Veintitres // 09-07-09 // ¿De quién es ese bichito?

Publicado en por Opiniones Creadas

08-07-2009 /  Los chiqueros de una multinacional en un pueblo mexicano podrían ser el origen del virus. Las denuncias, los intereses detrás de la enfermedad y las razones del alerta tardío a la OMS.

Por Raquel Roberti

A diferencia de los argentinos, que llevan a mano un frasco de alcohol en gel y barbijos tapando media cara, los habitantes de La Gloria aceptaron a principios de abril, con mezcla de resignación y enojo, que más de la mitad de los tres mil pobladores tenían gripe. Recién a fin de ese mes confirmarían, con la muestra de Edgar Hernández, de cinco años, que no se trataba de una gripe común y estacional, sino de un nuevo virus, el A/H1N1, que tiene componentes de las gripes aviar, porcina y humana. La Gloria es un pueblo mexicano que está cerca de la frontera con Estados Unidos y de la ciudad norteamericana de Harlingen. Allí vivía Judy Trunnell, maestra de 33 años y reciente madre, hasta que enfermó y murió, convirtiéndose en la primera víctima del A/H1N1 en aquel país. Su esposo Steven acaba de demandar a la productora de carne porcina más grande del mundo, Smithfield Foods Inc –cuya filial mexicana, Granjas Carroll, está en La Gloria–, responsabilizándola de la muerte de Judy. Según Trunnell y su abogado, Marc Rosenthal, en los chiqueros de esa empresa se originó la gripe que afecta a 123 países del mundo y que en la Argentina ya causó 60 muertes.

Según informó Ignacio Ramonet en un artículo que publicó Le Monde Diplomatique, los demandantes reclamarán un millón de dólares en concepto de daños y perjuicios y aportarán las pruebas de que en las instalaciones de Granjas Carroll se originó la gripe, antes porcina, nunca mexicana y ahora A/H1N1. La empresa tiene en la localidad mexicana un total de 200 porquerizas por las que pasan cerca de un millón de cerdos cada año, según sus propias estadísticas. El 50 por ciento de esa empresa es propiedad de Smithfield Foods, que tiene sede en Virginia, Estados Unidos, y filiales en otros nueve países; es la tercera empresa de alimentos más importante en el mercado norteamericano –detrás de Archer Daniel Midland y Tyson Foods– y la número 222 entre las 500 más grandes del mundo, según la revista Fortune. Las ventas anuales superan los 12 mil millones de dólares.

Smithfield Foods desmintió a través de un comunicado que el virus se hubiera originado en sus chiqueros, ya que “no hay pruebas de la presencia de gripe (H1N1) en las manadas de cerdo o en los empleados de cualquiera de las filiales”. Lo hizo después de que la agencia canadiense de inspección de alimentos (CFIA) confirmara casos positivos en cerdos de una granja de Alberta, Canadá. En el texto, Smithfield sugiere que ese sería el origen del virus y señala que si hay contagio entre cerdos y humanos, eso subraya “la necesidad de implementar medidas de bioseguridad apropiadas”, que promete continuar adoptando.

La revista mexicana La Jornada dedicó este año varios artículos a señalar las condiciones en que Granjas Carroll lleva adelante su producción y las protestas de la población local, cansada de vivir en medio de una nube de moscas y de un olor nauseabundo. El 4 de abril una foto mostraba a un niño en una manifestación llevando una pancarta con un dibujo de un cerdo y la leyenda: “Peligro, Granjas Carroll”. En la nota, Andrés Timoteo daba cuenta del cerco epidemiológico que las autoridades de salud habían establecido en La Gloria (estado de Veracruz) y recordaba que desde febrero una empleada municipal, Bertha Crisóstomo, pedía ayuda a esas mismas autoridades por la súbita enfermedad de vías respiratorias de decenas de familias. Apenas dos días antes de la publicación de esa nota se había enfermado Edgar, el “paciente cero” de la gripe porcina. Edgar fue una de las cientos de personas que presentaron síntomas gripales y las autoridades creen que el brote comenzó, en realidad, en marzo.

Sin embargo, recién el 24 de abril el gobierno mexicano dio el alerta a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que finalmente declaró a esta gripe pandemia global. Los medios mexicanos especulan sobre las razones de esos veinte días de silencio y lo atribuyen tanto al interés de preservar el negocio turístico durante los días de Semana Santa como a no entorpecer la visita del presidente norteamericano Barack Obama –la segunda salida de su país desde que fuera electo–, que se concretó el 16 de abril.

