Debate // 12-08-10 // Lula contra O Globo

Publicado en por Opiniones Creadas

Por Cecilia Escudero 

 

Como en la Argentina, Lula da Silva y otros líderes latinoamericanos soportan los embates de los multimedios, que rechazan reglamentaciones y el control social Parece ser una fórmula infalible. Sea cual fuere el lugar en el cual se lleve a cabo la experiencia. En nuestro país, era una idea amasada en círculos activos pero modestos. Una vez puesta en marcha, adquirió la magnitud de una guerra declarada. En varios países de América Latina ocurrió lo mismo. El ejercicio retrata lo siguiente: baste que una política de Estado modifique ciertos elementos que alteren situaciones de privilegio de los medios de comunicación más poderosos y concentrados, capaces de manejar casi la totalidad de la producción y divulgación de los contenidos informativos y culturales, para que se desate una verdadera hostilidad mediática hacia el gobierno y la iniciativa en cuestión.
Como demuestra la experiencia latinoamericana, los medios hegemónicos arremeten en nombre de la libertad de expresión, de la que sólo ellos, como señalan los especialistas de la región, parecen tener la bendición de ejercer, cercando para sus propias filas un derecho de toda la comunidad.
En la Argentina, el debate por la Ley de Medios y la pulseada sostenida entre el Grupo Clarín y el Gobierno es un cercano ejemplo del tema, pero también se le suman los casos de Ecuador (donde avanza el proyecto de Ley Orgánica de Comunicación), e intentos en plena tratativa para regular la actividad, en Venezuela y Bolivia, sin olvidar el ejemplo paradigmático de México, donde se está poniendo en entredicho la controvertida “Ley Televisa” de 2006.
Así y todo, el panorama latinoamericano está integrado por un multimedio clave, de una magnitud tal que hasta los grupos mediáticos de gran poder quedan algo opacados: la Red O Globo, de Brasil, es uno de los cinco grupos de comunicación más importantes de todo el mundo y el mayor de Sudamérica. 
Para Darío Pignotti, periodista argentino (radicado en Brasil) y doctor en Comunicación por la Universidad de San Pablo, “si acaso cabría establecer un parámetro de barbarie mediática, el cuadro brasileño sería peor que el de la Argentina.  No sólo porque O Globo es incontestable desde 1964, sino también porque se ha llegado a hitos de imposición de agenda, que en la Argentina nunca fueron tan graves”. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva conoce de cerca a este “enemigo irreconciliable”, que le declaró una guerra frontal en dos ocasiones. Primero en 1989, con el debut de Lula como candidato presidencial. En esa ocasión, tal como relata Pignotti: “O Globo se dio el lujo de crear al candidato presidencial Fernando Collor. Inventó un Frankenstein y lo hizo victorioso. Lula fue objeto de un ataque, un golpe mediático, perpetrado por O Globo”. Por otro lado, en 2006, los medios concentrados brasileños, liderados por el conglomerado ideado por Roberto Marinho (ya fallecido), volvieron a arremeter con munición pesada contra el “presidente-operario”, algo debilitado luego de los escándalos de corrupción en el seno de su gobierno.
Pero, esa vez, Lula ganó. Y los especialistas brasileños, como el comunicólogo Venício de Lima (A mídia nas eleições de 2006) postularon que fue un momento bisagra para la relación histórica entre los medios de comunicación y la política electoral del país. Por primera vez, ganaba un candidato que había sido, claramente, el menos preferido por los medios. Lula se guió a la antigua usanza, recorrió el país y explotó su imagen de igual a igual con su público. LUCHA POR EL CONSENSO
A poco menos de un mes de las elecciones presidenciales, para las que la oficialista Dilma Rousseff se perfila como la ganadora -incluso, en primera vuelta-, las críticas del presidente por la “manipulación de la información”, “la desinformación” y el “oligopolio mediático”, comenzaron a ser cada vez más frecuentes. Todos ellos chispazos dirigidos especialmente contra O Globo (aunque sin nombrarlo), quien llegó a escamotearle la transmisión de la voz del mandatario en su canal de televisión durante tres meses.
Aunque sin ser un tema central, por primera vez, la cuestión de los medios se filtró en la campaña electoral. Algo inédito en la historia de ese país.
La periodista brasileña Lamia Oualalou -corresponsal de medios internacionales como el periódico Le Figaro y editora del sitio operamundi.uol.com.br- describe a Debate su parecer acerca del panorama mediático: “Los principales diarios, Folha de S.Paulo, O Estado de S. Paulo y O Globo tienen una orientación liberal-conservadora. Ellos, a diferencia de otros medios, pueden ser abiertamente antilulistas, pero han perdido lectores y credibilidad al ser tan contrarios al gobierno. Llegan a publicar titulares como: ‘Pese a todo, Lula sigue siendo popular’. Muchas veces presentan un panorama caótico, recesivo o de inseguridad, distinto de lo que la gente vivencia. En cambio, los medios regionales, la TV o la radio, no pueden ser tan antilulistas si quieren seguir siendo populares”. 
Asimismo, la periodista advierte sobre el puente tendido por Lula para, de alguna manera, eludir el eje formador de opinión tradicional (San Pablo, Río de Janeiro, Brasilia) y concentrarse en una comunicación alternativa con los ciudadanos. “Antes de Lula, los gobiernos estaban pendientes de la opinión de los grandes medios en la medida en que ellos representan el pensamiento de la elite dominante del país. Lula apoyó a los medios regionales y populares, les concedió entrevistas. Es cierto que nunca avanzó verdaderamente contra los medios, en mi opinión, porque el costo político es muy grande, porque se de-sataría una verdadera guerra -como ocurrió en la Argentina- y Lula no es un hombre de guerra”, afirma la periodista.
