Newsweek // 17-06-09 // El millonario que va por todo

Publicado en por Opiniones Creadas

17-06-2009 /  El plan del empresario para ser gobernador y presidente. Por qué se peleó con Felipe Solá y odia que lo comparen con Berlusconi.
Por Sebastián Catalano

"Tiene un miedo bárbaro... de ganar”, dice alguien que lo conoce mucho, que fue testigo de varios de sus negocios más importantes y que ahora lo acompaña de cerca en la política. Francisco De Narváez, 53, cabeza de la lista de Unión-PRO en Buenos Aires y empresario millonario nacido en Colombia, sueña con ganarle a Néstor Kirchner para luego jugar todas sus fichas a un número: el de la gobernación bonaerense. Algunas encuestas —propias— dicen que sí, que quizás gane. Por eso el vértigo inesperado. Tiene más sueños, además, el “Colorado”, para más adelante: quiere todo, llegar a lo más alto. Por ahí pasa, hoy, su libido. En otra época fueron las fiestas glamorosas de Punta del Este, los triatlones y los business vertiginosos, los mismos que lo llevaron a ponerse el caño de una pistola en su sien y pensar durante un día entero, encerrado en el cuarto de un hotel cinco estrellas, si se volaba la cabeza o no. Fue no. Después, él mismo repite cada vez que puede una suerte de epifanía —mística, hollywoodense y publicitaria— que lo hizo zambullir en la política. Primero, armó fundaciones y equipos técnicos. “Después, le puse el cuerpo”, como él mismo dice. Carne y dinero. Mucho dinero: más de US$ 16 millones para esta campaña, según algunos cálculos. Pero en ningún momento de este parto político se olvidó de su estilo agresivo para hacer negocios. Al contrario. Está en su genética y lo busca en sus aliados políticos y en los colaboradores más cercanos de los que se rodea. Quizá por ese estilo tan “corporate”, sus cientos de millones, sus medios de comunicación, su perfil altísimo y sus ideas de derecha, surge como una versión vernácula de Silvio Berlusconi.

En este orden, De Narváez apoyó políticamente a Carlos Menem, Eduardo Duhalde y a Mauricio Macri. Ahora está convencido de que llevará a cabo su proyecto solo, con sus aliados peronistas, con su amigo Mauricio o con quien sea. “Hace casi 10 años se decidió por la política y lo hizo con todo. Es así, no para”, dice un legislador de PRO. “Pero es un tipo raro, muy raro y muy desconfiado”, aclara, rápido. El legislador pide que no se mencione su nombre, al igual que otros entrevistados para esta nota. El caldeado clima electoral hace que lo último que un político quiera es herir susceptibilidades. Y mucho menos la del jefe. O del futuro jefe.

“Francisco es terriblemente desconfiado”, coincide un viejo dirigente del peronismo federal de Eduardo Duhalde, que lo conoce desde hace años. “Tiene un trato afable, por momentos parece afectuoso, pero no cree nada de lo que se le dice. Su actitud parece reflexiva, pero es muy distante en realidad. E insoportablemente obsesivo”, describe. Los “compañeros” que siguen a De Narváez creen que esa desconfianza es típica de alguien que acaba de meterse en un campo minado y lo aceptan, pero cada vez lo soportan menos. Y mucho menos desde que, con el peso de su nutrida billetera, relegó a su aliado, Felipe Solá, al subsuelo del espacio tripartito que en teoría iban a conformar con Macri. Y la gente de Solá lo odia. Tanto, que hace tres semanas el búnker de De Narváez en Las Cañitas fue invadido por un malón de punteros y candidatos a concejales enardecidos que habían acordado su inclusión en las listas y fueron apartados a último momento. El grupo ingresó al edificio, rompió computadoras y todo lo que se le cruzó en el camino. Más de cuarenta concejales cercanos a Solá y a Duhalde que quedaron fuera de la elección. El incidente no sólo provocó la ruptura de objetos de las oficinas, sino que también terminó con el diálogo entre Solá y De Narváez: “A ese hijo de p… no le hablo más. Es peor que Kirchner”, le espetó Solá a Macri, que, otra vez, intentaba interceder. Desde entonces, no se dirigieron la palabra, se esquivan en los actos y harán lo mínimo indispensable para sostener el acuerdo durante los próximos diez días. Consultado por Newsweek, uno de los voceros de Solá desmintió una nueva pelea: “Lo peor ya pasó. Ahora se vieron en Lanús y Pergamino y la pelea que mencionan fue hace tres semanas y sólo por un candidato que quedó afuera”.  Sin embargo, aunque resulte inconveniente hacerlo público, en el entorno cercano a ambos candidatos aseguran que la relación se termina después del 28.

