Ventitres // 30-09-10 // Libertad condicional

Publicado en por Opiniones Creadas

30-09-2010 /  Arturo Guardiola preside la Comisión de Libertad de Prensa de la patronal mediática. El paso por la gestión procesista de Mendoza y su insólita defensa.
 
Por Franco Mizrahi y María Eva Guevara (desde Mendoza)

 

 

Puede un ex funcionario de la última dictadura militar ser un abanderado de la libertad de prensa? En la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), que nuclea a editores de periódicos de todo el país, no notan la contradicción. Por ese motivo, el mismo día que ADEPA difundió su último informe sobre la libertad de expresión, nombró como presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Informaciones al actual director del diario mendocino Los Andes, Arturo Guardiola, quien se desempeñó como subsecretario de Cultura provincial en 1982.

La coincidencia no pudo ser menos feliz:  el vienes 24 de septiembre la entidad emitió el comunicado en el que afirmó que “nunca en estos 27 años de vida democrática la tarea de los medios de comunicación, la de los periodistas y la expresión de opinión crítica, ha sido tan degradada por el gobierno nacional y ciertos grupos de presión como en los últimos tiempos”. Con una diferencia de horas, el abogado Guardiola asumió al frente de la estratégica comisión de la cámara del establishment mediático.

La relación de Guardiola con la última dictadura militar se remonta al 27 de enero de 1982, cuando se convirtió en subsecretario de Cultura de Mendoza, que dependía del Ministerio de Cultura y Educación a cargo de Lorenzo López Aragón, en el gobierno de Bonifacio Cejuela. Por entonces, los diarios se hicieron eco de la noticia: “La cultura es la síntesis de los valores del hombre –afirmó Guardiola en su discurso de asunción 28 años atrás, según publicó Los Andes–. Es una obra que se transmite de padres a hijos y por tanto encierra la historia (…) En la cultura de nuestro pueblo radica la esencia y el sentido de la idea de patria y que no es simplemente un mapa de papel ni un límite que la imaginación dibuja. Hay quienes han proclamado al hombre nuevo; nosotros sin embargo, creemos en el hombre milenario que libremente se renueva cada día. Por ello nuestra función radica en resguardar el legado cultural recibido, y alentar su dinámico crecimiento. El nuestro es hijo dilecto de occidente, cree en sus tradiciones y en sus instituciones; cree en la republicaneidad que es fruto maduro de su propia historia. En la convicción de que caminamos hacia su goce pleno, por ser objetivo primordial del Proceso de Reorganización Nacional, asumimos con decisión la función que ahora nos toca cumplir”.

Durante el mentado Proceso de Reorganización Nacional, no sólo se secuestraron personas, que fueron torturadas, asesinadas y desaparecidas, y se robaron bebés de las víctimas. También fue el momento en que la distribución de la riqueza llenó los bolsillos de unos pocos y pauperizó a muchos, dando paso a la conformación de una estructura productiva neoliberal en el país. En tanto en el ámbito cultural, donde Guardiola ejerció sus saberes, estaban censurados artistas como Mercedes Sosa, León Gieco, Nacha Guevara, Litto Nebbia, entre otros cantantes populares, así como estaban prohibidos cientos de libros, cuyos poseedores tuvieron en muchos casos que quemarlos o enterrarlos por temor a sufrir represalias.

En aquellos tiempos de represión absoluta, un Guardiola jovial quedó fotografiado para la posterioridad, con anteojos y bigotes. El diario Los Andes dio cuenta de los “numerosos participantes en el Salón Vendimia de Pintura” y especificó en un epígrafe: “El ministro de Cultura y Educación, doctor Lorenzo López Aragón; el subsecretario de Cultura, doctor Arturo Guardiola, y la directora de Acción Cultural, profesora Edith Felizia de Posada, observan el trabajo creativo de uno de los participantes”.

Ese era el rol de época de los medios: informar poco y nada del terrorismo de Estado. Como en la mención de Los Andes referida al “trabajo creativo” de un joven mientras otros miles sufrían las torturas a punta de picana en las mazmorras de la dictadura.

Según el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, en Mendoza desaparecieron oficialmente –de acuerdo con las denuncias presentadas– doscientas personas. Entre sus centros clandestinos de detención más bestiales sobresalieron la D-2, Campos Las Lajas y Papagayos.

En 1982, Guardiola era un joven miembro del Partido Demócrata, organización política que aceptó cubrir varios cargos institucionales en la provincia de Mendoza, tras la asunción de Leopoldo Galtieri como presidente de facto. Entre las figuras más reconocidas del partido a nivel nacional figuró Amadeo Frúgoli, a quien nombraron al frente de la cartera de Defensa apenas unos meses antes de iniciarse la guerra de Malvinas. En la gobernación cuyana, por su parte, aterrizó Bonifacio Cejuela y con él el doctor Guardiola, destinado a comandar los temas culturales de la provincia. En su discurso de asunción, el ministro López Aragón –jefe inmediato del actual representante de la Comisión de Libertad de Prensa de ADEPA– dejó en claro cuál sería el rol de su séquito: “Es mi intención no efectuar cambios notables en la estructura de la cartera a mi cargo. En la medida de lo posible y tras la designación de mis colaboradores más inmediatos, procuraré respetar el esquema que tradicionalmente ha tenido este ministerio”. Para eso se gestaba el recambio institucional: evitar los cambios profundos, ofreciendo apenas un lavado de cara en ciertas instancias institucionales que les permitieran a los jefes de la dictadura perpetuarse en el poder. Necesitaban, como siempre, de sus socios civiles. Y allí estuvieron Guardiola y sus compañeros del Partido Demócrata.