Distintos análisis locales parecen llegar a una misma conclusión: la diatriba de Lula con la prensa más poderosa del país, se juega más en la disputa del consenso y la credibilidad que en la modificación sustancial de la estructura multimedial. El hecho de que Lula goce del ochenta por ciento de imagen positiva ya marca un tanto a su favor. En palabras de Pignotti, “por su estilo, yo diría que Lula lleva a cabo una batalla más gramsciana contra los medios. A diferencia de lo que ocurre en la Argentina, Lula apunta a la derrota cultural, y no a un proceso abrupto”. GOLPE DE TIMÓN
Señalado como portador de una política ambigua respecto de los medios, el gran golpe de timón del gobierno lulista estuvo representado por la celebración de la Conferencia Nacional de Comunicación, en diciembre de 2009, luego de un año de debates en todo el país. La idea fue que desde allí surgieran propuestas para un proyecto de una nueva ley de radiodifusión, en un proceso similar al vivido en nuestro país. “La Conferencia fue una gran arena de debate de propuestas para una comunicación democrática en el país y fue producto de un proceso largo duramente conquistado. Reunió al sector privado, gobierno y sociedad civil (…) Pero fue boicoteada por los principales medios de comunicación impresos y estaciones de televisión, excepto la Red Bandeirantes de TV, TV Cultura y TV Pública - TV Brasil / EBC”, afirmó, vía mail, Fernanda Papa, periodista brasileña y directora del Área de Inclusión Social de la Fundación Friedrich Ebert. Los temas por los que bramaron con furia, en editoriales y títulos de tapas, los empresarios mediáticos fueron los referidos a la propuesta de una nueva reglamentación de las licencias para el uso del espectro radioeléctrico, y respecto de una idea de “control social” y no exclusivamente “comercial” de la comunicación. Desde el punto de vista político, lo cierto es que Lula quiere dejarle algo allanado el camino a quien probablemente se convierta en su sucesora. El objetivo es que el proyecto de ley entre en el Congreso antes de fin de año.
Para la prensa opositora, el blanco contra Rousseff es su pasado. Basta echar un vistazo por las ediciones de los semanarios Veja (Editorial Abril) o Época (O Globo), donde hacen hincapié en la participación de la candidata en la guerrilla de la década del setenta, mostrándola como una “radical de izquierda”.
Hasta el momento, Rousseff respondió con soltura y pragmatismo. Incluso, acudió a un té organizado por “Doña” Lily, la viuda del Marinho, creador de O Globo. Y ya antes del encuentro, la ministra estrella de Lula respondió al agasajo de la anciana de noventa años, quitando algunos puntos ríspidos sobre la regulación de los medios de su programa de gobierno.  No resulta fácil, ni previsible, la actitud futura de Dilma hacia los medios. Aunque las fuentes consultadas por Debate, muestran optimismo al respecto. Al mismo tiempo, y como contrapeso, cabe destacar el papel de algunos medios “contrahegemónicos”. Fernanda Papa destaca la alternativa ideológica de medios como Agência Carta Maior o revista Carta Capital, entre otros. Además, de la creciente influencia de las redes sociales (Facebook, Twitter, Orkut), blogs y sitios oficiales ligados al Planalto y a la candidatura de Dilma (dilma2010.blog.br). ALGUNAS RAZONES
En una ocasión, Lula se preguntó en público por qué los ricos, las clases altas -donde cabría incluir a las corporaciones de medios- no lo quieren, si “nunca en la historia” de ese país los más acaudalados ganaron tanto. Hecho del que nadie duda.  Y la respuesta de los especialistas, o una buena parte de ellos, se recuesta sobre la explicación ideológica de la cuestión. Por caso, para Pignotti, “los medios enfrentan a aquellos que también cuestionan su hegemonía ideológica”. Según él, “el rechazo está vinculado al hecho de que Lula representa una especie de hombre nuevo en Brasil, el hombre que se esforzó, que se siente orgulloso de su pueblo, que no esconde que le gusta la caipirinha, el fútbol, es un arquetipo de brasileño distinto al que se destila en las novelas, en los informativos, y en el discurso ideológico de O Globo, que pugna por un modelo de país de consumidores en una democracia de mercado donde los líderes son empresarios. Creo puede ser una razón de fondo”.
Otra de las lecturas que cobró fuerza en la región, resalta el hecho de que ante el retroceso de las fuerzas de derecha, son los grandes medios los que ocupan su lugar. Para el comunicólogo Lima, por ejemplo, es, precisamente O Globo, el gran partido de la derecha brasileña. O Globo y las doce familiasEl grueso del escenario mediático brasileño está manejado por unas doce poderosas familias que tienen en sus manos la mayoría de los medios de comunicación masiva (Ver video de la organización Intervozes http://bit.ly/1nwYLe). Asimismo, este panorama altamente concentrado se encuentra vertebrado por el liderazgo mayúsculo del conglomerado mediático Organizaciones O Globo, que -no sin algunos quiebres- mantiene su predominio  sobre el entretenimiento y la información que consumen cerca de 190 millones de brasileños. O Globo tiene en la figura de Roberto Marinho su patriarca y gran hacedor quien, tras su muerte, en 2003, dejó el mando de sus empresas a sus herederos. Los trazos del crecimiento del clan Marinho están marcados por un camino análogo al recorrido por varios medios argentinos: el poderío de O Globo fue conformado bajo el abrigo, impulso y complicidad de la dictadura militar, perpetrada en Brasil desde 1964 hasta 1985.

 

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