Mientras tanto, los muchachos peronistas que todavía lo acompañan cruzan miradas cómplices y se ríen por lo bajo de pequeños detalles que, dicen, pintan al “Colorado” en cuerpo y alma. Pocos entienden el espacio que le da a su mujer, la ex modelo platense Agustina Ayllón, madre de sus dos hijos menores, Milena y Juan, y embarazada del tercero, y ven con cierta sorna algunos gestos que consideran, en el mejor de los casos, como poses exageradas. Por ejemplo, que se pare en los asados políticos a ceder el asiento a cualquier dama que se acerque.

De Narváez terminó el secundario tarde. Y nunca fue a la universidad. Por eso se enorgullece de sus éxitos empresariales y de que uno de sus negocios, Casa Tía, haya sido caso de estudio de la prestigiosa Harvard Business School. Pero su formación teórica, académica y política,  es casi nula. “Un día me dijo: ‘¿Qué hay que leer de Perón?’… y se leyó todo”, dice un dirigente. Desde entonces, De Narváez hizo propia una frase que repetía el General: “El genio es el trabajo”. La fórmula mágica, casi perfecta, que le permite conjugar su obsesión por el trabajo y la doctrina peronista. Es un admirador declarado de Perón, tanto, que compró en un remate internacional su biblioteca y uno de sus trajes de gala por US$ 250.000.

Millonario, raro, jefe despiadado, ultraprofesional, ejecutivo, sangre nueva. Todo eso se dice de Francisco De Narváez. “Es un vago, como Macri”, insiste el ministro de Justicia, Aníbal Fernández. “Si no fuera porque le faltan patillas y tiene un tatuaje en el cuello, De Narváez se parece demasiado a Menem, por sus ideas, el culto a la frivolidad y la poca voluntad para respetar lo que dice la ley”, asegura el candidato a diputado e intendente de Morón, Martín Sabbatella. “Es el padre Grassi de la política”, exagera Víctor Fayad, intendente radical de Mendoza.

En lo que para muchos es el pico más alto de una campaña que se embarra día a día más, el cuestionado juez federal de Campana, Federico Faggionato Márquez, involucró al candidato en un caso de presunto narcotráfico. Y quiere, a toda costa, que vaya a declarar a su juzgado. Faggionato, que tiene 37 pedidos de juicio político y al que muchos vinculan con el Gobierno, asegura que De Narváez tiene que dar explicaciones por un supuesto vínculo con Mario Segovia, el llamado “rey de la efedrina”. El diputado, en tanto, se indigna, denuncia campañas “sucias” y se ampara en sus fueros. “Es una barbaridad”, dicen algunos miembros de la oposición, como Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, “... pero que se presente a la Justicia”. En tren de no aclarar nada, el “Colorado” asegura que no tiene que justificar un aumento de patrimonio que en los últimos cinco años fue del 900 por ciento. Ante la negativa del candidato a conceder una entrevista a este medio, el martes 16, le realizamos tres preguntas en una conferencia de prensa en el Congreso, en el marco del ciclo “Preguntar al poder”, que organiza la Fundación Konrad Adenauer. Aquí, las dos primeras, sobre la campaña y sus experiencia en el mundo de los negocios. Lo próxima, sobre su situación judicial, más adelante.

