Veintitres // 08-05-09 // Manual destituyente. para entender lo que realmente quiere la derecha
Da un poco de asco al estomago leer esto, pero es necesario entender lo que
piensan algunos. Que se creen dueños de la verdad!!!!
06-05-2009 / Best seller instantáneo, su "panfleto" reivindica los
postulados neoliberales. Critica las retenciones, pide educación arancelada,
elogia a Cobos y provoca: "Estamos peor que en los noventa".
Marcos Aguinis es psicoanalista. O sea: es hábil con la palabra. La usa, la
esconde, la expone, la achica, la estira. La manipula con destreza
quirúrgica para tallar una idea o forjar una historia clínica. Porque
Aguinis también es médico. O sea: ausculta, intuye enfermedades aquí y allá,
escribe recetas. Porque Aguinis también es escritor. Y no uno cualquiera. En
las últimas tres décadas se convirtió en el autor más leído de la Argentina.
Sin ir más lejos, hoy tiene el raro privilegio de encabezar los rankings de
ficción y de no ficción con sus últimos trabajos: la novela Ay Carmela y el
ensayo ¡Pobre patria mía!, un manifiesto en contra del gobierno K.
Porque Aguinis -que en los setenta fue un autor frecuente para el
progresismo local, que fue prohibido y perseguido, que aportó a la
recuperación democrática con la palabra- hoy es un referente ineludible de
la derecha que fantasea con un futuro sin retenciones a la soja, ni Estado
fuerte, ni juicios a los genocidas de la dictadura. La derecha que,
camuflada en el "fin de las ideologías", dejó todo en manos del mercado y
ahora considera la propagación de la pobreza como una plaga potencialmente
criminal, a los juicios de los crímenes del Proceso como "revanchismo
resentido" y a la expansión del Estado como si se tratara de una pandemia
terminal.
Aguinis abona esa teoría en su "panfleto", donde condensa los lugares
comunes del ideario anti-K. Y avanza sobre el doñarrosesco
qué-barbaridad-así-no-va-más que los intelectuales de Carta Abierta
tildarían de "destituyente". Hay motivos para la sospecha: Aguinis integra
el Foro del Bicentenario, un "espacio plural y abierto" a las posturas
filorreaccionarias de Rosendo Fraga, Claudio Escribano y Mariano Grondona,
entre otros. Como sus colegas foristas, Aguinis suele publicar sus artículos
en el periódico conservador La Nación. Allí sostuvo, contra todos los
pronósticos, que su jefe político de entonces, Ricardo López Murphy, era de
izquierda. No parece haber sido una confusión: en esta entrevista, el propio
Aguinis dice ser "una persona que defiende los valores de la izquierda",
entre otras definiciones asombrosas.
Como se había escrito en los carteles de una antigua Feria del Libro -un
espacio donde Aguinis es una celebridad, como se verificó en la última
semana-: pase y lea. Entre al pensamiento profundo del hombre que le da
letra a la derecha ilustrada.
-¿Por qué ¡Pobre patria mía!?
-Porque estoy triste, preocupado y temeroso por lo que está pasando la
Argentina.
-¿Y qué lo aflige tanto?
-Noto una desintegración del concepto de república y de democracia que
involucra a una gran parte de la sociedad. Por ejemplo: esto de que se le
pida a funcionarios candidaturas para cargos que no van a asumir, lo cual le
quita legitimidad y seriedad al voto. En 1983, cuando recuperamos la
democracia, estábamos conmovidos. Y si ese primer eslabón de la democracia,
que es el voto, es degradado, se termina degradando la democracia. Y lo más
grave es que la sociedad no se da cuenta.
-También puede pasar que la sociedad, o el pueblo, no lo evalúe del mismo
modo que usted. De todos modos, este episodio es posterior a la publicación
de su proclama, ¿qué otras cosas lo llevaron a escribirla?
-Noto una desintegración institucional que es muy grave, porque aleja la
posibilidad de recuperar al país de un proceso que lo llevó adonde está hoy.
-¿A qué proceso se refiere?
-La decadencia empezó antes del golpe del '30, cuando ingresan a la
Argentina las ideas totalitarias, el nacionalismo católico, el fascismo, las
ideas colectivistas. Ahí empieza la decadencia en todos los órdenes. Primero
la institucional, luego la educativa, después la sanitaria. Y por último se
modifica un esquema de movilidad social ascendente que tenía como resumen
aquella frase de "m'hijo el dotor".
