Buenos Aires Económico // 01-07-09 // Sin fraudes ni catástrofes anunciadas, la ciudadanía habló

Publicado en por Opiniones Creadas

29-06-2009 /  Llamado de atención al kirchnerismo, en una curiosa elección, que no define demasiado de cara a las presidenciales de 2011.
Curiosa elección de medio tiempo la de ayer en la Argentina, en la que el Gobierno kirchnerista sufrió inocultables efectos de debilitamiento político sin que, sin embargo, se produjera la catástrofe que se anticiparon a promocionar sus enemigos, y en la que al mismo tiempo ninguna de las principales fuerzas de la oposición pudieron emerger como claras triunfadoras. En rigor, y si se mide en términos personales, un primer análisis indica que los grandes ganadores del comicio son figuras o con serias resistencias en sus fuerzas de origen, como Carlos Reutemann en el peronismo y Julio Cobos en el radicalismo y el Acuerdo Cívico y Social, o bien emergentes de armados alternativos y más radicalizados, como el de Pino Solanas.
Más difícil todavía, salvo en el caso de Solanas, resulta establecer una caracterización contundente del perfil político e ideológico que podrían llegar a tener las propuestas de algunos de los dirigentes presumiblemente fortalecidos por los resultados en las urnas, aun cuando uno pueda sospecharla con sobrados argumentos, teniendo en cuenta en general la vacuidad de los discursos con los que llegaron a estos comicios, o incluso las contradicciones en las que cayeron cuando la dinámica de la campaña los puso en la obligación de ensayar definiciones más concretas. Es obvio, al respecto, que no está de más preguntarse, verificada la buena performance electoral del principal candidato de Unión Pro en la provincia de Buenos Aires, Francisco de Narváez, si el nivel de votación recibido deberá computarlo, y actuar en consecuencia, a su más tradicional perfil de empresario proveniente del menemismo o, por el contrario, al sorprendente y brusco salto hacia las filas del estatismo con el que se posicionó en los últimos días.
Un dilema que se acentúa apenas se analiza la elección en la Ciudad de Buenos Aires, donde los socios macristas y privatistas de De Narváez, el oficialismo porteño con Gabriela Michetti a la cabeza, vieron descender en 14 puntos porcentuales su propia cosecha electoral en comparación con la votación del 45 por ciento con la que ganaron la primera vuelta electoral de 2007. Bordeando el 31 por ciento de los votos, Michetti y el resto de la gente de Macri apenas le ganó por 6 puntos a un Pino Solanas que rompió pronósticos a favor de un proyecto de recuperación del control público sobre todos los sectores estratégicos de la economía y los servicios y sobre sus rentas, de un fuerte proceso de redistribución del ingreso y de defensa del medio ambiente.
Aunque, por supuesto, la oposición de centro derecha liberal que expresa la Unión Pro del macrismo y de De Narváez consiguió éxitos en distritos importantes. La situación es más compleja para la otra fuerza con aspiraciones a conformarse como la alternativa al kirchnerismo, el Acuerdo Cívico y Social de los radicales y Elisa Carrió.
El único gran logro de ese sector es el que concretó Cobos en Mendoza, encarnado como candidato por el reelecto senador Ernesto Sanz. El espaldarazo político que recibió el vicepresidente del voto "no positivo" en el conflicto del campo, y el comportamiento más bien pobre de las demás figuras de la coalición que integra, deberían colocarlo a la cabeza de los presidenciables del espacio para 2011. El problema es que la sinuosidad de su trayectoria política de los últimos años –fue el jefe de los radicales "kirchnerizados" en 2007– lo convirtieron en una figura muy poco confiable, y hasta poco querida, por la propia Carrió, por el presidente de la UCR, Gerardo Morales, por el alfonsinismo más puro y por referentes como Margarita Stolbizer.
También podría computarse como una conquista del Acuerdo Cívico y Social el hecho de que, de acuerdo con primeros cálculos que habrá que confirmar o rectificar con el paso de las horas, podría conformar la segunda minoría en la dos cámaras del Congreso. Pero no se puede dejar de contabilizar, al mismo tiempo, el fuerte traspié en la ciudad de Buenos Aires, hasta el 2007 un bastión del "lilismo" en elecciones a diputados nacionales, hasta el punto de que a las horas de escribir estas líneas está fuertemente en duda que la propia Lilita Carrió ingrese a la Cámara de Diputados como tercera candidata de su fuerza en la Capital. Es una perogrullada destacar que de esta manera queda seriamente afectada la posibilidad de que Carrió pueda asumir en dos años una nueva candidatura presidencial. La imagen de conjunto de la elección del Acuerdo Cívico y Social también quedó ensombrecida por la dificultad de los socialistas santafesinos del gobernador Hermes Binner para confirmar los vaticinios según los cuales su candidato a senador nacional, Rubén Giustiniani, iba a vencer con alguna holgura al peronista disidente Carlos Reutemann.
Como compensación, la imagen del espacio panradical ofrece triunfos numéricamente muy módicos pero simbólicamente fuertes, sobre el kirchnerismo, nada menos que en Santa Cruz y en Entre Ríos, el epicentro de la protesta de los propietarios rurales en estos meses.
Ese resultado santacruceño, por cierto, debe ser una de las espinas más puntiagudas entre las que castigaron el cuerpo del kirchnerismo en la jornada de ayer. Como elementos de contrabalance de ese resultado y las elecciones poco brillantes del Frente para la Victoria en los principales distritos electorales del país el hecho de que la fuerza, con el Partido Justicialista como núcleo, sigue siendo la primera minoría en las dos cámaras del Congreso Nacional, aunque ya sin quórum ni mayoría propios, lo que en todo caso anticipa menos problemas de gobernabilidad para estos dos años que vienen que los que mentaban, y hasta impulsaban, algunas voces del establishment empresarial y mediático.
Si se trata de recomponer poder para ensayar un proyecto de continuidad en 2011, los Kirchner deberán contar, y construir, un futuro inmediato económico que vaya dejando ostensiblemente atrás los riesgos de la crisis internacional y sus efectos en el país y, tal vez, potenciar sus estrategias de conformación de bloques apoyo social a partir de medidas de redistribución del ingreso y de democratización de los mecanismos de decisión y representación.
Enfrente, ya a partir de mañana empezarán a imaginar estrategias de disputa del liderazgo del peronismo, como paso hacia un posicionamiento para las elecciones de 2011, Reutemann a nivel nacional y De Narváez –¿y Felipe Solá?– en la provincia de Buenos Aires, presumiblemente con el apoyo de los saberes en cuanto a armados en la superestructura del aparato del PJ bonaerense de parte de Eduardo Duhalde. Es que terminada la elección, todo indica que De Narváez ya no tendrá los mismos pruritos contra los barones "impresentables" del duhaldismo que mostró a lo largo de la campaña para las elecciones de ayer.

Por Carlos Eichelbaum

 

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