Apenas cinco días después del aviso gubernamental a la OMS, Carlos Martínez reseña en rebelión.org las anomalías que detectó la Comisión de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Cámara de Diputados mexicana en Granjas Carroll. En ese detalle se destacan: “Las áreas de eliminación de desechos no están lo bastante alejadas de las fuentes de agua; el agua se extrae indiscriminadamente de los pozos para lavar los residuos; las lagunas de tratamiento no cuentan con geomembranas, filtros y fosas de tratamiento biológico; el aire de la localidad presenta un aumento de amoníaco y otras sustancias debido a que las lagunas de oxidación están mal gestionadas; los suelos están totalmente erosionados; los olores fétidos ponen en entredicho la calidad del aire; el consumo de agua en las granjas supera al de todas las poblaciones de la región”. Casi lapidario y sin respuesta.

Luis Hernández Navarro, de La Jornada, va más allá y dice que “las granjas de Smithfield son verdaderas ciudades de puercos, rodeadas de mares de mierda y desechos, que crecen a la sombra de regulaciones ambientales débiles y autoridades permisivas” que, según el periodista, promocionan proyectos sociales con las donaciones de esa empresa y, en paralelo, cubren las anomalías en su actividad. Hernández Navarro asegura que “los habitantes de Achichica, Guadalupe Buenavista, Quechulac, Guadalupe Victoria, San Luis Atexpac, Portes Gil, San Pedro el Águila, Techachalco, Achichica, Iztoten, La Gloria y Xaltepec, comunidades enclavadas alrededor de las ciudades de puercos de Granjas Carroll, viven desde hace 14 años con miedo a la contaminación. Respiran día y noche una peste infernal. Las tolvaneras arrastran la fetidez a muchos kilómetros a la redonda. Ellos creen que sus enfermedades respiratorias se deben a la empresa”.

En teoría, las autoridades sanitarias enviaron especialistas a los chiqueros de Granjas Carroll para confirmar o no el origen del brote, pero luego del anuncio nada más se supo. De todas maneras, y más allá de estas acusaciones, los especialistas coinciden en que el cambio radical en la producción –de granjas pequeñas a las llamadas Factory Farms (instalaciones intensivas donde los animales se hacinan en jaulas)– es un caldo de cultivo para la mutación y propagación de virus.
Ya en 2003 Bernice Wuethrich señalaba ese riesgo (número 299 de la revista Science): “El virus de gripe de cerdo evoluciona y produce variantes cada año. Los cambios en la forma de cría, incluyendo la inoculación de antibióticos y vacunas, pueden estimular esa evolución. Si en uno de esos cambios el virus gana la capacidad de extenderse entre la gente, las consecuencias podrían ser mortales”. Y si de profecías se trata, el virólogo molecular Christopher Olsen, de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, había advertido en ese mismo año que “la próxima pandemia aparecerá en nuestro patio trasero, México”.

En definitiva y al parecer, todos estaban avisados, menos los que enfermaron. Claro que, como señaló Edgardo Trivisonno, sanitarista y ex subsecretario de Salud porteño, “no es común que el cerdo contagie a un ser humano”, a pesar de que es en esos animales donde se produce la mutación. Para Trivisonno, “la teoría más aceptable es que surgió en la frontera entre México y Estados Unidos, pero no se puede saber dónde con exactitud y además, obviamente, nadie quiere atribuirse la paternidad”.

De allí surgen las razones por las que, a diferencia de la gripe española o aviar, a esta se la conoce con su denominación viral. “Estaría mal llamarla mexicana porque no se sabe quién se contagió de los cerdos, por eso no funcionó el cierre de los vuelos a México y se propagó por todo el mundo”, razona Trivisonno. Y por otro lado, tampoco se la puede llamar porcina porque tiene un triple componente: porcino, aviar y humano. “Esa triple composición es posible porque las aves defecan en los chiqueros, los cerdos comen e incorporan el virus, que es muy mutable y recombinó la parte aviaria con la porcina; y cuando se transmitió al ser humano sumó el componente de la influenza, el H1N1 de tipo A”, explica el sanitarista con tono pedagógico.

Está claro el porqué del nombre, permanece en la oscuridad –al menos oficialmente– el origen, pero más allá de que haya sido, como tituló The New York Times, “De la garganta de Edgar al mundo” o no, la epidemia existe. Y las formas intensivas de producción, que incluso dejan de lado la animalidad del animal para tratarlo como “producto”, deben ser puestas bajo el microscopio sanitario para evitar que las poblaciones adyacentes –y luego el mundo entero– enfermen más allá de lo razonable. En salud, después siempre es tarde.

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