-En su panfleto plantea que un antídoto posible es el arancelamiento y el
ingreso restringido a la universidad. ¿La gratuidad educativa no ayuda a la
movilidad social?
-La educación es un elemento clave del progreso para los países emergentes.
En la sociedad del conocimiento sólo se crea riqueza con ciencia y
tecnología. En países como China, Indonesia o Malasia, donde se hacen
esfuerzos para que no haya exclusiones clasistas, el ingreso a la educación
no es irrestricto, se exigen esfuerzos extraordinarios para acceder a la
educación.
-Y a los que no acceden se los condena al empleo esclavo...
-Acá tenemos que tomar una decisión: o igualamos para abajo o igualamos para
arriba. El líder aymará Felipe Quispa dijo que si unos calzan zapatos y
otros ojotas, que todos calcemos ojotas. Esa revolución facilista da la
ilusión de igualdad, pero para abajo. Si queremos que todos calcemos
zapatos, hace falta apuntar a la excelencia. En la época de (Juan Domingo)
Perón se pagaban aranceles y había exámenes de ingreso que obligaban a
prepararse.
-Convengamos que aquel país se parece poco al de estos días. Esta Argentina
tiene niveles de marginalidad y exclusión que alejan alumnos incluso de la
educación primaria...
-La Argentina necesita políticas en educación. Hoy el único tema docente es
el salario, que es apenas una célula del problema. Acá no hay política de
estímulo para estudiar carreras técnicas.
-¿Eso se resolvería con el arancelamiento?
-No, pero resolvería que nenes de papá, que pagaron colegios carísimos, no
accedan a la gratuidad. Y que con lo que paguen se establezcan becas para
los que no pueden pagar.
-El nene de papá, como dice, va a seguir accediendo a la educación. Al
pobre, en cambio, se le suma una barrera más, la de la beca.
-Pero si ahora el pobre no va porque no tiene ni para pagarse el
transporte...
-¿Y entonces?
-Mire, cuando (Francisco) Delich fue rector de la Universidad de Córdoba
puso un arancel para mejorar la infraestructura universitaria. Era mínimo y
fue muy útil. No estamos hablando de cuotas prohibitivas, sino de un pago
que garantice el compromiso del estudiante. Si todo viene de arriba se hace
fácil no cumplir. Por eso los estudiantes no cuidan las universidades, que
están destruidas. Ahí tiene un caso: el que no puede pagar, debería ir unas
horas a arreglar los bancos.
-Pero eso mantiene la diferencia de clases entre ricos y pobres: el rico
paga, y el pobre, a arreglar los bancos...
-Hay que observar lo que hicieron los países desarrollados. En Nueva Zelanda
no hay rejas, no hay robos. Acá hasta hace poco pasaba lo mismo, pero se fue
cayendo el respeto mutuo, el respeto por las instituciones. Kirchner nominó
a su esposa a dedo y nadie dijo nada. Si la sociedad hubiera dicho algo no
se habría avanzado a este estado de cosas.
-En el libro traza una psicología del tirano en referencia a Kirchner. ¿En
qué basa esa comparación?
-El atril que no admite preguntas ni críticas ha maltratado a distintos
sectores de la sociedad y eso ha ido crispando un modelo de violencia dentro
de la sociedad, por la cual muchos argentinos creen que se puede tratar con
violencia al resto. Y ha ido generando el incremento de la ley de la selva.
-También califica a Cristina Fernández de "montonera soberbia".
-Tiene ese tono, basta escucharla. Pero es una montonera especial, porque en
ese período ella y su marido estaban haciendo dinero en Santa Cruz con la
usura.
-En el libro expone dos obsesiones: la propiedad privada y la seguridad
jurídica. ¿Qué valor les adjudica?
-La Argentina cometió un gran error a partir de la década del treinta, que
es descalificar la propiedad privada. Por eso la marcha peronista dice
"combatiendo al capital". Esta idea se origina en Proudhon y fue copiada por
Marx, que no conoció la producción de riqueza sin plusvalía. Porque Marx no
conoció a Japón o a Singapur, que generaron riqueza sin plusvalía a través
de la tecnología. Entonces, esto de que toda propiedad es un robo es un
concepto equivocado. Se puede crear con la inteligencia. Si esa propiedad
privada no es garantizada para quien la crea estamos en problemas.