- Esta semana dijo que el Gobierno irá por los depósitos de la gente en los bancos. ¿Tiene información concreta de que podría suceder o es una estrategia de campaña?

- No hago en campaña cosas distintas a las que hago fuera de ella. No creo que en campaña valga todo, pero sustento mi comentario en las conductas del kirchnerismo. El gasto nacional corre al 26 por ciento y el ingreso al 13. Eso lleva a una necesidad de financiamiento. Dentro de las pautas casi de impunidad con las que se mueve el kirchnerismo, no descarto, y no es información sino presunción, que frente a la necesidad de caja el Gobierno le coloque a la banca privada deuda contra sus depósitos. Esto ya se hizo en la Argentina. Tenemos un déficit latente y solapado por las elecciones, pero el 29 de junio existe y el PBI cae al 3-4 por ciento. Esto se traduce en las cuentas públicas, y no veo al kirchnerismo con la intención de bajar el gasto. No descarto que el próximo objetivo sea la banca.

- Su desempeño en la función privada tuvo réditos y mucho reconocimiento: la Universidad de Harvard tomó como caso testigo la performance de Casa Tía. La lógica empresarial, ¿qué ventajas concretas le dio para la política y en qué manera cree que lo puede perjudicar?

- Los empresarios y los políticos comparten una característica que es el espíritu emprendedor. Mi vida se caracterizó por hacer que las cosas sucedan. Tener un rumbo, una visión, convocar a los mejores hombres y mujeres para generar ese proceso y conducirlos ordenadamente. Muchas veces uno afronta situaciones que desconoce cómo se resuelven, lo que hay que conocer es quiénes pueden hacerlo, convocarlos, darles autoridad, autonomía, exigirles resultados y verificar algo que aprendí de mi abuelo: lo que no se mide no se alcanza. En la política no es muy distinto, pero la diferencia central es que en el sector privado el marco es acotado. En el sector público uno atiende y se entiende de todo y de todos. En mi empresa hice y luego me retiré. Lo mismo pasa con la política: viene un  tiempo de transformaciones estructurales en la Argentina, en el que los dirigentes tenemos que dar testimonio de que venimos a trasformar cuestiones públicas. Pero ese tiempo se agota rápido. Por eso tenemos la obligación de generar una enorme ola de otros dirigentes que sigan el mismo rumbo.


“Francisco va a jugar a full con el que le convenga para ser gobernador en 2011. Es un pragmático absoluto”, revelan desde su entorno. Su idea es llegar a la gobernación, pero no de cualquier manera: quiere negociar poder real de presupuesto sobre al menos tres áreas: acción social, seguridad y salud. Está convencido de que si no hace eso  va a sufrir el mismo grado de dependencia del Estado nacional que padece Daniel Scioli por estos días. Después, sí, la presidencia. A De Narváez no le preocupa su nacionalidad colombiana y la prohibición constitucional de que extranjeros se sienten en el Sillón de Rivadavia. Está convencido de que lo salvarán los pactos que alcanzaron nivel constitucional en la reforma de 1994. En ellos se habla de presidentes “ciudadanos” y no de “nativos”. En esa definición amplia se apoyará el candidato a la hora de ir a golpearles la puerta a los jueces de la Suprema Corte de Justicia, los que definirán en última instancia qué letra debe predominar, si la de los tratados internacionales o la de la Constitución. Por las dudas, De Narváez ya envió a sus emisarios a tantear informalmente a tres de los ministros de la Corte. “Llegado el caso, veremos”, dijeron los jueces. Y eso le alcanza al “Colorado” para soñar. “Primero el 28. Después, La Plata”, frenó a quienes igual siguen buscando grietas para el lejano 2015.

