Veintitres // 23-04-09 // Triunfo destituyente
La renuncia de la vicejefa fue presentada como un gesto de transparencia, pero esconde una trama que incluye internas palaciegas, celos y disputas por el poder. El rol de Rodríguez Larreta.
Llegó la hora de ponernos a trabajar y dejar la guitarra.” Era febrero de 2007. Mauricio Macri adelantaba que renunciaría a su banca como diputado y confirmaba su candidatura a jefe de gobierno porteño. Todo al mismo tiempo. Hoy estamos en el 2009. Y el agua corrió bajo el puente. “No tenemos una espada tan buena como Gabriela Michetti”, dijo semanas atrás el ingeniero. Con sus palabras, volvió a matar dos pájaros de un tiro: anunció el alejamiento de la vicejefa de la gestión porteña y la confirmó como candidata para la pelea por una banca nacional.
Claro que esta vez Macri no apeló a la ironía con instrumento musical alguno. “Desde allí nos ayudará a que mejoremos nuestras respuestas a los problemas de la gente”, aseguró el líder del Pro, rápido de reflejos para cambiar la idea que tenía del Congreso. Aunque no convenció a los más desconfiados. Los mismos que, casi en susurros, afirmaron que “sólo quieren quitarla del medio en la ciudad”. Una maniobra que el círculo íntimo de la vicejefa considera “destituyente” y que apunta a un único autor intelectual: el jefe de Gabinete –y reconocido enemigo interno– Horacio Rodríguez Larreta.
“No hay muchas lecturas posibles. Con Michetti en el Congreso, Rodríguez Larreta concentrará todo el poder de la gestión porteña para soñar con comandar Buenos Aires en 2011”, lanzó un dirigente del Pro. Y agregó: “Es el ganador de una puja que existía hace tiempo entre esas dos figuras del círculo de confianza macrista y que terminó perdiendo Gabriela”. Incluso, muchos tradujeron el estado de ánimo de la candidata como síntoma de esa derrota. Semanas atrás, Michetti expresó: “No puedo dejar de sentir cierta tensión, cierta angustia porque, sea la decisión que sea, algo estoy lastimando”.
Así, sin su postulación confirmada, la vicejefa dejó entrever que su nuevo desafío político podía entenderse como “traición” en el electorado porteño. Pero debió conformarse con el destino impuesto. “Hoy tomé la decisión de ir al Congreso para buscar las soluciones para la ciudad –dijo el martes último–. Para nosotros no es lo mismo todo, estamos acá para destacar valores. Uno puede perder o ganar pero hay que jugarse a pelear. Entonces vamos a tratar de defender la idea. Acá es todo limpio. Renuncio a mi cargo y no defraudo a nadie.” El mensaje fue claro: mostrar transparencia en las decisiones partidarias para diferenciarse de las “candidaturas testimoniales” promovidas por el kirchnerismo.
En esa línea, el diputado Federico Pinedo aseguró: “Lo de Gabriela es diferente. Ella renunció a su cargo para competir en el ámbito nacional y los K no sólo no los dejan sino que se postulan para lugares que nunca van a ocupar. Es una truchada, un falseamiento de la democracia”. Además, el presidente del bloque Pro en Diputados agregó: “Critican también que no concluya su mandato. Barack Obama no cumplió con los años como senador en Estados Unidos porque lo eligieron presidente. Si alguien considera que es más importante terminar el mandato que cumplir con el deber que uno tiene con el país debería decir que está mal y es antidemocrático lo que hizo Obama. Y nadie lo hace”. Pero quizás no recuerda que consultado sobre su posible candidatura a presidente, Mauricio Macri expresó: “No hay ninguna posibilidad de que rehúse a la confianza que me dan los vecinos (...) Vamos a ser responsables de cumplir todo lo que prometemos”.
Lejos de las críticas, en las huestes de Rodríguez Larreta festejaron el anuncio de la candidatura de Michetti. La pelea entre los dirigentes tiene larga data y ni el jefe de Gabinete –que supo ser asesor de Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires y director del PAMI durante la gestión de Cecilia Felgueras en el gobierno de la Alianza–, ni la propia Michetti lograron evitar los roces ante las decisiones de gobierno en estos meses de gestión. Desde el riñón michettista, sólo encuentran una explicación: “Horacio cree que Gabriela lo opaca porque tiene mejor imagen”.