Sarmiento, cuando vuelve de Estados Unidos, trae dos ideas cardinales: la
educación y que cada argentino sea dueño de una heredad, porque quien tiene
una heredad la va a cuidar, la va a cultivar y va a respetar la del vecino.
Ese deseo de querer violar la propiedad ajena metiéndose a través del Estado
deviene en inseguridad jurídica. ¿Y qué significa la inseguridad jurídica?
Que yo no me animo a tener los bienes en este país porque temo que me los
van a robar. Eso explica por qué la Argentina bate récords en fuga de
capitales.
-En la historia reciente no debe haber habido mayor confiscación a la
propiedad privada que la provocada por el capital concentrado. Sólo basta
ver la transferencia de fondos públicos, a pagar con impuestos de todos, que
debió hacer Estados Unidos para salvar a las empresas que apostaron en los
mercados de capitales. Sin embargo, usted dice que el Estado es quien viola
la propiedad privada. ¿Cómo lo explica?
Cuando se viola la propiedad privada no hay ganas de invertir. ¿Por qué
el brasileño no envía su dinero al exterior? Es más, ni siquiera sabe cuánto
vale el dólar... Ocurre que tienen más respeto por la propiedad privada.
Esta falta de respeto a la propiedad privada hace que no haya inversiones y
no se generen fuentes de riqueza. Porque las fuentes de riqueza no se
generan con magia, sino con inversiones China, por ejemplo, crece cuando
empieza a respetar la propiedad privada. Lo mismo hace Brasil.
-En tal caso Occidente respeta la propiedad privada del capital concentrado,
empeñado en sostener un modelo de derrame que fracasó. Al menos eso indican
los 1.200 millones de pobres en el mundo...
-Que en Estados Unidos se viola la propiedad privada, es cierto, que hay
trampas financieras también, pero hay ciertas leyes que en última instancia
te defienden. Pero no hablemos de Estados Unidos, que es una potencia
conflictiva para nuestra sociedad, hablemos de Nueva Zelanda, hablemos de
Australia.
-Habla como si en la Argentina rigiera el comunismo. ¿En qué aspecto no se
respeta la propiedad privada?
-Al sector agroindustrial, que es el más pujante del país, se le ha
pretendido quitar gran parte de la ganancia a través de las retenciones. Se
dijo que se iba a utilizar en hospitales y escuelas. Era mentira, se iba a
utilizar en la caja destinada a sostener el poder del que gobierna.
-Aguinis, esa caja, como usted dice, también sostiene un tipo de cambio alto
que beneficia los ingresos de las commodities agrícolas. Y para seguir con
su línea de pensamiento: en tal caso las retenciones al agro serían una
forma de compensar una violación a la propiedad privada anterior, que fue la
confiscación del poder adquisitivo de los salarios vía devaluación.
-Eso no es así. El precio de las commodities crecieron por demanda
internacional, y la rentabilidad creció por las inversiones
agroindustriales. Inversiones previas, porque el Gobierno se encargó de
espantar las inversiones extranjeras, que necesitan ser controladas, es
cierto, pero no expulsadas.
-Descarto que está en contra de las retenciones...
-Si no hubiese retenciones, y si hubiese estímulos a la agroindustria, la
Argentina podría repetir el fenómeno de la Segunda Guerra, porque hoy el
mundo está hambriento y necesita alimentos.
-Más allá de las consideraciones morales sobre el hecho de especular con los
alimentos, en aquella Argentina de posguerra se comía pan negro porque se
exportaba toda la producción.
-Eso ocurrió en el '52, antes la Argentina se dio el lujo de regalar trigo a
España. Después la política controladora del IAPI depredó la producción y se
tuvo que comer pan de centeno. Eso demuestra que el querer controlar todo
termina siendo como el médico que mata al paciente.
-Es curioso, porque hoy hasta los países centrales reconocen que el
descontrol llevó a la crisis.
-Pero esto no es descontrol, esto es estimular el nicho productivo
argentino. Nosotros no podemos exportar computadoras o autos de última
generación. No tenemos tecnología para eso, pero sí tenemos tecnología
agroindustrial. O la teníamos, porque con las retenciones se está matando al
productor.
