Blog Orlando Barone // 26-08-09 // La pelota no para nunca
No hace falta sentarse ante el televisor a ver todos los partidos de
fútbol y la repetición de todos los goles. También se pueden ver
otros programas. O dejar de mirar el televisor y aunque sea de vez
en cuando mirar a alguno de la familia. Al perro o al gato que siempre
un mimo necesitan. Y no estaría mal apagar el televisor y mirarse a
si mismo, lo que requiere bastante tolerancia y misericordia.
No. No hay necesidad de indigestarse de fútbol por televisión para
aprovechar la oferta: se corren serios riesgos de malversación visual
y espiritual. Lo del espíritu es un chiste porque a nadie se le ocurre que
todavía hay esperanzas de recuperarlo. Debe de haber fanáticos
capacesde ver por repetición entre la tarde del sábado y la
noche del domingo más de doscientos treinta goles.
Algunos en cámara lenta. Si se losmultiplica por los goles que se les
aparecen en los sueños suman millares.Es un exceso: porque hay
otrosmodos de entretenimiento. No me hagan recomendarlos:
algunos son tan obvios como recomendar hacer elamor
o leer un libro. Ambas actividades más habladas que
ejercidas. Pero la demagogia es la tendencia de época impuesta
desde los comensales de la mesa gourmet para reclamar por la
mesa del hambre, sin por eso perder el apetito.
Ultimamente todos quieren repartir salarios y subsidios por doquier
como si fueran comunistas de 1917, pero con el pensamiento cautivo
de la economía de mercado y sin bajarse del auto ni de del charter
a la pista de esquí. A la distribución equitativa se le teme porque es una
aventura ideológica; por eso prefieren la caridad: que es una
resignación compasiva y caprichosa que depende del estado de
ánimo del caritativo. Quiero decir que el fútbol no es todo.
Que hay vida más allá de la pelota.
Ya van a ver cómo empiezan a reproducirse los “contras”.
Sí, los que para contrarrestar el efecto del fútbol estatal y por
alcahuetería histórica al instrumento de viento de metal de sonido
estridente, van a empezar a encontrar defectos de transmisión y de
emisión. /“¡Qué se va a comparar! Si con los privados el fútbol se veía
mejor”./ Rezongarán con lágrimas y conjuntivitis en los ojos. Y hasta
van a descubrir que a los jugadores los presiona el populismo y cada vez
que tocan la pelota miran de reojo hacia el balcón de la Casa rosada. Lo
que nadie debería atreverse a decir es que el fútbol es el opio de los
pueblos. Porque peor opio y narcótico que el fútbol es ver desde hace
mucho por la televisión en cadena tragedias mayoristas.
Y ver una y otra vez durante una semana un piquete que solo duró
diez minutos y con los gritos intensificados con efectos sonoros; y ver
cómo nos pasan una y otra vez al feroz, al malvado dictador Chávez
siempre cometiendo injusticias contra los justos y que no se sabe
porque mierda los venezolanos lo votan siendo tan malo;
y ver pasar una y otra vez el aumento del desempleo argentino,
diciendo que si hasta el Indec lo confiesa es porque aquí debe de
haber más desempleados que en el desierto de Sahara donde los
únicos que tienen empleo son los camellos. Los “contras”, son
especialistas en anunciar granizo cuando lo que cae es rocío
mientras ellos están bajo techo; y capaces de criticar hasta la
forma en que cae el agua de las cataratas del Iguazú del lado
argentino; mientras proclaman extasiados que del lado
brasileño caen que es una maravilla.
También van a decir que todo esto del fútbol se hace para que
mientras el pueblo se embota de goles, detrás del televisor los de
arriba lo roban. /Y siga, y siga,/ el fútbol. Un instrumento musical
de viento no le gana a la libertad de la pelota.
Carta abierta leída el 24 de Agosto de 2009 en Radio del Plata.
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