"Qué te pasha, colorado, estásh, nerviosho”. El petiso que cree que imita a Néstor Kirchner le guiña el ojo a uno que lo acompaña y se siente el más gracioso del mundo. Algunos de los que caminan junto a De Narváez se ríen a carcajadas. Otros, los que trabajan con él, hacen como que se ríen, pero no. Varios grandotes cuidan que las risas no se conviertan en manotazos o algo más. Fotos, chicos, más gritos, algún insultos que hacen referencia a un supuesto vínculo con el tráfico de drogas y a su holgada fortuna. Las caminatas no le gustan al millonario. Pero hay que hacerlas porque las elecciones son ya. Y ahí va. Cuando escucha el grito tinelliano del petiso gracioso, el candidato —camisa, camperita de lana con cierre, tatuaje a la vista— cierra los ojos un segundo más allá del pestañeo común. Está cansado, fastidiado. Harto, quizás. Pero hay que reírse como se ríe su clon en “Gran Cuñado”: con todos los dientes, la garganta clara, los ojos bien abiertos y la cabeza medio tirada para atrás. Y se ríe. Camina un rato más para terminar por zambullirse a su camioneta importada que lo traslada por el Conurbano. “Una más, una menos”, dice uno de sus colaboradores, a los que, queda claro, tampoco les gustan las caminatas.

“Yo lo veo bien”, dice el encuestador y analista Manuel Mora y Araujo. “Supo instalar su nombre en poco tiempo, y eso es un logro interesante… lo hizo con muchos recursos, es cierto”. También, señala el experto, gracias a una prolija construcción mediática, una estrategia de posicionamiento. “Creo que se ve a sí mismo como un producto, y no está mal. Todos los candidatos debieran verse así... aunque sea un poco”. “Me parece una buena opción política, hoy, y creo que además hay que ser conscientes de que no son los líderes los que nos usan a nosotros sino nosotros los que usamos a los líderes. No tengo que admirar a alguien para votarlo. Es un voto. Busco apoyar una opción política, no un salvador, un amigo, un santo, un semidiós, un probo total”, asegura Alejandro Rozitchner, reciente gurú macrista. 

De Narváez también tiene su “aparato”. Sus propios compañeros de ruta estiman que lleva gastados unos US$ 16 millones. Pero en esa bolsa millonaria puede haber de todo, según quién la calcule. Algunos incluyen la compra de Clan Comunicación e Imagen, una empresa de publicidad premium y cartelería, con imprenta propia y más de 400 carteles en la vía pública en todo el país, cuya mayoría accionaria De Narváez compró en 2008. Para el candidato, se trató de un negocio extrapolítico. Para otros, es un movimiento de campaña más que estratégico. Según la ley, en la provincia un partido no podría gastar más de $ 15 millones en la campaña. De Narváez dice que “esta campaña cuesta mucha, pero mucha plata, y es toda, pero toda mía”, y asegura que sus apariciones en la televisión y los carteles con su imagen previos a la presentación formal de las listas eran sólo simple difusión de imagen y no campaña. De Narváez se mueve en camionetas importadas y viaja al interior provincial en un avión Cessna Citation Excel de 10 plazas valuado en US$ 6 millones.

Esta megaestructura le permitió, además de empezar mucho antes la campaña, chequearla por completo mediante focus groups para saber qué hacer y qué no antes de confirmar candidaturas. Pero llegaron Faggionato y la efedrina. “Más allá de que todo esto pueda terminar beneficiándolo, el tema lo mató”, aseguran en su entorno. Las imágenes de esos días en los que trascendió el tema de los Nextel y las llamadas a Segovia, en las que su hijo mayor lloraba de bronca por haber puesto la flota de celulares del personal de los campos de la familia a nombre de su padre y no de la empresa, hicieron mella en De Narváez. Después vino la estrategia: recusar al juez Faggionato, intentar no presentarse a declarar y acusar al Gobierno.

- Esta semana la Cámara tiene que decidir si recusa a Faggionato. Si no se lo recusa, ¿se va a presentar?