-Es un slogan discutible: en el último lustro los productores ganaron como
nunca. Se supone que quien obtiene alta rentabilidad también debe afrontar
el riesgo de eventuales períodos de vacas flacas.
-Pero eso no ocurre así en el mundo. Fíjese el caso de Israel, un país con
clima seco y suelo árido. Está íntegramente regado por sistema de goteo.
-Pero Israel tiene el tamaño de Tucumán...
-Es cierto, pero el punto es que si las retenciones fueran una política de
Estado, el dinero debería destinarse a financiar un sistema integral de
riego que erradique la dependencia de las lluvias. A mediano plazo esto nos
convertiría en una potencia.
-¿Aplica la misma lógica a la eliminación de las AFJP?
-Claro, eso también fue una confiscación porque fue ir en contra de una
decisión que tomó el ciudadano argentino al ver que la jubilación estatal
fue el lugar donde todos los gobiernos siempre metieron la mano en la lata.
Ahora, las AFJP no funcionan bien por sí mismas, deben ser reguladas. Por
eso funcionan bien en Chile...
-No es cierto, en Chile el sistema está colapsado y el Estado debió rescatar
a los jubilados estafados por el sistema privado. Algo similar ocurre en
Estados Unidos con los sistemas de seguro de retiro, con compañías quebradas
por la especulación financiera.
-Bueno, no conocía eso. De todos modos le aclaro que yo no soy de los que
piensan que el Estado debe desaparecer, por el contrario, debe estar
presente, pero como el maestro de una escuela. Que supervise, que observe
que los alumnos estudien. Un regulador limpio, transparente y confiable.
-En su libro es muy duro con los piquetes sociales, pero no menciona a los
piquetes chacareros. ¿Tiene valoraciones distintas de ambos?
-No, ambos son criticables, y lamento no haberlo puesto en el libro.. Hay un
artículo constitucional que garantiza el libre tránsito, quien corte un
camino está cometiendo un delito. El problema es que en la Argentina nos
hemos acostumbrado a protestar dañando al otro. Debemos acostumbrarnos a que
lo que es delito es delito, lo cometa un gordo, un flaco, un pobre o un
rico.
-Es un principio relativo. No es lo mismo protestar por hambre que por
ganancias extraordinarias. Hasta la Justicia penal distingue a quienes roban
por hambre. De hecho, en la Argentina las mayores atrocidades fueron
cometidas por señores de buenos modales.
-La cultura y la erudición no son garantía de valores éticos. Un filósofo
como Heidegger fue nazi incluso después de la muerte de Hitler. Ahora, los
valores los tenemos todos, seamos pobres o ricos.
-¿En serio cree que estamos peor que en los noventa?
-Sí, estamos peor, porque los noventa nos llevaron a una situación muy mala
que ahora estamos empeorando. Y eso que yo respaldé a Kirchner, yo creí en
él. Pero su política de dar bofetadas fue creando un clima de enfrentamiento
y de odio que prendió rápido, porque a los argentinos nos gusta eso. Por eso
digo que estamos peor, porque Menem, al menos, hacía conferencias de prensa
y respondía a los cuestionamientos. Lo hacía con chistes, con ironías, pero
los afrontaba. Kirchner no admite eso.
-Todos los medios publicamos cuestionamientos.
-Sí, pero el Gobierno no se da por enterado, no los absorbe. Fíjese lo que
pasó después del voto no positivo de Cobos: en vez de recibir el mensaje y
abrir un diálogo abierto, serio y franco para tranquilizar a la sociedad, se
armaron reuniones falaces donde se quiso imponer más que consensuar. Eso
demuestra que el Gobierno no entendió el mensaje.
-En el libro sostiene que el voto de Cobos fue positivo. ¿Por qué?
-Cobos se dio cuenta de que la 125 no era buena para ese momento del país, y
con gran dolor dio su voto no positivo, que de por sí ilustra el gran
conflicto interno que le provocó esa votación. Porque fíjese que Cobos, a
pesar de ser aislado y menospreciado, no tomó ninguna decisión que
menoscabara el poder de la Presidenta.
-Bueno, con ese voto bastó y sobró para provocar una crisis institucional
sin precedentes.
-Pero votó en función de su conciencia. Y eso que nunca fui cobista, nunca
me cayó bien que un radical se hiciera miembro del justicialismo.
