Blog Orlando Barone // 16-06-09 // Empacho cubano
No nos empachen de Hilda Molina. Déjenla que visite a su madre y que esté con su familia en vez de hacer que se pase todo el tiempo ante micrófonos y cámaras. Si extrañaba tanto conocer a sus nietitos no la distraigan y déjenla que esté con ellos en lugar de estar con los cronistas. Que la presidenta cumpla su diplomacia afectiva. Y que la demagogia mediática lagrimee emociones de familia. Pero no nos atiborren de Hilda Molina. No la tironeen para que diga que Fidel Castro es un verdugo y ella una mártir; ni la inciten a declamar que la Argentina es su tierra bendita y que por fin va a comer un buen asado en lugar de comer siempre arroz frito o arroz hervido. Aunque por suerte aquí va a poder saber lo que son los medios de comunicación libres que difunden cosas distintas y variadas, y no como en Cuba que publican y dicen siempre lo mismo: ¡Viva Fidel! Mientras que aquí para encontrar alguno que diga ¡Viva Cristina o viva Kirchner! hay que revolver inútilmente todo el kiosco de diarios , poner alguna radio del fondo del dial con interferencias y olvidarse de los canales de noticias todos en contra. Ya se sabe: Hilda Molina ha salido del atroz cautiverio. Y lo increíble es que tiene pasaje de vuelta. Ojalá en su estadía argentina con su familia, y luego de una semana, no empiece a sentir nostalgia de volver a estar sola en su casa en la isla. No es fácil la convivencia con nadie.
No creo que la compensen los movileros merodeando a todas horas y esperando que salga a la puerta, ni los llamados de las radios desde el amanecer para lograr que ella maldiga la dictadura de Fidel y revele todo cuando sabe del genocidio socialista. No nos abrumen de Hilda Molina. Y no la atosiguéis. Vino a estar con su familia no con los medios. Si se la pasa de un canal a otro, de una a otra entrevista, qué tiempo le queda para estar con sus nietos que eran lo que más deseaba en la vida. Bastante tiene ella con su blog al que debe atención incesante porque los fans anticubanos la desbordan. Aunque en Cuba, tal vez, haya alguien feliz. Aunque sea uno. Alguien distraído que no sabe quién es la leve mártir Hilda Molina, pero sabe quién es el profundo mártir convertido en tatuaje.
Carta abierta leída en Radio del Plata el 16 de Junio de 2009.
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