- Voy a esperar el resultado de la Cámara.


La mesa chica de De Narváez es… muy chica. Casi el único que se sienta a ella es Gustavo Ferrari, cuarto en la lista Unión-PRO, jefe de campaña y mano derecha. Eso molesta a varios de los que pululan por el búnker de Las Cañitas. Ferrari es abogado, tiene 52 años y un estilo que se parece mucho al de su jefe: es un gerente eficiente que se ganó su confianza. Es bonaerense, de Chivilcoy: su padre era  dueño de la tradicional Confitería Vallergay de esa ciudad. Hoy, todo pasa por Ferrari, pero otro con el que De Narváez habla mucho de política es José Luis Manzano, uno de sus socios en América. “Pero ‘Chupete’ no puede aparecer cerca de Francisco, no quiere... no conviene”, dice uno de sus asesores de imagen. “Él tiene una historia, un pasado, público y conocido. Lo reconozco por su capacidad e inteligencia, y creo que hemos encontrado un equilibrio, entre su impulso creativo y la gestión empresaria, que es lo que nosotros aportamos”, aseguró De Narváez hace unos años sobre su socio, en una entrevista.

Después, claro, está su nutrido equipo técnico, en el que gasta muchos miles de dólares por mes desde hace mucho tiempo. Son unas 30 personas, entre personal de marketing, prensa, asesores y los infaltables profesores de oratoria, teatro y… danza. Sí, el mismo que ayudó, con escaso éxito, a la performance de reggaeton que De Narváez intentó junto a Roberto Peña, su imitador en “Gran Cuñado”. Los días previos a su presentación en el programa de Marcelo Tinelli el candidato no cancelaba su clase de baile por nada del mundo. Mientras, su equipo “deconstruía el lenguaje del imitador” para no dejar ni un punto al azar, el “Colorado” movía el esqueleto. O trataba de hacerlo. Francisco De Narváez fue el primer político en visitar “Gran Cuñado”. Pero en el estudio con más rating de la televisión, además de intentar bailar, desaprovechó la oportunidad de “desafiar” a un debate, al menos, al falso Néstor Kirchner. “Néstor, por qué no te animás a debatir”, podría haberle dicho a Freddy Villarreal. Con más reflejos, una semana más tarde el verdadero Daniel Scioli provocó al imitador de De Narváez: “Dejá de versear con eso de que tenés un plan porque nadie lo conoce y ya no te cree nadie”. De Narváez —el falso— sólo emitió una risita y siguió con su clásico “quereme, querete”. La diferencia entre uno y otro fue observada por cuatro millones de espectadores-votantes. Y aún se especula con que Néstor Kirchner irá al programa a días de la elección.

Además de la tropa propia que lo acompaña a sol y a sombra, el “Colorado” también tiene  “asesores heredados”, los que llegaron de parte del espacio que formó con Macri. “A Francisco le cae mucho mejor Ramiro Agulla que Jaime Durán Barba. Creo que es porque él sí pudo incorporar la experiencia política a su análisis. Eso lo hace más independiente. Con Mauricio eso no pasa tanto…”, asegura otro legislador.

“Responde a un perfil que mucha gente busca: una imagen creíble y en apariencia poco interesada por lo económico”, opina Mora y Araujo. Pero eso puede convertirse en una trampa para el “Colorado”, ya que con una imagen personal no alcanza. “Sólo podrá crecer y avanzar en el marco de un partido, de una estructura. No se puede ser dirigente sin estructura”.

Su experiencia legislativa es bastante pobre. Con pocas intervenciones en la Cámara, entre los 39 proyectos de ley que presentó se destacan 8 educativos y 6 relacionados con el agro. ¿Cuántos proyectos sobre seguridad presentó el candidato que hace de ese ítem el eje de su campaña para que lo elijan nuevamente en ese cargo? Apenas dos: uno sobre protección del espacio aéreo y otro sobre control de armas.