Pero un hecho significativo aconteció el 30 de marzo del ’82 en la provincia. En el marco de una manifestación convocada por la CGT bajo la consigna “Paz, pan y trabajo”, una multitud engrosó las columnas que marcharon desde la calle Mitre y Colón hasta Pedro Molina. Pretendían entregarle un petitorio al gobernador Cejuela, pero no lograron su cometido: fueron reprimidos a mansalva por la Gendarmería que rodeaba la Casa de Gobierno. La jornada dejó varios heridos y un muerto: José Benedicto Ortiz, trabajador de la fábrica de cemento Minetti, a quien un balazo le reventó el pulmón y lo dejó agonizando cuatro días en una sala de hospital. Dos días después de la crisis, la declaración de guerra a Gran Bretaña por la soberanía de las Islas Malvinas tapó la muerte de Ortiz.

Con el retorno de la democracia, muchos civiles se reciclaron en distintos cargos. Guardiola, paradójicamente, ahora se erigió como paladín de la libertad de expresión. El abogado también es vocal titular de la asociación, uno de los directores suplentes de la Compañía Inversora en Medios de Comunicación (CIMECO) y uno de los directores de la agencia Diarios y Noticias (DyN). Y el mayor accionista del diario Los Andes desde el 2003 es el Grupo Clarín. Por caso, entre los directores de la publicación cuyana figura Héctor Mario Aranda, gerente general del gran diario argentino. La influencia de Clarín en Adepa fue fundamental para que Guardiola obtuviera un cargo clave para la batalla contra la nueva ley de medios. Pero su respaldo no se limita al “gran diario argentino”.

Guardiola –el primer director periodístico del centenario diario mendocino que no es periodista– también tiene aceitados contactos con los directivos de La Nación. Por ese motivo, para su línea editorial eligió como columnista político de los domingos a Joaquín Morales Solá.

Juan Carlos Aguinaga, ex ministro de Seguridad de Celso Jaque y militante del Partido Demócrata, lo hizo público el 28 de marzo de 2008: “Guardiola es un correligionario mío que participó en el Proceso”, aseguró por la radio Nihuil, en medio de una interna entre viejos conocidos. El motivo del encono: cuando Aguinaga nombró en un puesto clave a un cuadro policial de la dictadura, fue vapuleado en los medios.

“Desde el Observatorio de Periodismo y Derechos Humanos repudiamos la designación de Arturo Guardiola como presidente de la comisión de libertad de prensa de ADEPA –aseguró Ernesto Espeche, su director provincial, a través de un comunicado–. Este hecho guarda suma coherencia con la historia de las conductas pasadas y presentes de los actores representados en esa institución. ¿Por qué un hombre de la dictadura es el responsable de seguir los temas relacionados a las libertades democráticas del ejercicio de la comunicación? Eso sólo puede explicarse desde el lugar que ocupan las corporaciones periodísticas en el escenario político actual, obstaculizando la aplicación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual desde la más férrea defensa de sus intereses económicos. Fueron las mismas que se consustanciaron con el accionar del terrorismo de Estado y que se consolidaron al calor de la apropiación ilegal del monopolio del papel. Queda claro, entonces, que la libertad de prensa que promueve ADEPA no tiene otro sustento que mantener la vigencia del monopolio de la palabra. Nos presentan sus propios intereses como parte del derecho universal.”

ADEPA también ignoró una denuncia de “censura e intimidación” contra Guardiola que recibió por parte del Foro de Periodistas Argentinos (Fopea) el 12 de marzo de 2008. El órgano de monitoreo de la libertad de expresión de esa institución registró que un periodista de ese medio, “quien pidió reservar su identidad”, denunció que el director del diario, Arturo Guardiola “se ofuscó y hasta deslizó que lo quiere echar, luego de que el periodista escribiera artículos sobre comisarios y funcionarios de la dictadura que pasaron a hacerse cargo de la seguridad en Mendoza”.

Hace cuatro años, el actual diputado nacional Omar De Marchi, del Partido Demócrata mendocino, había pedido una autocrítica del pasado: “No hay espacios para las medias tintas. Se es democrático o no. Algunos hombres afiliados a nuestro partido tuvieron participación durante la dictadura, cometieron errores y tienen que pedir disculpas o manifestarse públicamente como antidemocráticos”. Guardiola nunca hizo ni lo uno ni lo otro. Ante esta revista confesó que puede entenderse “como un error político” (ver aparte) haber participado de una gestión que desapareció a treinta mil personas y llevó a que las Abuelas de Plaza de Mayo busquen aún hoy a 398 nietos apropiados en forma ilegal.

Aquel 24 de septiembre, en el mismo acto en el que se renovaron autoridades de ADEPA, asumió como nuevo presidente de la entidad Daniel Dessein, del diario La Gaceta de Tucumán. Veintitrés intentó contactarlo telefónicamente pero desde la publicación respondieron que su editor se encontraba en Buenos Aires. Graciela, su secretaria, aseguró que transmitiría el mensaje para que pudiera expresarse sobre la situación de Guardiola. Al cierre de esta edición, el teléfono nunca sonó.

Dessein, en cambio, habló frente a las cámaras en su primer discurso como presidente de la entidad que nuclea al establishment mediático y exhortó a redoblar esfuerzos en defensa de la libertad de prensa y del rol de los medios “como sostén del sistema democrático y de la República”.

Mientras tanto, el abogado mendocino, que supo ser funcional al gobierno de facto, presidirá la Comisión de Libertad de Prensa de ADEPA. Será el custodio de una entidad que cuestiona la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual –como él mismo se opuso en las audiencias que debatieron la norma en Mendoza– y defiende el dominio de Clarín en Papel Prensa. Será, en síntesis, el referente de un área clave. Un zorro en el gallinero.


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