-La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo
Clarín.
-Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la
confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su
vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen
sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!
-Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?
-Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de
menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único
siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se
siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que
haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.
-¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?
-Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación,
las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda
rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la
Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es
claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para
que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice
Biolcati.
-¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?
-Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la
construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El
Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la
Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para
atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el
reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver
cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.
-¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?
-Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son
absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito
ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la
vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se
usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para
evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades
-Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia
de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.
-Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos
y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no
reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar
respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas
porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a
veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.
-¿Qué ves con tus hijas en la tele?
-Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años,
empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio
mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es
totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la
casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa
en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que
yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.
-¿Cómo vive tu familia tu exposición?
-Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una
presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos
murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y
más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y
mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la
posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más
grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.
-Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.
-Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza.
Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos,
pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El
sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos,
quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al
menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica
masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es
pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton
John y ni siquiera con George Michael.
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