"En bikini uno está toda la movida”. Ése es el título de la nota en la que De Narváez aparece por primera vez mencionado, el 11 de enero de 1996, en el diario La Nación, según su buscador en Internet. “Manuel Antelo, Eduardo Costantini, Francisco de Narváez y hasta Mauricio Macri pueden cruzarse casualmente sin saludarse a esta altura del verano en la que ya se han encontrado en cuanto cóctel y evento se haya realizado”, relata la crónica. Pero antes de ser el empresario fashion de los ‘90 que se convertiría en el primer extranjero en asumir como diputado nacional, De Narváez tuvo una historia. Nació en Bogotá en 1953. Juan, su padre, que trabajaba para café Juan Valdez, se había casado con Doris Steuer. Luego se instalaron en Buenos Aires, donde los Steuer, en sociedad con la familia Deustch, eran dueños de Casa Tía. Francisco hizo parte del secundario en el selecto Cardenal Newman y viajó a Canadá, a estudiar a una academia militar a la que había asistido su hermano mayor. Regresó a la Argentina a los 16 y comenzó a trabajar en Casa Tía, de la que se hizo cargo a los 27 años, junto a su hermano Carlos. Pero la comunión fraternal duró poco: menos de cuatro años después, Francisco “el pragmático” borró de la conducción de la cadena a Carlos “el soñador”. Y lo borró, literalmente: en medio de una discusión de directorio en el que planteó un escenario de “o él o yo”, llamó a una empresa de mudanzas y lo echó. Con mano dura y despidos, profesionalizó la compañía. Fueron años de muchos cambios y presión que culminaron con el episodio de intento de suicidio y una feroz crisis de los 40, con tatuajes incluidos —la serpiente de agua del cuello y el ideograma chino de su brazo— y el divorcio de su primera mujer, madre de sus hijos mayores, Paco, Martín y Jazmín.

En 1999,  la cadena fue comprada por el Exxel Group en casi US$ 700 millones. Luego de la crisis de 2001, De Narváez armó los grupos “Cree y Crecer” y “Fundación Unidos del Sur”, cuyo objetivo era crear planes de gobierno. Allí, en distintos momentos, reunió a Macri, Horacio Rodríguez Larreta, Alfonso Prat Gay, Javier González Fraga y Martín Lousteau, entre otros.
Con los US$ 200 millones que le tocaron por la venta de Casa Tía, De Narváez hizo varios negocios, como la cuestionada administración del predio de La Rural, desde 2002, y su ingreso a los medios. Hoy, es dueño del diario El Cronista, de las revistas Information Technology y Apertura y del 50 por ciento de America Medios, que nuclea al canal de aire, a la señal de cable América 24 y la radio La Red, entre otras emisoras. “Si Francisco tiene una característica es su conducta moral intachable, por eso el tema de Faggionato y todas esas acusaciones falsas son una barbaridad, parte de una campaña sucia”, afirma su socio en el canal, Daniel Vila. “Lo veo muy bien, sólido. La función pública es administración de los bienes de la comunidad y él tiene una enorme experiencia del mundo de los negocios, y aprendió mucho de la vida pública. Cuenta con enormes condiciones”.

“Obama y yo nos parecemos mucho... los dos somos hombres de color”. Ése es el chiste preferido de De Narváez por estos días. Con quien no le gusta nada que lo comparen es con Silvio Berlusconi, el premier italiano. “Está en las antípodas de mi pensamiento político”, dijo ofuscado en Diputados, en una de las pocas veces que habló en el recinto, sobre una comparación que Néstor Kirchner hizo en 2006. El italiano llegó, el otro lo intentará a como dé lugar. El tiempo dirá si están en las “antípodas”, o si en realidad se parecen mucho. No comparten  el color de pelo, la edad, los tatuajes o las fotos indiscretas de “il Cavaliere”. Pero se ríen  igual. 

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