Y, en parte, eso es cierto: el Pro midió a ambos dirigentes como posibles candidatos y el fundador de Grupo Sophia superó el 80 por ciento de desconocimiento entre los vecinos. O, dicho de otro modo, apenas una minoría recordó su paso como compañero de fórmula del propio Macri, cuando juntos compitieron por la jefatura de gobierno contra quien resultara electo, Aníbal Ibarra. Pero como sucedió tiempo atrás, los números no desmoralizaron al jefe de Gabinete. Todo lo contrario, sirvieron de fundamento elegante para reforzar la idea de que Michetti debía saltar a la arena nacional. La lógica fue directa: si mide más, garantiza votos y en la carrera hacia el 2011 el Pro debe ganar una elección nacional. Aunque, como a veces sucede, puede ser más importante lo que uno calla. Y, en tren de imaginar, algunos dirigentes porteños se animaron con ideas que debió haber considerado el funcionario macrista:
- El Parlamento puede compararse con el Coliseo romano. Un ámbito donde, de ganar la elección, Michetti deberá dar batalla sin demasiada experiencia.
- Su buena imagen, entonces, podría diluirse entre la maraña de legisladores. Nadie pierde de vista que superan los doscientos cincuenta y será muy difícil imponer una agenda de cuestiones trascendentales para los porteños.
- Sin tanta exposición ni éxitos propios, el poder de negociación de Michetti –con la mira puesta en reemplazar a Macri al frente de la jefatura de gobierno– quedaría debilitado.
Más diplomático, Pinedo –que se baraja como candidato a legislador pero aseveró que “aún no tomé una decisión con respecto a mi futuro”– negó conspiración alguna y aseguró: “Michetti y Rodríguez Larreta no son amigos fuera de la política pero en el proyecto Pro se complementan y trabajan en equipo”. Palabras similares a las de un cercano colaborador de la vicejefa que, en tren de apaciguar aguas, lanzó: “Tienen discusiones pero no hay forcejeos de grupo. Están juntos en esta decisión”.
Pero un dirigente que responde a Michetti dijo que “tienen diferencias porque Rodríguez Larreta está preocupado por los fines y a Gabriela le interesan los medios para hacer política. En ese sentido, el jefe de Gabinete quiere aparentar avances sin importarle los hechos”. Y uno de los peronistas que acompaña a Macri desde la primera hora coincidió en que no existe la “convivencia pacífica” y agregó un dato más: “En este escenario hubo, además, un ganador colateral: Diego Santilli. El vicepresidente primero quedó al frente de la Legislatura porteña para los próximos seis meses. Lo premiaron por desprenderse un poco de su postura peronista y acercarse a Macri. Pero su ambición hasta puede ser un obstáculo para Rodríguez Larreta porque se le vence el mandato en diciembre y no puede renovar. Es probable que busque un lugar en el gabinete y trate de competir por la jefatura en el 2011”.
Mientras tanto, la bandera blanca que representa la tregua no parece flamear en la política macrista. Por caso, Michetti ya comenzó a imponer condiciones para el armado de su lista –y también, para la de los legisladores porteños– y aseguró que no dejará de reunirse con los suyos para planificar la estrategia a seguir en 2011. Rodríguez Larreta, en la misma línea, dejó entrever que irá por más. Una advertencia que podría tocar, en el corto plazo, a los ministros más cercanos a la candidata a diputada: Mariano Narodowski, que maneja la cartera educativa –y, en diciembre último, planteó en una cena partidaria que “tenemos que elegir entre la política del humanismo que propone Gabriela o la tecnocracia neoliberal”, en clara referencia a Rodríguez Larreta–, y Guillermo Montenegro, ministro de Seguridad porteño. Justamente, dos de los funcionarios que no logran frenar las críticas a su gestión. “Están en la cuerda floja con el poder recargado del jefe de Gabinete. En cuanto Gabriela se vaya, seguro que los cambian”, disparó un legislador. Y diferenció esos casos de la situación de Marcos Peña, secretario general de la Ciudad, y del ministro de Cultura, Hernán Lombardi: “Ellos estaban más cerca de Michetti pero también son más hábiles para adaptarse. Además, Macri les tiene más confianza”.
El tablero macrista está reacomodándose. El adelantamiento de las elecciones –y la imposibilidad de desdoblar las legislativas de la nacional– modificó las estrategias y, hasta el momento, Rodríguez Larreta se siente ganador. El sillón porteño es su horizonte. El mismo que Michetti, ahora candidata, aseguró entre los suyos “no dejará librado al azar”.