En la última semana, Aguinis participó de un foro que reunió a la derecha
concentrada en la Legislatura porteña. En su mesa estaba el militante
procesista Nicolás Márquez y el blogger neoliberal José Benegas. No fue la
primera vez que el escritor disertó con representantes de la Argentina
reaccionaria. De hecho, Aguinis es un abonado del programa de Mariano
Grondona, quien en los últimos quince días retornó a la escena pública
gracias a la didáctica charla golpista que mantuvo con el ruralista Hugo
Biolcati: "¿Y el 29 de junio qué pasa? ¿Hay un señor que se llama Cobos,
no?", arriesgaron, soltando sus entrenadas lenguas destituyentes. Prevenido,
Aguinis marca diferencias: "Yo quiero que Cristina termine su mandato, pero
que cambie. Que relea la Constitución y la acate. Que lea los mensajes que
le está dando la sociedad, como ocurrió con la muerte de Alfonsín, que
sirvió de catalizador de ese reclamo popular".
-Hebe de Bonafini observó que en esa manifestación no había ningún pobre.
-Bueno, es que a los pobres se los lleva con choripanes...
-Aguinis, se supone que los intelectuales deberían evitar los lugares
comunes...
-...lo que sí vi fueron muchos jóvenes que no vivieron el gobierno de
Alfonsín, pero que valorizan los símbolos que expresaba: honestidad,
humildad y respeto.
-Como escritor, ¿qué pensó cuando Chávez le regaló a Obama un ejemplar de
Las venas abiertas de América latina?
-Que deberían haberle regalado el Manual del perfecto idiota
latinoamericano, una puntual refutación a todos los puntos que Galeano
plantea en su libro.
-Y que oficia de biblia para la derecha latinoamericana.
-Es que el libro de Galeano expresa las ideas de la izquierda arcaica, que
considera que un país es rico porque le robó la riqueza a otros. No niego
que haya existido robo y expoliaciones, pero la decadencia de América latina
no se debe a eso, sino a que los latinoamericanos hemos destruido nuestros
propios recursos.
-En su libro defiende el caso de Pedro Lanusse, un ex juez de la dictadura
que, a pesar de liderar una terna, no fue elegido por el Consejo de la
Magistratura. ¿Por qué sostiene que eso fue una injusticia?
-Los argentinos tenemos un problema con la dictadura. Países como Alemania o
España, que padecieron tremendas dictaduras, decidieron mirar para adelante
y no para atrás. Por cierto, la Justicia tiene que hacer lo suyo, pero aquí
se instaló una caza de brujas que nos puso los ojos en la nuca.
-¿Considera que enjuiciar a los genocidas es una caza de brujas?
-Los que cometieron delitos de lesa humanidad deben pagar, pero los
perejiles, los funcionarios que hicieron su trabajo técnico, no fueron
responsables de esos crímenes.
-¿O sea que exculpa a los civiles que saquearon al país mientras sus socios
militares cometían un genocidio?
-Mire, tengo credenciales suficientes para hablar del tema, y creo que este
gobierno usa los derechos humanos para hacer política. Y eso no persigue un
afán de justicia, sino de especulación.
-Pero más allá de las intenciones del Gobierno, el reclamo de justicia
trasciende cualquier mezquindad política: es el derecho de las víctimas
versus la impunidad de los victimarios.
-Si se hiciera una revisión profunda quedaría limpio apenas el diez por
ciento de la población. De alguna u otra manera, todos los argentinos fuimos
responsables de lo que pasó. Insisto: no se puede ir para adelante con los
ojos en la nuca.
-En los ochenta fue un autor requerido por los lectores progresistas y hoy
lo invitan para hablarle a la derecha. ¿Se derechizó?
-Al contrario, sigo defendiendo los valores de la izquierda. Y esos que me
llaman derechista son de la izquierda que traicionó los valores de la
izquierda. Es decir: no les importa apoyar una dictadura si esa dictadura es
funcional al rótulo de la izquierda.
-¿Y usted no se volvió funcional a los valores de la derecha?
-La derecha no me acepta ni me quiere, justamente por ser leal a los valores
de la izquierda. Y el primer valor es la libertad. Si la izquierda no se
escandaliza con los deseos cesaristas de (Hugo) Chávez está traicionando los
valores democráticos de la izquierda. Eso es lo que yo no hago: puedo
cambiar de punto de vista, pero no de valores.